Instinto Artr√≥podo ūüē∑ÔłŹ

(Este relato fue narrado y escrito por Augusto Andra y Darsiend Holsband durante una din√°mica de Cad√°ver Exquisito, que pueden ver al final de la entrada)

Durante una lluviosa noche, Nerio espera la llegada de su novia. Pero repentinamente escucha sonidos raros en su casa, algo extra√Īo se ha colado en su hogar, un ser ins√≥lito y ar√°cnido.

√ćNDICE

RELATO

Las gotas de la gar√ļa tocaban pasivamente las ventanas de la casa. El caudal de la tormenta acrecentaba, las gotas de la lluvia sonaban con fuerza al chocar contra los ventanales. Era una noche oscura y tormentosa.

Nerio se encontraba agotado o m√°s bien con algo de flojera; hab√≠a trabajado toda una jornada. En la ciudad de Maracaibo, el calor era tan intenso que a veces la gente deseaba que cayera un buen chaparr√≥n de agua para refrescar el ambiente. Nerio agradec√≠a un poco la lluvia, ‚Äēle daba cierta paz‚Äē, aunque sab√≠a que el d√≠a siguiente har√≠a el doble de calor, debido a la humedad. Pero eso no importaba, dentro de unas horas, su novia vendr√≠a a visitarlo, una buena noche de amor le quitar√≠a la pereza y despejar√≠a su mente.

La tenue soledad acompa√Īada por la lluvia, fomentaba un leve y so√Īoliento parpadeo en los ojos de Nerio. Este hombre viv√≠a solo y daba gracias a Dios por ello; ¬ęNo hay mejor compa√Ī√≠a que la soledad¬Ľ, era una de las frases de Nerio, a su novia no le gustaba mucho cuando la proclamaba.

A pesar del estruendoso sonido de la lluvia, Nerio capt√≥ un ruido seco y tajante; proven√≠a de la segunda planta de la casa. ¬ę¬ŅHabr√© olvidado cerrar una de las ventanas de arriba?¬Ľ, se pregunt√≥. Pero √©l era un sujeto muy disciplinado, ordenado y estricto consigo mismo; era casi imposible que olvidase hacer algo.

Volvió a escuchar el sonido, algo se arrastraba en la parte de arriba; luego escuchó muchos pasos. Nerio se levantó de golpe del sofá, siguió con la mirada el movimiento del sonido en el techo.

Una lluvia interna de nerviosismo inici√≥ dentro de Nerio, las gotas fr√≠as del sudor le invadieron el rostro. A pesar de su rectitud como persona, Nerio era un terrible cobarde. Deseaba con todas sus fuerzas que, ‚Äēqui√©n fuese que estuviese arriba‚Äē, probablemente un ladr√≥n, decidiera marcharse y robar la siguiente casa; sin que ninguna situaci√≥n peligrosa pasase.

Luego, recordó haber visto un par de gatos en la calle cuando venía de camino, quizá uno de ellos logró entrar… Pero las pisadas de gatos no se escuchan, ellos son extremamente silenciosos.

Con el poco valor que tenía, decidió escabullirse para ver qué generaba ese ruido. Estando frente a frente en las escaleras, dudó unos segundos, pensativo, analizando si debía subir o no. Pisó el primer escalón, todos los sonidos de la casa atravesaban sus tímpanos; cada pisar en los escalones de madera, sonaban aterradoramente incómodos.

Repentinamente, un espantoso y oportunista relámpago cayó fuera de la casa. El impacto eléctrico fue tan estruendoso y escandaloso, que inevitablemente un cortocircuito esfumó de lleno la corriente eléctrica, dejándolo a oscuras.

El susto hizo resbalar a Nerio, cayó por las escaleras, quedó sentado con las rodillas y el trasero adoloridos. Subió la mirada, nervioso, tratando de ver las escaleras que lo guiaban hacia arriba.

El coraz√≥n palpitaba a mil por hora, sent√≠a que le iba a estallar el pecho. Cuando trat√≥ de levantarse, se dio cuenta que se hab√≠a cagado encima, sus esf√≠nteres tampoco contaban con la valent√≠a que siempre quiso poseer. La mierda hab√≠a desbordado por sus calzones; recorriendo como una lenta cascada de diarrea, ‚Äēpor debajo de su short‚Äē, llegando a embarrarle las medias blancas que ten√≠a puestas.

El primer llanto en su cara dio inicio, se limpió las lágrimas. Pero cuando trató de caminar e incorporarse, pisó un charco de su propia mierda y volvió a resbalar. La cabeza de Nerio fue a parar en dirección a los primeros escalones de madera y el golpe seco le dejó un severo hematoma en el pómulo derecho.

En ese instante, una risa espeluznante reson√≥ desde la c√ļspide de las escaleras, cubriendo todo el silencio que hab√≠a en la morada. La risa atraves√≥ de una manera turbulenta el coraz√≥n de Nerio.

El hombre no se movi√≥ pensando en su mala suerte. ¬ŅCu√°ntas probabilidades hab√≠a que le ocurriese esto? ¬ŅQui√©n estaba arriba?

Cuando subi√≥ la mirada, a pesar de que todo estaba totalmente oscuro, divis√≥ una especie de rostro blanco que, se asomaba en la punta de las escaleras. En un pesta√Īeo, el rostro desapareci√≥. Nerio vio como una r√°faga descendi√≥ por las escaleras, pero no se encontr√≥ directamente con su cara, sino que aquella cosa lo rode√≥, merodeando por la casa.

El miedo invadió los pensamientos de Nerio, si antes estaba asustado, ahora el pánico lo dominaba. Sin más remedio, se apoyó en los codos para levantarse. Se dio cuenta que tenía un poco de excremento en la barbilla, lo limpió y se incorporó. A pesar de todo, algo muy dentro de él, decidió resolver el percance y averiguar quién o qué estaba en su casa.

La oscuridad era casi absoluta. Nerio se sabía de memoria su casa, trataba de esquivar los muebles y objetos, procuraba encontrar algo que pudiese iluminar un poco la sala de estar y ver a qué se enfrentaba.

La presencia corr√≠a por todos lados. Nerio sent√≠a como ca√≠an las cosas, como se mov√≠an los muebles con los golpeteos‚Ķ ‚ÄúEso‚ÄĚ cada vez se acercaba m√°s a √©l. De repente, cay√≥ en cuenta, que probablemente el hedor de mierda lo detectaba‚Ķ Si esa cosa era un animal, lo ten√≠a bien detectado.

Sintió un suave toqueteo en su brazo derecho, luego otro en su rodilla izquierda. Los roces de piel aumentaron, esa cosa comenzaba a tocarlo por todas partes con curiosidad. Nerio se desesperaba.

Comenzó a correr en círculos, la presencia se divertía persiguiéndolo y tocándolo. La adrenalina ajustó la vista de Nerio, su morada a oscuras ya no era tan espesa y absoluta. Empezó a notar algo, otro fragmento espeluznante en este juego. Una neblina espesa se manifestaba dentro de la casa, una bruma gris y pesada. La miasma cubrió toda la planta baja de la estructura, dificultándole nuevamente la vista.

Nuevamente la espeluznante risa de la criatura reson√≥ en todas las paredes, ‚Äētanto as√≠‚Äē, que Nerio crey√≥ haberla escuchado en diferentes sitios al mismo tiempo; un maligno eco, rebotando en cada esquina de su hogar.

El chirrido de la risa fue m√°s intenso, Nerio se percat√≥ que, el sonoro g√©nero de esa risa, era femenino. Entonces entendi√≥ que aquel contante toqueteo, era algo m√°s ‚Äúer√≥tico‚ÄĚ que curioso, aunque no comprend√≠a si esa cosa era humana o no.

Escapando de la sala de estar, Nerio llegó a la cocina. Recordó tener unas viejas velas en una gaveta. Con desesperación las tomó con manos temblorosas, pero el miedo le nublaba el juicio y no conseguía recordar dónde había dejado posado su encendedor, o incluso si en la cocina había fósforos.

El silenci√≥ nuevamente rein√≥, nada adem√°s de la lluvia goteando, ambientaba la escena. O√≠a voces, la voz de esa f√©mina criatura; las palabras se hac√≠an conocidas y entendibles; o tal vez era un mero producto de la imaginaci√≥n de Nerio, porque crey√≥ escuchar: ¬ę¬°Estas asustado!¬Ľ.¬†

Sinti√≥ la respiraci√≥n de ella en su nuca, un fr√≠o le recorri√≥ la espalda y camin√≥ tumbando los utensilios de cocina. Tropez√≥ con un peque√Īo estante tumbando todo; del desorden, logr√≥ sostener un cuchillo. Con la misma velocidad, usando su adrenalina, huy√≥ de la cocina adentr√°ndose nuevamente a sala de estar.

Otro episodio paranormal dificultó el trote de Nerio. La espesa niebla se hizo mucho más densa y espesa. Nerio sentía los pies pesados y le costaba levantarlos al caminar. La neblina se condensaba, las partículas de aire caían al suelo convirtiéndose en agua, poco a poco un gigantesco charco inundaba la plata baja.

La caminata se hizo más dura, en ocasiones los pies no lograban salir a la superficie, la espesa agua funcionaba como una especie de brea y jalaba a Nerio hacia abajo. De repente, otro frío sobrecogedor le arropó; sintió una gigantesca mano esquelética sosteniéndole la cabeza desde la nuca, una mano alargada fría.

En menos de un segundo, la mano, ‚Äēcon una fuerza monstruosa‚Äē, apret√≥ la cabeza de Nerio y lo hundi√≥ en el charco de agua del suelo; ese peque√Īo lago que ya le llegaba un poco m√°s debajo de las rodillas.

Las burbujas de desesperaci√≥n eran indicativas del desasosiego de Nerio. El desespero por salvarse lo estaba matando. Abri√≥ los ojos dentro del agua y por alguna raz√≥n, no entend√≠a como ese charco de agua, ‚Äēde manera inexplicable‚Äē, se hac√≠a cada vez m√°s profundo; un oscuro y maligno mar dentro de su casa.

Movi√≥ las manos como loco, trataba de sostener y deshacerse de la mano que lo ahogaba, pero el esfuerzo era in√ļtil. Los movimientos de Nerio solo propiciaron su completo hundimiento. Flotaba dentro del agua, bajando al fondo, como si se tratase de una roca pesada hundi√©ndose con lentitud en una piscina.

Giró el cuerpo tratando de observar la superficie, la visión seguía escasa. Aun así, con aquella poca luz que reflejaba el agua, pudo visualizar la forma de aquella criatura que lo cazaba fuera del agua.

El efecto de las ondas del agua distorsionaba la figura de la criatura. Un chasquido del agua dio apertura a otro ataque. La mano esquel√©tica volvi√≥ a sostener con fuerza la cabeza de Nerio; otra mano lo cogi√≥ por el brazo e inexplicablemente, ‚Äēotras manos m√°s‚Äē, comenzaban a apretarlo en otros sitios, especialmente en su miembro viril.

Nerio se sintió presa de un depredador marino: un pulpo o un calamar. Las manos lo inmovilizaban mucho y comenzaba a hundirse con más profundidad.

A pesar de haber tragado un espeso c√ļmulo de agua, Nerio pudo ver a la criatura directamente, y entender la morfolog√≠a de la misma.

Se dio cuenta que era una mujer, una especie horrible y artr√≥poda; un ar√°cnido antropom√≥rfico, mitad mujer y mitad ara√Īa. Ten√≠a torso humano, ‚Äēesbelto y delgado‚Äē, a sus costados se asomaban cuatros brazos humanos, velludos, de color blanco; sus manos eran cristalinas y duras. La parte inferior de esta hembra ar√°cnida era completamente la de una ara√Īa, id√©ntico al de una tar√°ntula; el vello cubr√≠a las cuatro patas que la sosten√≠an, junto al enorme abdomen que se asomaba como un trasero.

Lo m√°s espeluznante y aterrador, era su horrible rostro: una pavorosa mezcla humana con enormes ojos negros, profundos y oblicuos, junto a otros ojos m√°s peque√Īos abajo. La cabellera larga cubr√≠a gran parte del rostro, pero fue imposible ignorar el rasgo m√°s relevante de su cara: la mand√≠bula que sobresal√≠a de su quijada, esos ap√©ndices ar√°cnidos a los costados de la boca; peque√Īas garras para engullir su presa. No ten√≠a labios y una hilera de horribles y deformados dientes sucio se asomaban detr√°s de los ap√©ndices de boca.

Los movimientos constantes del agua, hacían parecer ese rostro como una calavera aterradora y sobrenatural.

El miedo a veces trabaja de modos irracionales y el temor tembloroso de Nerio se esfum√≥ dentro del agua. Detall√≥ a la criatura, vio su figura desnuda y p√°lida. ‚ÄēAl igual que un idiota‚Äē, se fij√≥ que la mujer contaba con unos voluptuosos y redondos senos; con pezones oscuros y puntiagudos. Probablemente la mente de este hombre, buscabas escusas en su vista para mermar el miedo y tratar de caer en s√≠.

Una extra√Īa corriente de agua los acerc√≥. La mujer ara√Īa trat√≥ de atacarlo, un torpe movimiento de Nerio lo salv√≥ de una zarpada y su cabeza inevitablemente choc√≥ con los senos de la mujer. En ese instante, Nerio entr√≥ en s√≠, record√≥ el cuchillo que todav√≠a ten√≠a en la mano, apret√≥ el mango con ambas manos y clav√≥ el filo met√°lico por encima de la clav√≠cula de la mujer.

La criatura vociferó cual estruendo. El conjuro maligno que trajo el agua a la morada, desapareció instantáneamente. El agua se evaporó convirtiéndose en un gas nebuloso que cegó por unos instantes a Nerio.

A pesar del confuso gas en su rostro, sabía que la criatura seguía agonizando frente a él, tenía que hacer algo para lastimarla lo suficiente y librarse de ella.

Nerio apretó las manos, pero el cuchillo no estaba, lo había perdido en el maremoto. La desesperación lo abordó, la oportunidad se le escapaba. Afortunadamente, la arácnida sufría una presión en el pecho que no la dejaba respirar; inició una serie de alaridos dolorosos con toz y sangre. Nerio sintió una silla rosándole el muslo; sin pensarlo dos veces, tomó con ambas manos el asiento de madera y lo estalló en la cabeza de la hembra.  

Co√°gulos de sangre le chorrearon desde la frente, el l√≠quido carmes√≠ le ba√Īaba el rostro; su cara se ve√≠a m√°s horripilante de lo normal. La hembra se enfureci√≥; ‚Äēen su d√©bil condici√≥n‚Äē, la √ļnica defensa que pudo hacer, fue vomitar un espeso y viscoso huevo, cubierto por babas verdes y p√ļrpuras, que brillaban con fluorescencia.

La c√°scara se rompi√≥ y miles de peque√Īas ara√Īas acudieron a la ayuda de su madre. Una ola de artr√≥podos se abalanz√≥ sobre Nerio, escalando por sus piernas; lo cubrieron en su totalidad. El cuerpo se encontraba casi inm√≥vil, cubierto por una manta entera de patas, que se mov√≠an constantemente a su alrededor.

La hembra se acercaba cuidadosamente.  En un intento de acabar el acto sexual que había iniciado, sostuvo a Nerio por los hombros y abrió la boca, mostrando todas sus fauces: los apéndices con goteantes y afilados colmillos, y aquellos dientes sucios y choretos. La hembra fue directo a la cabeza de su presa.

Las fauces mordieron el cráneo humano, le perforó las sienes con los apéndices. Pero el comportamiento de la hembra no indicaba que cazaba por hambre, su deseo seguía siendo sexual. La lengua de la criatura se introdujo en la boca de Nerio, la larga extremidad se abrió pasó, perturbándolo. Siguió y siguió, rompiéndole la garganta y las cuerdas vocales. Llegó hasta el estómago e incluso hasta los intestinos. Lo violaba por dentro.

Las otras manos de la hembra jalaron hacia abajo el pantal√≥n, junto a los calzones de Nerio. A la criatura le gustaba el jugueteo con las partes sexuales del hombre. Al mismo tiempo, las peque√Īas ara√Īitas se introduc√≠an por los orificios.

Nerio luchaba por liberarse, pero sus intentos de moverse eran in√ļtiles; estaba paralizado hasta la m√©dula. Comenz√≥ a llorar desesperanzado y dispuesto a morir. Pero entonces, un parpadeo de luz cruz√≥ el ventanal de la sala de estar.

Un poderos√≠simo rel√°mpago revent√≥ la ventana principal. La luz fue tan intensa que la criatura se asust√≥ y solt√≥ a Nerio de un empuj√≥n, las peque√Īas ara√Īitas se escondieron debajo de los muebles y objetos.

Nerio qued√≥ inmundo y despavorido en el suelo. Ten√≠a ara√Īas muertas en su espalda, un gorgoteo de sangre en su boca y sus partes √≠ntimas bastante atrofiadas.

Una misteriosa voluntad desenfrenó a Nerio. Las piernas le temblaban, pero pudo levantarse. Vomitó la sangre que le quedaba en la garganta y en la nariz.

Sabía que la hembra había subido a la segunda plata. Adolorido y cabizbajo, cogió una lámpara del suelo y la arrastró escaleras arriba. Esquivó los vestigios de mierda que había cagado en el suelo. Respiró profundo en el pasillo del segundo piso, atento a escuchar cualquier movimiento.

Prest√≥ atenci√≥n, agudiz√≥ el o√≠do para detectar a la ar√°cnida mujer. Escuch√≥ la regadera del ba√Īo y lentamente camin√≥ hacia la puerta, tratando de hacer el menor ruido posible.

Al abrir la puerta del cuarto de ba√Īo, vio a la hembra recostada en la ducha. El agua le ca√≠a encima como una llovizna. Por alguna raz√≥n, el agua la relajaba y calmaba.

Sin ning√ļn pre√°mbulo y ning√ļn atisbo de compasi√≥n, Nerio levant√≥ la l√°mpara e inici√≥ una serie de golpeteos con la poca fuerza que le quedaba en el cuerpo. Le atrofiaba el cr√°neo a la hembra; brotaban espesos co√°gulos y c√ļmulos de sangre, hasta hacerla parecer una papilla de sesos asquerosos.

Nerio se sent√≥ en el trono del ba√Īo y dej√≥ escapar un brote de excrementos acompa√Īados por partes trituradas de ara√Īitas. Relaj√≥ la respiraci√≥n, crey√≥ que podr√≠a descansar finalmente. Lo que √©l no sab√≠a, es que la criatura era pr√°cticamente invencible bajo el agua. Por cada gota que ca√≠a, otra niebla aparec√≠a, e iba reconstruyendo la cabeza de la ar√°cnida. Hab√≠a vuelto a tomar forma, curada y sana.

Nerio volvió a cagarse encima, se arrastró por el suelo tratando de huir. La hembra todavía no estaba completamente recuperada, pero levantó las patas incorporándose.

El hombre entendi√≥ que su √ļnica salvaci√≥n era huir. Gate√≥ desesperadamente hasta salir del ba√Īo, pero choc√≥ con algo frente a √©l. Aqu√≠ fue cuando las esperanzas de Nerio terminaron por esfumarse.

Justo en el pasillo del ba√Īo, se encontr√≥ con otra criatura ar√°cnida. Nerio subi√≥ la mirada lentamente, divisando al nuevo ejecutor. El instinto le indic√≥ que este nuevo ser, se trataba de la pareja de la primera criatura; era la versi√≥n masculina de la monstruosidad.

El macho era mucho m√°s grande y con una contextura mucho m√°s robusta. Sin mucho esfuerzo, empuj√≥ a Nerio dentro del ba√Īo. Los poderosos y musculosos brazos del macho sostuvieron a Nerio al suelo, desquebrajando un poco sus huesos. Ahora era imposible que se moviera.

El artr√≥podo dej√≥ a la hembra sola para que terminara lo que hab√≠a comenzado desde un principio. Siendo un ser superior en inteligencia, cerr√≥ la puerta del ba√Īo cuidadosamente, les dio la espalda y camin√≥ de vuelta por el pasillo; escuchando los desesperados gritos de auxilio que Nerio clamaba.¬†

Con suma delicadeza, el macho baj√≥ las escaleras. Recorri√≥ la sala de estar y observ√≥ a las peque√Īas ara√Īas que se asomaban con temor. Detall√≥ la lluvia entrando por el ventanal roto, le fascin√≥ el sonido de la tormenta y las gotas cay√©ndole en el rostro.

De repente, el teléfono sonó; uno, dos y tres repiques. El macho sostuvo el aparato, levantó el auricular y posó las bocinas en su oreja y boca.

‚Äē¬ŅAl√≥, Nerio? Es Luc√≠a. ‚ÄēUna chica habl√≥ con normalidad‚Äē. No creo que pueda ir a tu casa, la tormenta est√° muy fuerte‚Ķ ¬ŅEst√°s seguro que quieres que vaya esta noche? Podemos dejar nuestro asuntito para ma√Īana, ¬ŅNo te parece? ‚ÄēLa chica dej√≥ de hablar esperando la respuesta, pero solo escuch√≥ una respiraci√≥n.

Lucía era el tipo de chica indiscreta que casi nunca dejaba hablar a los demás. Nerio siempre era interrumpido por las contestaciones de su novia. Lucía completaba sus frases al hablar o simplemente Nerio no decía nada, porque sabía que ella rebatiría.

‚Äē¬°Ah! Est√° bien, bobo, yo tambi√©n quiero verte, tenemos tiempo sin divertirnos en la cama‚Ķ ‚ÄēLa sensualidad despert√≥ en su voz‚Äē. Solo dime que quieres que vaya y pedir√© un taxi, no pienso manejar mi auto en esta lluvia. Si me dices que me amas, ir√© de inmediato. ‚ÄēLo retaba con un jugueteo y risitas.

‚ÄēVen enseguida, te deseo, no puedo aguantar las ansias de tenerte aqu√≠… ‚Äēdijo el macho con la voz de Nerio y colg√≥ el tel√©fono.

FIN

Pueden ver la din√°mica completa de Cad√°ver Exquisito en YouTube:

RETO PARTE I

RETO PARTE II

Suscríbete a nuestra Newsletter para no perderte nada

P√°gina dise√Īada y desarrollada por¬†