Los MerobosūüēīūüŹĽ

(Escrito por Augusto Andra en el a√Īo 2014)

Unos misteriosos hombres de traje negro sin rostros descienden desde el cielo en la ciudad de Maracaibo en Venezuela. Topacio, una adolescente que cruzaba el puente Rafael Urdaneta es la √ļnica que puede ver a estos extra√Īos personajes con trajes de gala. Tambi√©n percibe el mecanismo de ataque de los invasores, convierten todo en naturaleza, las casas y edificios se vuelven √°rboles, los humanos se transforman en hojas y ramas, otros son devorados por los hombres sin rostro ¬ŅCu√°l es el prop√≥sito de estos visitantes? ¬ŅReiniciar al planeta desde cero o desforestar la raza humana?

√ćNDICE

PARTE I

Somos un grupo peque√Īo de personas, nos encontramos atrapados en un bunker situado debajo de lo que fue un edificio de la ciudad. ¬ŅDije atrapados? M√°s bien nos escondemos de ellos.

Nos presentar√©: hay una familia cl√°sica de cuatro miembros, el padre, la madre, y la pareja de ni√Īos, no conozco sus nombres, pero la peque√Īa me parece muy linda. Un gordito‚Ķ bueno m√°s bien un gordote, mide como dos metros y es muy gordo, no tengo nada en contra de las personas subidas de peso, pero prefiero ser amiga de ese sujeto a no serlo, alguien de su contextura es peligroso y m√°s en la situaci√≥n en la que estamos. Hay un tipo muy afeminado, ‚Äēno lo soporto‚Äē, cada vez que habla quiero golpearle la cara para que se calle, y creo que no soy la √ļnica que lo piensa, si tuviera que matar a alguien en este momento‚Ķ ya saben qui√©n se gana la loter√≠a. Tenemos un se√Īor mayor como de unos setenta a√Īos, alto, piel morena y de barba blanca, a diferencia del tipo afeminado, me encanta escucharlo hablar, ‚Äēsabe c√≥mo hacerlo‚Äē, nos calma, nos reconforta, me sentir√≠a mal si se fuera. Ra√ļl es quien me ayud√≥ a escapar, √©l es alto y de cuerpo muy definido, cabello negro, creo que debe tener unos 24 a√Īos, me gusta un poco y creo que yo tambi√©n le gusto, aunque no tenemos tiempo para pensar en esas cosas. Por √ļltimo, estoy yo, mi nombre es Topacio, como las gemas, a mis padres les gustan los nombres raros, mi madre se llama Agatha, algo parecido; tengo 21 a√Īos, estatura promedio, atl√©tica, r√°pida y‚Ķ ¬°S√≠! Soy temperamental, algunas cosas me sacan de mis casillas.

Desde peque√Īa me di cuenta que mi mam√° Agatha anotaba todo en una libreta, despu√©s vi que en las pel√≠culas las personas hac√≠an lo mismo; anotan su vida en un diario, plasma sus emociones y sentimientos en pedazos de papel, filtran sus vidas en finas hojas blancas en vez de brindarles ese placer a personas de carne y hueso, algo muy, pero muy est√ļpido para m√≠. Escribir tus cosas √≠ntimas en un cuaderno que cualquiera pudiera encontrar si se te pierde, eso no es para m√≠. Y aqu√≠ viene lo curioso, como ya se dieron cuenta, empec√© a escribir todo lo que ocurre desde que llegaron ellos. Estoy creando notas, registros de lo que ocurri√≥, as√≠ que presten atenci√≥n a lo que les contar√© a continuaci√≥n.

PARTE II

Mi familia y yo viv√≠amos en Maracaibo, ciudad capital del estado Zulia en Venezuela. Aqu√≠ en Maracaibo los d√≠as eran calurosos, pero ya est√°bamos acostumbrados, fuimos conocidos como ¬ęLa Tierra del Sol Amada¬Ľ,¬† o ¬ęLa Ciudad Horno¬Ľ, pero tambi√©n como una ciudad fr√≠a, no hab√≠a lugar en Maracaibo sin una unidad de aire acondicionado, por esa raz√≥n nunca pasabas calor aqu√≠, a menos que estuvieses en la calle.

Todo comenz√≥ en un d√≠a aparentemente normal, a las seis de la ma√Īana me levant√©, me arregl√© en el ba√Īo y com√≠ un buen desayuno, tom√© prestado el carro de mi pap√° Alberto y sal√≠ de la casa.

Recuerdo que ese día fue hace como una semana aproximadamente, un martes si no me equivoco. Tenía pensado reunirme con unos amigos en Cabimas, un pueblo a unos minutos después de pasar el Puente General Rafael Urdaneta del lago de Maracaibo. Corrí con la mala suerte de toparme con el más horrible y obstinante tráfico del puente, ese día se pautó el mantenimiento de algunos sectores en las vías y, por lo tanto, solo habilitaron un canal del mismo para ambos sentidos, la cola de carros era enorme y no avanzaba para nada rápido, tan lento y angustiante como tragar canela.

No hay nada m√°s aburrido que estar atrapada en la cola m√°s grande de tr√°fico en un carro que tiene el equipo de sonido reproductor da√Īado, por suerte pude colocar m√ļsica en mi tel√©fono celular, pero no es lo mismo y necesitaba ahorrar bater√≠a. Me encanta el reggae, escuch√© mi grupo favorito Jahkogba, me encantan sus liricas y letras que fomentan la paz y el cuidado de la naturaleza y el hombre, adem√°s de su mezcla de ska, jazz, blus y un poco de rap.

Las horas pasaban y tuve que cortar la m√ļsica, mi bater√≠a se encontraba mediana y todav√≠a no sal√≠a de la mitad del puente sobre el lago. Aqu√≠ se pusieron extra√Īas las cosas, estaba aburrida apoyando mi barbilla en el volante del tablero, me entreten√≠a observando las nubes. Vi una en forma de flecha, otra en forma de cruz, y por alguna raz√≥n empec√© a ver puntitos negros en el cielo, miles de puntitos que iban bajando. Al principio lo tom√© como algo divertido, pens√© que eran globos de helio, globos soltados de alguna parte y que el viento los tra√≠a hacia aqu√≠‚Ķ pero no fue as√≠, los puntos negros se hicieron m√°s visibles a mis ojos y pude distinguir lo que realmente eran. Como sostenidos por cables invisibles pude ver hombres con trajes negros de gala bajando desde el cielo, ‚Äēsuena a locura‚Äē, pero as√≠ fue. El traje t√≠pico elegante, los que llamamos com√ļnmente flux,¬† camisa blanca abotonada hasta el cuello con corbata de un rojo muy vivo, chaleco negro, chaqueta hasta la cintura con botones en las mangas y pa√Īuelo blanco en el bolsillo, pantalones negros, zapatos brillantes de cuero negro, algunos con bastones en mano, otros con paraguas cerrados y unos con peque√Īos maletines, todos adornando su cabeza con un bomb√≠n.¬†

Ten√≠an la piel muy p√°lida casi blanca, desde mi distancia ‚Äēsentada en el carro‚Äē, no pod√≠a distinguir sus caras. Sent√≠ un fr√≠o escalofriante en mi pecho, un sentimiento extra√Īo, algo as√≠ como cuando ves en la calle un tipo sospechoso que crees que viene a robarte, un mal presentimiento que podr√≠a cumplirse. Baj√© de mi carro y vi en el cielo como descend√≠an estos hombres bien vestidos, un hombre en su autom√≥vil detr√°s del m√≠o toc√≥ la corneta, enfurecido; yo le se√Īal√© el cielo para que entendiera el motivo, y aqu√≠ es cuando me preocup√©. Mir√© aterrada al cielo, los hombres ya estaban casi a un metro de nosotros y me di cuenta que era la √ļnica que pod√≠a verlos. Nadie sali√≥ de sus carros, ninguna mujer grit√≥, ning√ļn hombre maldijo sorprendido, ning√ļn ni√Īo llor√≥ asustado. Tragu√© mi saliva para no gritar en ese momento, ellos ya estaban encima de los carros en el puente, el m√°s cercano estuvo unos cuatro autos delante del m√≠o. Como fantasmas atravesaron el techo solido de los autos entrando directamente en ellos, mi coraz√≥n lati√≥ con fuerza y mi adrenalina se activ√≥, corr√≠ hacia el carro m√°s cercano y observ√© su interior‚Ķ el conductor hab√≠a desaparecido y fue remplazado por este misterioso hombre enflusado, vi su incomodo rostro‚Ķ No, no, disculpen, era carente de rostro, un vac√≠o en su cara, su cabeza era hueca, como si una cuchara de helado hubiera arrancado su rostro.

Mi grito asust√≥ a todos, el p√°nico se apoder√≥ de m√≠, ¬ŅC√≥mo es posible que nadie pudiera verlos? Volte√© para el otro lado del puente, los hombres caminaban por la carretera normalmente; unos hacia la ciudad de Maracaibo y otros al sentido contrario. Corr√≠ hacia mi carro y me qued√© sentada pensando en todas las posibles respuestas a lo que vi. Recuerdo que pens√© muchas cosas: ¬ŅSoy parte de un programa de c√°mara oculta? ¬ŅEstoy viendo fantasmas? ¬ŅMe volv√≠ loca? ¬ŅQu√© son estos tipos? ¬ŅQu√© le ocurri√≥ al due√Īo del auto que vi‚Ķ? ¬ŅEn realidad soy la √ļnica que logra verlos?

El tráfico del puente disminuyó y logré salir de la larga cola de carros, aunque esa ya no era mi preocupación, mientras avezaba por la carretera, veía estos tipos de flux caminando por todos lados. Me asusté cuando vi a uno de ellos manejando una motocicleta al sentido contrario de la vía.

Llegué a casa de mi amiga Nora, bajé del carro y corrí rápidamente a tocar el timbre en el pórtico. Nora se asomó desde su ventana y me gritó que pasara, todavía con la adrenalina a millón subí las escaleras y entré a su cuarto. Sentí como si mi corazón se detuviera por un segundo, Nora se secaba el pelo tranquilamente, un enflusado se encontraba parado al lado de ella, Nora me observó sorprendida.

‚Äē¬ŅTopacio qu√© te pasa? Est√°s p√°lida‚Ķ ¬ŅChocaste el carro de tu pap√° otra vez? ‚Äēdijo Nora, mientras segu√≠a sec√°ndose el cabello.

El enflusado levantó su mano, colocó su dedo índice donde debería estar su boca, como mandándome a callar. El bello de mi nuca se erizó, estaba demasiado nerviosa y asustada, tenía una sospecha que no quería que fuese verdad, yo podía verlos ¡Pero ellos también podían verme a mí!

El hombre de negro toc√≥ los hombros de Nora con ambas manos, ella no sinti√≥ nada y de mi boca sali√≥ un llanto de desesperaci√≥n. El hombre mucho m√°s alto que Nora comenz√≥ a traspasar el cuerpo de mi amiga, ‚Äēigual que un espectro‚Äē, se burlaba de m√≠‚Ķ A continuaci√≥n, ocurri√≥ lo m√°s espantoso. √Čl no se burlaba de m√≠, hacia otra cosa, la imagen era distorsionada, ambos parados en el mismo sitio causaban una molesta visi√≥n, a veces ve√≠a al hombre y segundos despu√©s ve√≠a a Nora. R√°pidamente el hombre se abraz√≥ a s√≠ mismo introduciendo a Nora completamente dentro de s√≠. Mi voz reson√≥ en toda la casa con un grito aterrador, la madre de Nora subi√≥ a la habitaci√≥n asustada, yo choqu√© contra la pared se√Īalando al hombre con mi mano temblorosa.

‚Äē¬ŅQu√© pasa Topacio? ¬ŅQu√© tienes? ‚Äēme dijo la madre de Nora, tratando de calmarme.

La se√Īora volte√≥ y observ√≥ al hombre, con cuidado se acerc√≥ a √©l estando a pocos cent√≠metros de su cuerpo. La madre de Nora hizo un movimiento con sus manos como si peinara el aire alrededor de la cabeza del hombre de traje.

‚Äē¬ŅNo le qued√≥ hermoso el pelo a Nora? ‚Äēsigui√≥ hablando la madre de mi amiga.

Logr√© levantarme con mucha dificultad, mis piernas temblaban del susto. Ten√≠a muchas ganas de llorar, no sab√≠a qu√© estaba pasando. La madre de Nora no pod√≠a ver a ese hombre. Ella todav√≠a ve√≠a a su querida hija, incluso le acariciaba el pelo. El hombre volte√≥ su cara hacia la madre de Nora y mov√≠a sus manos imitando los movimientos que hac√≠a Nora para peinarse, la madre de Nora convers√≥ con el hombre de traje, √©l hac√≠a movimientos con sus manos y cabeza como si de verdad hablara, asumo que quiz√° s√≠ lo hac√≠a, ya que la madre de Nora le contestaba, yo era la √ļnica que no entend√≠a nada.

‚ÄēNo me asustes as√≠ Topacio, voy a seguir cocinando. ‚ÄēLa madre de Nora se march√≥ de la habitaci√≥n.

Justo despu√©s que la madre de Nora atraves√≥ la puerta, el misterioso hombre aplaudi√≥ en mi cara y pude escuchar su voz, ‚Äēuna horrible voz burlona‚Äē, solo escuch√© su risa, con un tono y una vibraci√≥n vocal muy rob√≥tica y distorsionada. Mi miedo desapareci√≥ al instante dando a florecer una ira descomunal. El enflusado se burl√≥ en mi cara y estuve tan enojada que apret√© mis pu√Īos y me lanc√© contra √©l, no pude asestar ni el primer golpe, como si fuese un holograma solo traspas√© su cuerpo. Su fantasmag√≥rico cuerpo era intocable, mis golpes lo atravesaron sin ning√ļn da√Īo y √©l segu√≠a ri√©ndose de m√≠.

El espectral bien vestido hombre camin√≥ hacia la pared toc√°ndola suavemente con su dedo √≠ndice, la forma de la pared comenz√≥ a cambiar, su textura liza cambi√≥ dr√°sticamente, ra√≠ces arboleas se asomaron destrozando y adornando toda la habitaci√≥n, el cemento de la pared se convirti√≥ en hojas de √°rboles pegadas unas con otras, todo el cuarto se transform√≥ en un invernadero lleno de hojas y ra√≠ces. La extensi√≥n de la naturaleza destructiva del hombre de flux se ampli√≥ por toda la casa de mi amiga Nora, apoder√°ndose de ella convirti√©ndola en un gigante c√ļmulo de ra√≠ces y hojas en forma de casa. El techo comenz√≥ a desboronares cay√©ndome encima, corr√≠ por toda la casa escapando del derrumbe, pas√© por la cocina pensando en poder ayudar a la mam√° de Nora, pero solo me encontr√© con otro hombre de negro. Logr√© salir por poco antes de que se derrumbara por completo y el viento levantara las hojas verdes que conformaban la casa.

Desde los escombros del lugar aparecieron tres hombres de negro, la familia de Nora. Corrí hacia mi carro y entré apresuradamente. Me doy cuenta que todas las casas de la zona sufrían la misma transformación, convertidas en casas naturales que se derrumban como una torre de cartas y los hombres en flux se levantaban de sus escombros.

Tuve una mezcla de sentimientos mientras manejaba, ira, irritación, tristeza y desánimo. Pasaba por las carreteras que se encontraban desoladas, vi automóviles convertidos en plantas igual que las casas, edificios derrumbándose, estructuras en transformación, hombres de negro caminando por todos lados. La naturaleza nos invadía, las personas desaparecieron, los hombres enflusados se apoderaron del mundo, incluso vi animales muy tranquilos vagando por ahí.

Seguí manejando hacia el puente sobre el lago hasta que tristemente me di cuenta de que ya no estaba, los hombres formales inutilizaron la estructura, pude ver las hojas naturales en las que el puente fue transformado flotando en todo el lago, las vigas del puente seguían ahí convertidas en ramas gruesas clavadas al suelo.

Me tomó casi todo el día darle la vuelta al lago para llegar de nuevo a la ciudad de Maracaibo. En el camino no vi absolutamente nada, el color verde dominaba todo lo que pude ver, el vívido color de la naturaleza se esparció por todo el mundo apoderándose de él. Incluso las carreteras son verdes, hojas y flores adornaban todos los lugares, las raíces del suelo dificultan mi viaje a coche, seguí y seguí durante horas buscando personas sin lograr ver una, solamente hombres de flux.

Consegu√≠ llegar hasta donde deber√≠a estar mi casa, la estructura se encontraba casi intacta, la mayor parte de mi morada se hab√≠a convertido m√°s en ra√≠ces que en hojas y por ello pude entrar. Me sent√© en el suelo de mi ‚Äúsala‚ÄĚ, mir√© alrededor‚Ķ record√© todo lo que hab√≠a ah√≠: el televisor pantalla plana, el reproductor de Blu-ray, el equipo de sonido que tanto amaba mi pap√°, la colecci√≥n de figuras de porcelana de mi mam√° encima de la mesita de vidrio, los retratos familiares, cuadros que mi madre compr√≥, el bar con varios licores. Me levant√© y camin√© hacia la cocina y vi las cosas naturalizadas, record√© una torta de arequipe que guard√© en la nevera para comerla cuando volviese. conmemor√© mi habitaci√≥n, la de mi hermana Zafiro, la de mis padres, el estudio donde mi padre trabajaba, record√© incluso los ba√Īos donde mi hermana y yo jug√°bamos de ni√Īas, ahora nada existe.

Me hund√≠ en un triste mar de desolaci√≥n y me acost√© en el suelo de la sala. Siempre estuve pendiente de mis bienes materiales, mi computadora, mi ropa, mi tel√©fono celular y me imaginaba desesperada si alguna cosa se rompiera o perdiese, pero ahora no me importa en lo m√°s m√≠nimo. No lloraba por mi casa y mis cosas, lloraba por mi familia y amigos, ¬°Quiero saber qu√© pasa! ¬ŅPor qu√© se llevaron a todos? ¬ŅPor qu√© a mi familia? ¬ŅPor qu√© no me llevaron a m√≠? Estuve llorando hasta que oscureci√≥, me qued√© dormida un rato y me despert√≥ un ruido, cuando abr√≠ los ojos me encontr√© rodeada por tres hombres de negro que me observaban dormir, parados a mi alrededor, su risa me despert√≥ al instante y corr√≠ por la casa hasta afuera, me di cuenta que mi auto ya no estaba, solo un bulto de hojas y ra√≠ces.

Aparecieron más hombres y me siguieron, di un grito de furia y comencé a correr a toda velocidad introduciéndome en raíces y troncos para llegar a la carretera y poder lograr huir de ellos. Llegué a la avenida, repentinamente vi una luz y casi fui arrollada por un motociclista que siguió adelante maniobrando para no matarme.

‚Äē¬°Un momento! ¬ŅUna persona? ‚Äēpens√© r√°pidamente al ver la motocicleta alej√°ndose en el horizonte nocturno.

Grit√© muy fuerte pidiendo ayuda, escuch√© el giro seco de los neum√°ticos y vi como la luz del faro se acercaba a m√≠. La moto fren√≥ a mi lado ¬ŅRecuerdan cuando les habl√© de Ra√ļl? ¬°El manejaba la moto! Me grit√≥ con fuerza que me montara y salimos volando del lugar alej√°ndonos de los enflusados.

‚ÄēTienes mucha suerte que pas√© por aqu√≠, preciosa. Me llamo Ra√ļl, ¬Ņy t√ļ? ‚ÄēMe dijo √©l mientras aumentaba la velocidad de la moto.

‚ÄēTopacio. ‚ÄēLe contest√© entrecortada por el aire.

‚Äē¬ŅSabes qu√© est√° pasando? ‚Äēdijimos los dos al mismo tiempo.

‚ÄēEsos tipos se comieron a mi padre, no s√© de d√≥nde salieron‚Ķ ‚Äēdec√≠a Ra√ļl, volteando r√°pidamente la vista para ver mi cara.

‚ÄēYo los vi bajando del cielo. Tambi√©n se comieron a mi familia‚Ķ pens√© que era la √ļnica que pod√≠a verlos ‚Äēdije sollozando.

‚ÄēLo mismo pens√© yo, era el √ļnico que vio a esos tipos como se com√≠an a la gente y convert√≠an las cosas en plantas, ¬°Pero te tengo una buena noticia, preciosa! ‚ÄēMe dice Ra√ļl, con un tono de suma alegr√≠a‚Äē. ¬°No somos los √ļnicos! hace unas horas estaba en mi camioneta, en la radio alguien transmiti√≥ un mensaje, hay personas refugiadas en un bunker cerca de aqu√≠. ‚ÄēMe sonr√≠o cuando hablaba.

‚Äē¬ŅHablas enserio? ‚Äēdije yo, muy emocionada mientras apretaba su abdomen para no caerme.

‚ÄēEspero que s√≠, preciosa. Ya no s√© a d√≥nde ir. ‚ÄēSu voz se torn√≥ preocupada.

‚ÄēDime Topacio, ¬ŅS√≠? ‚ÄēLe respond√≠ sonriendo.

‚ÄēEsos tipos convirtieron mi camioneta en una enorme maceta verde. Odio el color verde. ‚ÄēRa√ļl agreg√≥ ese comentario que me pareci√≥ gracioso.

‚Äē¬ŅC√≥mo‚Ķ c√≥mo sabes que ¬ęEllos¬Ľ no escucharon el mensaje de la radio tambi√©n? ‚ÄēLe pregunt√©, decepcion√°ndolo un poco.

‚ÄēDijiste que los viste bajar del cielo. ‚ÄēRa√ļl cambi√≥ el tema r√°pidamente, seguro no quer√≠a hablar al respecto, ten√≠a mucha fe en ese bunker‚Äē. ¬ŅSer√°n extraterrestres? ‚Äēsigui√≥ hablando Ra√ļl.

‚Äē¬ŅExtraterrestres con flux? No lo creo, parecen fantasmas o algo as√≠ ‚Äēsegu√≠a diciendo despu√©s de una risa.

Comenz√≥ a amanecer, llegamos cerca de un sitio lleno de edificios verdes y frondosos, desde el cielo vimos otras cosas que se aproximan. Unas esferas verdes hechas de hojas acumuladas ca√≠an estruendosamente, las pelotas de tama√Īo humano romp√≠an la superficie, algunos edificios y estructuras, clav√°ndose en el suelo. La tierra tembl√≥ y nac√≠an r√°pidamente gigantescos √°rboles desde el subsuelo, moviendo las placas tect√≥nicas desboronando el suelo como un terremoto, las plantas crec√≠an hasta el cielo aseando la superficie terrestre del concreto humano.

Ra√ļl manejaba de una manera sorprendente, esquivando las ramas que nac√≠an desde el suelo. Vimos a lo lejos a alguien ¬ŅRecuerdan al gordito que les hable? Se encontraba desgarrando hojas en la esquina de una pared. Nos acercamos bajando de la moto, gritamos para saludarlo, pero √©l segu√≠a con su trabajo ajetreado.

‚Äē¬ŅEscucharon la radio? ¬°El bunker est√° aqu√≠ abajo ay√ļdenme! ‚ÄēNos emiti√≥, respirando con dificultad.

Desgarramos el suelo buscando la puerta del bunker, el gordito gir√≥ y grit√≥ con fuerza, Ra√ļl y yo volteamos la mirada y vimos a los enflusados que se acercan caminando suavemente hasta nosotros, caminaban casi elevados a unos pocos cent√≠metros del suelo como si flotaran y el viento los empujara con cari√Īo. Una inyecci√≥n de adrenalina se apoder√≥ de nuestro nuevo amigo obeso, levant√≥ un troco pesado el solo y con todas sus fuerzas, lo arroj√≥ a un grupo de hombres de negro. Ra√ļl y yo nos sorprendimos, el gran troco cay√≥ encima de ellos lastim√°ndolos y dejando sus cuerpos atrapados en el suelo retorci√©ndose como cucarachas.

‚ÄēEllos pueden traspasar todo menos las cosas naturales, las cosas verdes que crean ‚Äēexplic√≥ el gordito.

Logramos entrar minuciosamente entre las ra√≠ces del suelo, escarbando con las u√Īas con la victoria en nuestras narices, la puerta del bunker abri√≥ la esperanza y entramos en ella con el coraz√≥n latiendo de j√ļbilo.¬† Los √ļltimos tres sobrevivientes de la naturaleza inhumana llegamos a salvo dentro del √ļnico sitio seguro.

Nos recibi√≥ el anciano moreno de barba blanca con mucha alegr√≠a de vernos. Explic√≥ la situaci√≥n que padec√≠amos, aunque la informaci√≥n que recibimos fue casi la misma que conoc√≠amos. Su nombre es Roberto, siendo due√Īo de una estaci√≥n de radio prepar√≥ con rapidez un mensaje de S.O.S para as√≠ dar alojamiento dentro de su bunker personal, a las personas que sobrevivieran a la misteriosa invasi√≥n de los hombres de negro.

Minutos despu√©s del veredicto de los presentes aprend√≠ a distinguirlos y a recordar sus nombres. Ya los mencion√© antes, la peque√Īa familia de cuatro, el tipo afeminado, ‚Äēno me moleste en aprender sus nombres‚Äē, excepto el de la peque√Īa ni√Īa llamada Laura, el gordito de nombre Daniel, Roberto, Ra√ļl y yo. ¬†

Iniciaron nuestros angustiados y aburridos d√≠as en el bunker, hablando y conociendo a las personas; sus miedos, sus sospechas, sus intereses, sus quejas, sus ma√Īas, muchas cosas no muy agradables que instalan en mi pecho sentimientos fr√≠os de tristeza y l√°stima. Roberto de forma muy amable y cari√Īosa me consigui√≥ un peque√Īo cuaderno a rayas y un l√°piz, en esta etapa de la situaci√≥n entend√≠ lo que deb√≠a hacer, registrar todo lo que pasa en el mundo, contar mi historia a las futuras generaciones, de c√≥mo los hombres de negro destruyeron el mundo actual devorando sus hu√©spedes, degenerando el planeta hasta la ra√≠z del mismo, imitando los inicios de la vida.

PARTE III

Ahora narrar√© en la actualidad, cuando pasen unos d√≠as escribir√© en mi cuaderno. El tipo afeminado se queja de todo, no abre la boca m√°s que para insultar y blasfemar sobre cualquier cosa que se le pase por la cabeza, se dirige de forma muy irrespetuosa a Roberto, √©l es su salvador y le deber√≠a tener respeto, lo obligar√≠a a besarle los pies como m√≠nimo. Dice cosas como: que no debi√≥ enviar el mensaje por radio, las provisiones no alcanzar√°n, moriremos todos, etc. ¬°Me saca de quicio! El gordito no me molesta en lo absoluto, nunca habla y solo juega con una perinola que se encontr√≥ en la calle. Los padres de la familia sobreprotegen demasiado a los ni√Īos, ‚Äēellos no conf√≠an en nosotros‚Äē, somos personas ajenas a ellos, y el miedo domina sus corazones. He escuchado hablar a los ni√Īos entre ellos, llaman a los hombres de negro: ¬ęLos Merobos¬Ľ. Los ni√Īos suelen hacer eso, ponerle nombres a las cosas que no conocen, al cabo de varios d√≠as ya todas las personas del bunker comenzamos a llamarlos as√≠, los misteriosos y oscuros Merobos.

Solo hablo con Roberto y Ra√ļl, son las √ļnicas personas interesantes entre estas cuatro paredes. Hace un fr√≠o horrible, estamos en una nueva era, la era de los Merobos, los nuevos due√Īos del planeta tierra; los sistemas cambian, ahora estamos en una ciudad fr√≠a, la naturaleza se apoder√≥ de todo. Ya ha pasado un mes y las provisiones comienzan a escasear. Roberto, Ra√ļl y yo decidimos salir a explorar. Afuera hay un mundo natural, no hay duda que encontraremos alimento.

Un problema surge con los inquilinos del bunker, el miedo se arriba en nosotros, nadie quiere que la puerta se abra, pero los elegidos a explorar estamos de acuerdo en ir. Los padres de los ni√Īos y el afeminado forman una turba, los ni√Īos lloran en una esquina y el afeminado arremete contra Roberto, inesperadamente nuestro obeso amigo golpea tan fuerte al hombre afeminado que lo deja inconsciente en el suelo. ¬ŅY saben qu√©? ¬°Me alegr√≥ mucho que lo hiciera!¬†

‚Äē¬°No nos pueden dejar aqu√≠ solos, estamos indefensos! ‚Äēgrita el padre de los ni√Īos.

‚Äē¬°Esos demonios entrar√°n y nos matar√°n a todos! ‚Äēapoya la madre a su esposo, mientras abraza a sus hijos tratando de darnos l√°stima. Pero no funciona.

‚Äē¬ŅEso es lo que piensan? ¬ŅQu√© los Merobos son demonios? Yo los vi bajando del cielo ‚Äērespondo yo, de mala gana y agitada.

‚ÄēSon aliens, como en las pel√≠culas, llegaron aqu√≠ por nuestros recursos naturales. Por eso todo lo est√°n volviendo como era antes, de vuelta a las ra√≠ces del mundo. ‚ÄēPor primera vez en mucho tiempo habla Daniel el gordito.

‚ÄēYo no lo creo as√≠‚Ķ los Merobos, pienso que son como vacunas de la tierra. Pi√©nselo con detenimiento, nosotros ya hemos da√Īado suficiente al planeta, lo contaminamos, nos apoderamos de √©l, destruyendo la naturaleza, consumiendo sus recursos naturales, envenen√°ndolo con nuestros malos sentimientos y pecados. Ellos son como anticuerpos planetarios, vienen a repararlo todo y devolverlo a su estado original ‚Äēresponde Roberto, desconcertando a todos.

‚Äē¬ŅQuieres decir que somos la enfermedad y ellos la cura‚Ķ? ‚Äēcomenta Ra√ļl, llev√°ndose las manos a la cabeza.

El afeminado logra levantarse y asestarle un golpe a Roberto, el gordito Daniel trata de ayudar, pero el padre de los ni√Īos lo golpea con un tubo oxidado desmay√°ndolo al instante como una inyecci√≥n de anestesia. Ra√ļl y yo forcejamos con los dem√°s logrando arrastrar a Daniel y salvar a Roberto llev√°ndolos a una esquina.

‚ÄēNo me interesa lo que piense un viejo puerco, yo los voy a matar para que nadie abra esa puerta, nos quedaremos todos adentro ‚Äēgrita el afeminado, alterado.

Roberto se levanta frente a nosotros alumbrado con una confianza nata que nos calma a Ra√ļl y a m√≠. Los ni√Īos lloran en la otra esquina mientras su madre les miente y los reconforta. Esta vez s√≠ siento l√°stima de ellos, no tienen la culpa de pasar por estas calamidades desdichadas.

‚ÄēLa humanidad ha demostrado ser insuficiente, mal√©vola, injusta, lujuriosa e interesada. ¬°Solo piensan en ustedes mismos! ¬ŅNo se han preguntado por qu√© los Merobos no nos han comido como a los dem√°s? Significamos algo para ellos, nos tienen aqu√≠ por una raz√≥n, s√≠ seguimos siendo as√≠ tarde o temprano vendr√°n a buscarnos. ‚ÄēRoberto trata de calmar el alboroto.

‚Äē¬°C√°llate la boca, viejo idiota! Los Merobos no pueden llegar aqu√≠, el bunker est√° rodeado por plantas que no pueden traspasar. ‚ÄēSe explica el afeminado. Tenemos miedo y nos esperanzamos en las palabras que contestar√° Roberto‚Äē. ¬°Los voy a matar y sobrevivir√© con sus restos, despu√©s los matar√© a todos, no me interesa, ya estamos jodidos! ‚Äēsigue gritando el afeminado.

‚ÄēEntiendo‚Ķ Yo confi√© en ustedes como la √ļltima esperanza del planeta, pero solo me demuestran lo que siempre supimos, que son una plaga, una pandemia del planeta. ‚ÄēRoberto contesta y todos nos confundimos.

Roberto truena sus dedos apagando la luz sobre el techo met√°lico. Vuelve a sonar sus dedos encendiendo la √ļnica luz que nos ilumina; nuestras caras asoman el terror m√°s grande de todos, en un abrir y cerrar de ojos, ‚Äēo mejor dicho en un pesta√Īar de luz‚Äē, somos rodeados por varios Merobos dentro de la habitaci√≥n. El cuarto se torna oscuro, los trajes negros de los Merobos adsorben la luz, brindando un hosco y tenue ambiente l√ļgubre.

La madre de los ni√Īos desboca un grito aterrador y el refugio de acero tiembla cual terremoto, salimos disparados desde el suelo hasta el infinito cielo, las cuatro paredes salen volando dej√°ndonos a la intemperie que nos rodea de un viento furioso. Los Merobos se acercan a los dem√°s toc√°ndolos suavemente en el pecho, los inquilinos del bunker tratan de defenderse, pero es completamente in√ļtil, nuestros golpes traspasan el cuerpo de los Merobos como tratando de golpear el aire.

Luego que los padres y el afeminado son tocados, la transformación ocurre en ellos, su cuerpo sufre un cambio radical, la piel se torna verde, sus cabellos raíces y hojas que rompen su ropa convirtiéndolos en bellos árboles que caen al vacío mientras seguimos flotando en la plataforma del bunker en el cielo. Daniel nuestro amigo obeso es transformado también.

Roberto camina hacia nosotros y nos obsequia un fuerte abrazo, una sensaci√≥n maravillosa recorre todo nuestro cuerpo, una luz infinita que estremece cada part√≠cula de mi ser y me indica que todo saldr√° bien, mi alma est√° en paz y sonr√≠o con felicidad. Roberto se aparta de nosotros y sus vestimentas cambian torn√°ndose como un flux igual a los Merobos de color blanco. Roberto gira abrazando a los ni√Īos de la misma forma y los introduce dentro de su cuerpo igual que un Merobo. Roberto y los Merobos, ‚Äēcon delicada forma‚Äē, se elevan igual que el viento levanta una pluma ca√≠da. Flotan en el cielo alej√°ndose de nosotros impulsados hacia el lugar donde vinieron, el cielo.

‚ÄēMis esperanzas en ustedes son infinitas, mis elegidos. Su pureza y humildad los salv√≥ de volver a los or√≠genes. Ahora ser√°n, junto a otras personas, la semilla que poblar√° al planeta, tienen en sus manos una gran responsabilidad, cuiden el mundo y no comentan el error que me llev√≥ a reiniciar todo, mis hijos. Esta no es una despedida, es un hasta luego. ‚ÄēRoberto nos habla mientras sigue elev√°ndose junto los Merobos. Ra√ļl y yo nos tomamos de las manos y nos abrazamos.

La plataforma cae al suelo sostenida como por manos invisibles y nos deposita con delicadeza en la cima de una monta√Īa. Y es ah√≠ cuando nos damos cuenta de lo que realmente ocurri√≥. La raz√≥n de la misteriosa cat√°strofe, nos ense√Īa que no somos m√°s que unos puntos en el infinito abastecer del planeta. Los Merobos solo apretaron el bot√≥n de reinicio y seguimos en el plan de la vida. Somos como Ad√°n y Eva, pero con otros amigos en otras partes del mundo.

Los Merobos del mundo se elevan para volver a su hogar, vemos como poco a poco se despojan de sus trajes y cuerpos materiales. Distinguimos sus cuerpos originales, haces de luz con hermosas alas de plata que suben con gracia al cielo. Han cumplido su cometido, volver a crear todo, limpiar lo inservible y dejar intacto lo que realmente vale la pena cuidar. Nos despedimos de los Merobos que una vez creímos que eran enemigos, sin darnos cuenta de que realmente eran seres venidos del cielo dispuesto a cuidarnos.

FIN

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