Pajarera de Brujas ūüßô‚Äć‚ôÄÔłŹ

(Escrito por Augusto Andra en el a√Īo 2017)

Un grupo de soldados es atacado en un bombardeo. Lo sobrevivientes se adentran en una maleza, sin saber que su peor pesadilla, un aquelarre particular de brujas, los perseguirían el resto de la noche.

√ćNDICE

PARTE I

El primer estallido los alert√≥, ‚Äēpero solo a algunos‚Äē, los dem√°s que dorm√≠an en sus carpas explotaron como carne hinchada; los pedazos de viseras, sangre y huesos volaron por los aires adornando con un matiz carmes√≠ a las cortezas blancas de los √°rboles, las verdes hojas y la grama, tambi√©n algunas rocas y el barro que pronto se mezclaban formando una pasta asquerosa y espesa.

Los sobrevivientes del estallido hu√≠an cubiertos por el ba√Īo de desperdicios de sus difuntos compa√Īeros en el campo de guerra. Algunos lazaron granadas al enemigo, otros dispararon a diestra y siniestra con sus fusiles al aire, pero el enemigo no estaba en tierra firme, las bombas ca√≠an desde el cielo como √°ngeles negros anunciando la muerte con trompetas de apocalipsis.¬†

Luego sonaban los estruendos, enormes relámpagos explotando en la tierra y moviendo los cimientos como terremotos de titanes. La noche era iluminada por las llamas infernales, el incendio de las bombas se propagaba, una pronta llovizna comenzaba a apagar las llamaradas, la garua acrecentó convirtiéndose en una tormenta. El ataque cesó y los malheridos soldados lograron huir ocultándose en el matorral de las llanuras nocturnas entre la maleza alta y amarilla.

Apenas cinco sobrevivientes, cinco de todo un pelotón, unos 40 soldados armados hasta los dientes asesinados por el yugo de las explosiones. Dantonio cayó al suelo cansado, los otros cuatro se desplomaron también, el cansancio los consumía, especialmente a dos de ellos que ayudaban a cargar a otro soldado que perdió una pierna en el bombardeo.

Dantonio observ√≥ la herida de su compa√Īero, el miembro amputado por una cruel trampa. Todos lo apodaban como Dan, era m√°s f√°cil recordar su nombre de esa manera, Dantonio no era un nombre com√ļn para remembrar. Dan observaba a los dem√°s; examin√≥ sus caras para identificar quienes quedaban; el m√°s herido era Alberto, el m√°s robusto de todos. Rub√©n el gigante, ‚Äēcomo lo llamaban‚Äē, ten√≠a medio rostro quemado, se notaba la ausencia de vista en su ojo derecho. Larry el negro, ‚Äēcomo le gustaba que le llamasen‚Äē, se encontraba aparentemente bien, quiz√° su piel oscura disimulaba la herida en su costilla, pero la mancha roja en su uniforme revelaba que esa sangre era suya. Y por √ļltimo, vio a David llorando en el suelo, el m√°s joven de todo el pelot√≥n, ‚Äēun muchacho rubio‚Äē, tampoco vio se√Īales de da√Īos en el chico, pero el llanto conmov√≠a a Dan, el chico ten√≠a suerte de seguir con vida.

‚ÄēDavid, muchacho, ¬ŅEst√°s herido? ‚Äēpregunt√≥ Dan.

El chico levantó la mirada, la cara llena de barro lo cubría como un mal camuflaje en los primeros días de entrenamiento, reveló que su hermosa dentadura blanca había desaparecido, le faltaban la mayoría de los dientes delanteros. David se llevó las manos a la boca limpiándose la sangre y la saliva que se le salía sin querer, también se limpió la cara disimulando las lágrimas.

‚Äē¬°Dan! ‚Äēexclam√≥ Larry el negro, revis√°ndolo‚Äē. ¬ŅEst√° todo bien? ‚Äēpregunt√≥ acerc√°ndose para examinarlo.

Larry pertenec√≠a al escuadr√≥n m√©dico, ten√≠a talento para curar heridos. Dan era bueno para las palizas, los golpes y disparos, con el tama√Īo que ten√≠a y los m√ļsculos que entrenaba todos le cargaban un respeto miedoso.

‚ÄēNo puedo mover el brazo izquierdo‚Ķ creo que me disloqu√© el hombro ‚Äēconfesaba Dan, adolorido, no fue hasta que entendi√≥ su molestia que empez√≥ el verdadero dolor de su hombro.

Rub√©n se cubr√≠a el rostro quemado con unas vendas, Dan no se explicaba como en medio de toda la conmoci√≥n Larry pudo coger una mochila con equipo de primeros auxilios. Dan no era la mayor importancia, dejaron su hombro de √ļltimo. Larry form√≥ un torniquete en la pierna de Alberto, luego ayud√≥ a Rub√©n cubriendo el rostro, no sin antes echarle un ung√ľento, luego le dio un poco de agua a David para que enjuagara su boca y botara la poca sangre que le quedaba, tambi√©n le aplic√≥ una especie de vendas alrededor de la mand√≠bula para que no la moviera y le orden√≥ no hablar, solamente cuando fuese necesario. Despu√©s Larry le dio indicaciones a Dan y a Rub√©n para que lo asistieran en su propia herida de las costillas, le quitaron el uniforme y encontraron una especie de astilla gruesa de √°rbol clavada en las costillas, la retiraron con cuidado, desinfectaron la herida y le colocaron el ung√ľento con las vendas.

Reposaron unos cuantos minutos. Larry buscó una rama en el suelo y la envolvió con el uniforme que le habían quitado, tomó la rama y le aconsejó a Dan que la mordiera. Rubén y David sostuvieron a Dan con todas sus fuerzas entre tanto Larry se colocaba a espaldas de Dan tomándolo por el brazo, con otra dotación de fuerza movió el hombro de Dan devolviéndolo a su estado original, el dolor fue tanto que las lágrimas salieron de los ojos de fortachón, pero se recuperó.

Las fuerzas no pudieron con Alberto y termin√≥ durmi√©ndose, Dan pens√≥ que estaba desmayado y supo que no era el √ļnico que lo pensaba. Cinco hombres heridos en medio de la nada escondidos en la maleza de unas llanuras, ¬ŅQu√© podr√≠an hacer para salvarse?

‚ÄēHay que movernos, no creo que vuelvan a atacar. Si no encontramos un refugio nos masacrar√°n en la ma√Īana ‚Äēhabl√≥ Dan, rompiendo el silencio.

‚ÄēEstamos muy cansados, Dan. Danos un respiro‚Ķ ‚ÄēSe excus√≥ Rub√©n el gigante.

‚ÄēSi no le hacemos caso de nada valdr√° haber sobrevivido, cuando amanezca har√°n una ronda con los helic√≥pteros y desde arriba las balas bajaran como lluvia ‚Äēagreg√≥ Larry, escupiendo al suelo.

‚ÄēS√© que estamos cansados, recuperemos fuerzas. Larry, reparte un poco de agua, dentro de unos minutos hay que movernos. ‚ÄēDan dirig√≠a, tratando de avivar el grupo, pero las palabras no se le daban tan bien como a Larry.

Repartieron el agua entre todos, Alberto no pudo tomar, por m√°s veces que lo zarandeaban no lograba despertarse, Larry remoj√≥ un poco de alcohol en un algod√≥n y lo pas√≥ por la nariz de Alberto logrando que pesta√Īara los ojos un poco, habl√°ndole con cuidado le obligaron a tomar agua.¬†

‚Äē¬ŅY si encontramos un animal escondido en la maleza? ‚Äēdijo de pronto Rub√©n, entre tanto descansaban.

‚ÄēPara eso tenemos estos juguetes, Rub√©n ‚Äēespet√≥ Dan, sacando un enorme cuchillo que guardaba en el estuche de su bota derecha.

El brillo filoso del arma blanca propin√≥ otro silencio incomodo, los dem√°s revisaron sus equipamientos buscando armas. Encontraron m√°s cuchillos, ‚Äē3 en total‚Äē, Larry ten√≠a una pistola Luger en su equipo m√©dico y David guardaba dos granadas. Revisaron a Alberto, solo consiguieron un paquete de municiones para un rifle y dos barras de chocolate.

‚ÄēEstaremos bien, descansen. El entrenamiento fue peor que esto. ‚ÄēLes record√≥ Dan.

PARTE II

Por primera vez Dan sinti√≥ que sus palabras s√≠ sirvieron para calmarlos. Cerraron los ojos para despejar la mente y recobrar fuerzas. Dan recordaba las viejas costumbres del entrenamiento militar, cuando eran apenas unos cadetes enanos y flacuchos, esas noches de lluvia arrastr√°ndose por el lodo, cuando los obligaron a soportar la tempestad, desnudos para probar su resistencia, la horripilante comida a base avena, papas, pan y huevos. Remembraron las maldades de los miembros m√°s viejos a los nuevos cadetes, arrojar serpientes a los dormitorios, ba√Īarlos con agua fr√≠a repleta de hielo, y la peor era defecar en las almohadas para que apestara toda la noche.

De repente, los recuerdos fueron interrumpidos por unas voces entre las espigas de la maleza. Dan despertó inmediatamente cruzando miradas con Larry y Rubén. David y Alberto seguían dormidos.

‚Äē¬ŅEscucharon eso? ‚Äēpregunt√≥ Dan en voz baja.

‚ÄēEran risas, ¬ŅVerdad? ‚Äēdijo Rub√©n‚Äē. Yo escuch√© risas, risas de mujer, no estoy loco, ¬ŅVerdad? ‚Äēpregunt√≥ alzando la voz.

‚Äē¬°Shh! ‚ÄēLo call√≥ Larry, y sac√≥ el arma de su bolsillo.

Dan desenvainó su cuchillo colocándose en cuclillas. Las risas volvieron a sonar, parecía un enorme eco desde muy lejos, una carcajada femenina, sensual y a la vez aterradora. Repentinamente escucharon el batir de unas enormes alas, la luz de la luna se posaba encima de ellos y una gigantesca sombra de ave los cubrió como si otro avión militar hubiese pasado a toda velocidad para atacarlos.

‚Äē¬ŅEsa mierda era un p√°jaro? ‚ÄēDan se asust√≥, su mirada logr√≥ avistar un poco aquella criatura grande que pas√≥ por encima de ellos.

‚ÄēFalsa alarma, era un ave. ‚ÄēRub√©n se tranquiliz√≥, pero su expresi√≥n segu√≠a nerviosa.

‚ÄēNo hay aves tan grandes por estos lados. Yo estudi√© la biodiversidad ‚Äēcoment√≥ David, la bulla del p√°jaro lo despert√≥.

Larry lo examinó y volvió a aconsejarle que no hablase.

Otro sonido los alertó de golpe, algo enorme cayó a pocos metros de ellos, esa cosa se movía entre las largas espigas donde se escondían. Larry apuntó el arma en aquella dirección, luego escucharon el mismo sonido otras dos veces en distintas direcciones.

‚Äē¬ŅSer√°n soldados? ¬ŅSoldados en alg√ļn tipo de paraca√≠das? ‚ÄēEl nerviosismo de Rub√©n se transmit√≠a a los dem√°s.

A Dan le molestaba su pesimismo, si segu√≠a de ese modo le propiciar√≠a un pu√Īetazo.

Las risas femeninas volvieron, Dan pudo distinguir tres voces distintas, el sonido de sus carcajadas volaba por todas direcciones, las risas disminuían formando silbidos agudos que penetraban sus oídos, agujas calientes que pinchaban su cabeza a través de sus tímpanos. Comenzaron los dolores de cabeza y escucharon pasos de animales arrastrándose, se aproximaban a los soldados.

No les dio tiempo ni a pesta√Īar, en el preciso momento cuando unas manos blancas con plumas negras tomaron a Alberto por la pierna y lo arrastraron por el suelo entre la maleza. El grito de desespero les inyect√≥ una dosis de adrenalina, los cuatro se levantaron de golpe y comenzaron a correr en direcci√≥n opuesta. Los gritos de Alberto indicaron que era demasiado tarde y peligroso para poder rescatarlo, inclusive Larry no quiso disparar el arma o m√°s bien el miedo lo bloque√≥.

Correr entre las espigas no era tarea f√°cil, se sent√≠a como si escaparan entre una espesa brea que les dificultaba el paso. Los enormes aleteos siguieron persigui√©ndolos en la espalda, escucharon como uno de esos p√°jaros surgi√≥ de la maleza para volar en sus cabezas. La presi√≥n del aire se aceler√≥ cuando una de las aves cay√≥ en picada para atacar, David no corri√≥ con suerte y aquel monstruoso demonio alado se lo llev√≥ como si se tratase de un peque√Īo beb√©.

Dan, Larry y Rub√©n corrieron escapando de la maleza, ese peque√Īo trecho plano desde las espigas hasta la selva del bosque era la zona m√°s peligrosa, pero no fueron atacados. Sent√≠an los ojos de las aves clavados en sus espaldas, ciertamente eran presas f√°ciles, unos peque√Īos ratoncitos heridos huyendo de enormes lechuzas asesinas. Correr y esconderse era parte del juego de cacer√≠a.

Antes de entrar a la selva, Dan volte√≥ la mirada y vio una de esas cosas. Justo cuando terminaban las espigas la vio: una figura alta llena de plumas negras brillantes a la luz de la luna, pero eso no era un p√°jaro; ni se acercaba a una especie de ave, desde esa distancia parec√≠a una persona, una presencia alta, delgada, esbelta y llena de plumas. Lo que m√°s le dio escalofr√≠os a Dan no era la altura y extra√Īa forma de la criatura, sino que, ‚Äēaunque visto desde lejos daba miedo‚Äē, pod√≠a notar un rostro humano observ√°ndolo, un rostro con mirada de √°guila que le penetraba los ojos hasta escudri√Īar sus miedos m√°s profundos y rec√≥nditos.

PARTE III

Cuando entraron a la selva siguieron corriendo y corriendo. Rub√©n se tropez√≥ con algo en el suelo y cay√≥, ‚Äēera un fusil‚Äē, agradeci√≥ a Dios y se lo llev√≥ consigo alcanzando a los dem√°s. Hasta que no estuvieron m√°s adentrados no pararon de correr, se recostaron en unos √°rboles, sofocados por el trote desesperado.

‚Äē¬ŅQu√© eran esas cosas? No son p√°jaros, no son p√°jaros ‚Äērepet√≠a Rub√©n, alterado.

‚ÄēEran como personas‚Ķ ‚Äēa√Īadi√≥ Dan, calmando su respiraci√≥n‚Äē. Como mujeres con alas. Vi el rostro de una de ellas, era‚Ķ era muy natural, muy perfecto, sus ojos eran negros como los de una lechuza. ‚ÄēDan trataba de explicar.

‚ÄēMujeres aladas‚Ķ ¬ŅC√≥mo √°ngeles? ¬Ņ√Āngeles de la muerte? Probablemente morimos en el bombardeo y no nos dimos cuenta‚Ķ Ellas vienen a llevarnos ‚Äēdeduc√≠a Rub√©n, exagerando la situaci√≥n.

‚ÄēLos √°ngeles no se llevan a las personas, Rub√©n‚Ķ No de esa manera. Estaban cazando, iban a comer. ‚ÄēLe respondi√≥ Dan, inquieto. Casi lo empuja, pero detuvo el impulso‚Äē. No s√© qu√© son esas cosas, pero seguro no atacan de d√≠a, prefiero que me maten de un tiro a que me coja una de ellas ‚Äēespet√≥ Dan, pateando una rama.

‚ÄēYo s√© que son esas mujeres‚Ķ ‚ÄēFinalmente habl√≥ Larry.

Dan y Rub√©n viraron el cuello a su direcci√≥n, ¬ŅQu√© podr√≠a saber Larry el negro sobre esas cosas?

‚ÄēSon brujas ‚Äērespondi√≥‚Äē. Brujas reales ‚Äēdijo persign√°ndose y bes√≥ un crucifijo que llevaba colgado del cuello.

‚Äē¬ŅBrujas? Las brujas llevan escobas ‚Äēexpres√≥ Rub√©n, ri√©ndose con una risa nerviosa.

‚ÄēEsas brujas son cuentos, inventos para asustar a los ni√Īos. Esas cosas que vimos s√≠ son brujas de verdad ‚Äēasegur√≥ Larry, se√Īalando en direcci√≥n a la llanura.

‚Äē¬ŅC√≥mo sabes eso, Larry? ‚Äēpregunt√≥ Dan, acerc√°ndose a Larry el negro y se sent√≥ en una rama gruesa cerca de √©l.

‚ÄēYo soy cat√≥lico, pero no siempre lo fui. Mi padre era un santero, ten√≠a conexiones con personas extra√Īas: hipnotistas, reikistas, chamanes, supuestos magos de magia negra, y otra infinidad de misteriosas personas. Yo nunca cre√≠ en esas basuras, pero siempre le tuve un extra√Īo respeto porque muy en el fondo sab√≠a que las fuerzas malignas existen. ‚ÄēLarry explicaba son sudor en su rostro‚Äē. Una vez mi padre me llev√≥ a un viaje, su plan era que yo siguiera sus mismos pasos. Una noche en medio de los llanos, en una casa abandonada, esper√°bamos alguien. Pasaron las altas horas de la madrugada hasta que escuch√© unos pasos en el techo, luego tocaron la puerta y mi padre se levant√≥ a recibir a su invitada. ‚ÄēLarry se frot√≥ las manos.

‚ÄēEra una bruja, ¬ŅVerdad? Una de esas ‚Äēdec√≠a Rub√©n, tartamudeando.

‚ÄēMi padre hab√≠a apagado las velas, puesto que solo la luz de la luna iluminaba, justo como ahora. Cuando abri√≥ la puerta vi una sombra larga, hablaron entre ellos en una lengua que no entend√≠,¬† la bruja le entreg√≥ un peque√Īo saco gris del tama√Īo de una mano‚Ķ Yo estaba asustado, su sola presencia era perturbadora, me hizo sudar, por poco me hago encima de los pantalones ‚Äēsegu√≠a narrando y volvi√≥ a persignarse‚Äē. Las plumas se le cayeron dejando una pila negra en el suelo, mi padre la invit√≥ a pasar, era una mujer extremadamente hermosa y voluptuosa, imposible de desviar la mirada cuando la observabas‚Ķ De repente, mi padre se quit√≥ la ropa y la tom√≥ frente a mis ojos, estuvieron horas fornicando hasta que mi padre no pudo m√°s. La mujer se levant√≥, camin√≥ a la puerta, extendi√≥ sus manos y cada pluma que hab√≠a dejado caer en el piso, se incrust√≥ en su piel y sali√≥ volando ‚Äētermin√≥ la narraci√≥n, demostrando el vuelo con las manos como si fuera un ave.

‚Äē¬ŅPor qu√© tu padre hizo eso? ‚Äēpregunt√≥ Dan.

‚ÄēMe cont√≥ que las brujas se comen a sus hijos para seguir vivas. √Čl necesitaba un favor: unos polvos con hechizos fuertes para alg√ļn trabajo de santer√≠a y la √ļnica manera de que una bruja te haga un favor, es de esa manera‚Ķ necesitaba embarazarse ‚Äēexplicaba Larry, toc√°ndose la herida de la costilla.

‚Äē¬ŅA qu√© precio? Coger con una bruja suena sencillo para un favor ‚Äēcomentaba Dan, dudoso.

‚ÄēMi padre no dur√≥ vivo m√°s de unos meses ‚Äēconcluy√≥, Dan trag√≥ con dificultad al escuchar eso.

Larry volvi√≥ a sacar una botella de agua mineral y la reparti√≥ para recobrar fuerzas. Rub√©n revis√≥ el fusil que encontr√≥, cargaba suficientes municiones para defenderse. Siguieron escondidos, pensativos y dudosos en que hacer ahora. ¬ŅEsperar a que las brujas llegaran a buscarlos? ¬ŅO aguardar al alba y que los helic√≥pteros enemigos los encontraran?

PARTE IV

Algo escurridizo son√≥ en el suelo, Dan con cuchillo en mano se levant√≥ a la expectativa, ¬ŅPodr√≠a haber sido una lagartija?

Unas hojas de los árboles comenzaron a caer. Rubén se desesperó y comenzó a vaciar el cartucho del fusil en la copa de los árboles. Dan lo detuvo para que no gastase las municiones.

‚Äē¬°No seas idiota, dispara solo cuando las veas! ‚ÄēLo rega√Ī√≥ con fuerza.

Un horrible grito de mujer los distorsionó desequilibrándolos, como el canto de una antigua sirena voladora. Una de ellas se posaba encima de una de las raíces salidas de un árbol grueso.

‚Äē¬°Ah√≠ est√°! ‚Äēgrit√≥ Rub√©n, disparando como un desquiciado.

La bruja se movía tan rápido como una sombra. De un saltó la bruja cayó en el suelo introduciéndose en la tierra como si se tratara de un clavadista arrojándose a una profunda piscina.

‚Äē¬ŅQu√© hizo? ¬ŅD√≥nde est√°? ‚ÄēLa desesperaci√≥n de Rub√©n era molesta.

‚ÄēHay que correr‚Ķ ¬°Corran! ‚Äēgrit√≥ Larry, levant√°ndose con el dolor en la costilla.

Pero antes de levantarse una horripilante mano humana surgi√≥ del suelo sosteni√©ndole la mano a Larry el negro, aun siendo una mano de mujer su fuerza era monstruosamente poderosa y el solo agarre de sus dedos le torci√≥ la mu√Īeca a Larry y solt√≥ el arma en el suelo. Otra mano que surgi√≥ tom√≥ el arma y la hundi√≥ en la tierra.

El suelo oscuro tomó un color blanquecino, miles de manos emergían del suelo como gusanos buscando aire fresco. Dan pateaba las manos y ayudó a Larry clavando su cuchillo en la mano que lo apresaba, levantó a Larry y se dispuso a correr.

Rubén no fue astuto, las sucias manos blancas llenas de tierra lo sostuvieron por los pies y lo tumbaron en el suelo. Varias manos lo rodearon con sus dedos huesudos y le estrujaron el cuerpo, le quitaron la ropa y comenzaron a hundirlo en la tierra, tragado por una embrujada arena movediza.

Retomaron la carrera por sobrevivir, esta ya era la tercera vez esa noche. Dan era resistente, pero a este paso no sab√≠a si durar√≠an hasta el amanecer. Siguieron huyendo hasta perder el sonido de los gritos de Rub√©n. Los sonidos escurridizos segu√≠an rondando, las manos volv√≠an a emerger como bamb√ļes asesinos creciendo con rapidez. ¬†¬†

Larry se detuvo abriendo su bolso, comenzó a sacar los utensilios. Dan desconcertado tomó un tronco grueso y golpeaba las manos en el suelo levantándolas de raíz.

‚Äē¬ŅQu√© co√Īo haces, Larry? ‚Äēpreguntaba Dan, molesto.

Rápidamente Larry destapó unas cajas de pastillas, comenzó a triturarlas en un árbol y las vertió en las dos botellas de agua restantes, inmediatamente comenzó a agitar las botellas mezclando las boronas de las tabletas con el agua, coloreándolas de un blanco mestizo y veteado.

Las manos se acumulaban en el suelo, Dan no podr√≠a destrozar un enjambre de manos, pero la astucia de Larry fue mejor que la fuerza fruta de su compa√Īero. Con la mezcla en las botellas apret√≥ el pl√°stico arrojando agua blanquecina y transparente.

Las gotas de agua alejaron a las manos hundiéndolas en el suelo, un sonido efervescente brotaba arrugas y burbujas en las manos mojadas, y un grito desesperante desde el suelo demostraba que la bruja enojada se alejaría por el momento.

Nuevamente huyeron de la zona llena de manos muertas y siguieron corriendo.

‚Äē¬ŅQu√© fue lo que hiciste? ‚Äēpregunt√≥ Dan, sorprendido y aliviado.

‚ÄēParacetamol e Ibuprofeno, estos medicamentos tienen mucho sodio‚Ķ Las brujas odian la sal, mi padre me lo dijo ‚Äēcontest√≥ ri√©ndose‚Äē. No pens√© que funcionaria. ‚ÄēY sigui√≥ la carcajada nerviosa, Dan lo acompa√Ī√≥ con otra risa.

Un temblor en el suelo los desequilibró y la silueta oscura de la bruja apareció entre ambos separándolos de un golpe. Larry salió volando hacia un árbol y quedó inconsciente al chocar la cabeza con la corteza. Dan rodó por el suelo a pocos metros, las botellas de agua se derramaron y la tierra terminó sorbiendo el agua.

La maligna figura alta se acercaba a Larry. Dan pudo ver su espantosa presencia macabra, mirarla por mucho tiempo le dol√≠a la vista a pesar de verla de espaldas, no se imaginaba cuanto doler√≠a verla directamente a los ojos. Ten√≠a que hacer algo, la bruja se llevar√≠a a su amigo, ¬ŅPero que podr√≠a hacer? Sin armas, sin sal, sin nada.

‚Äē¬°Espera! ‚ÄēDan le grit√≥ a la bruja.

La mujer volte√≥ la mirada, en solo un pesta√Īeo de Dan la bruja se encontraba m√°s cerca de √©l. Dan se hundi√≥ en el vac√≠o de los ojos negros de la bruja.

‚ÄēNecesito un favor‚Ķ d√©janos con vida. ‚ÄēLe pidi√≥ Dan y comenz√≥ a quitarse la ropa.

Dej√≥ cada medida de su uniforme tirando en el suelo, incluso su ropa interior. La bruja se acerc√≥ mucho m√°s, casi respir√°ndole en el rostro y comenz√≥ a re√≠rse nuevamente. Su sonrisa de satisfacci√≥n parec√≠a alegre y complaciente, ella camin√≥ a su alrededor, ‚Äēexamin√°ndolo‚Äē, hasta se inclin√≥ para detallar el tama√Īo del miembro de Dan.

Con un soplido, cada pluma de la bruja fue cayendo en el suelo revelando su espectacular y voluptuoso cuerpo desnudo. Su cara se agudizó, perdió ese aspecto macabro y sus ojos pasaron de un negro profundo a convertirse en ojos comunes y humanos.

La hermosa mujer recostó sus senos en el pecho de Dan y posó sus brazos alrededor de su cuello. Dan se sentía hipnotizado por la belleza y el cuerpo de la mujer, comenzó a besarla desenfrenadamente, le apretó la cintura atrayéndola hacia su pelvis. Entre caricias y mordiscos la puso contra la corteza de un árbol y la penetró. Los gemidos animales de la bruja retumbaban en cada rincón de la selva, Dan estaba ido de su conciencia, pero entendía y disfrutaba todo lo que hacía.

Duraron toda la noche en la faena sexual, la bruja a√Īoraba la semilla de Dan y no fue hasta que hubo un atisbo de amanecer cuando finalmente Dan pudo acabar en ella y lo dej√≥ casi moribundo y sucio en la tierra.

Con otro silbido en el aire, las plumas de la mujer se encajaron en su cuerpo como agujas convirtiéndola en su forma sobrenatural y voló desapareciendo de sus vidas para siempre.

FIN

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