Alas de Fuego ūü¶ÖūüĒ•

(Escrito por Augusto Andra en el a√Īo 2016)

Un hermoso poema fantástico de aves, amor, fuego y creación.

Las peque√Īas aves reci√©n salidas del cascaron emprenden su primer vuelo al arrebol. Adentr√°ndose en lo m√°s profundo de la monta√Īa, escuchan las historias de los sabios que los llaman.

El instruido B√ļho, el astuto Murci√©lago y la perfeccionista Lechuza. Los tres guardianes del cielo que claman a la nueva generaci√≥n, les ense√Īan con sus cantos el origen de la vida y del amor.

Narran con educaci√≥n y sosiego, que cuando el mundo se cre√≥ lo m√°s hermoso fue el cielo. Existi√≥ un √Āguila Arp√≠a majestuoso y orgulloso, carec√≠a de vista, pero su vuelo era esplendoroso.

Un día mientras volaba escuchó el canto de una colibrí que silbaba, tan solo fue esa canción de amor, que al toparse ambos floreció el ardor, y la pasión que profesaban.

Las dos aves se amaban a plenitud, surcaban los cielos cual viento huracanado en el jardín de la salud.

Pero la alegr√≠a consum√≠a otro coraz√≥n, el hermano de la arp√≠a se mor√≠a de rencor. El √Āguila Negro los persegu√≠a con odio, cuando bat√≠a sus alas, la noche ca√≠a y la oscuridad se cern√≠a como un aterrador podio.

Tanto fue el odio a su hermano, que la maldad lo consumió, convirtiéndolo en un gigantesco y temible dragón. El fuego iracundo consumía el cielo, llevándose la vida del más preciado anhelo.

La muerte de la colibrí retumbó en la inmensidad, las fuerzas de la Arpía seguirían sin parar. Pero el fuego es un temible adversario y las plumas blancas de la arpía fueron su blanco.

El temible dragón creyó haber ganado, pero desde las cenizas de su hermano el resplandor fue clamado. Una luz de esperanza evaporó su triunfo, y un pájaro de fuego resurgió de las cenizas que lo creyeron difunto.

El ave F√©nix luch√≥ junto a las fuerzas de la esperanza, y combati√≥ con su hermano hasta el fin de las leyendas y a√Īoranzas. Pero ambos eran un equilibrado balance de poderes, y al final de la batalla el d√≠a y la noche se unieron como ramas de laureles.

Los astros vieron la valent√≠a del ave por el amor, y con su √ļltima magia le concedieron un favor. Tomaron sus plumas arroj√°ndolas al cielo, reparti√©ndolas por el mundo entero.

Y cuando las plumas cayeron con el viento, les dieron vida a todas las aves que hoy escuchan este cuento.

FIN

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