SendSense 📱

(Escrito por Augusto Andra en el año 2022)

Patty es una de las influencers más famosas del mundo, en su streaming está a punto de anunciar la última actualización de SendSense, una aplicación tecnológica que le permite al usuario compartir sensaciones como sabores, olores, sentimientos. ¿Qué podría salir mal en su más importante transmisión?

ĂŤNDICE

PARTE I

Una campanilla sonaba constantemente, habĂ­a llegado un mensaje en el dispositivo mĂłvil, la tarjeta de cristal Ăłptico brillaba con una lucecita azul que parpadeaba cada vez que sonaba la campana.

―Lereth, ¿podrías parar eso ya? ―se quejó Patty, se maquillaba en la cómoda del estudio―. Te he dicho que silencies tu tarjeta cuando vayamos a grabar. ―Le regañó, entre tanto se colocaba cuidadosamente el rímel.

Lereth terminó su café de un solo sorbo, estaba emocionada y ansiosa; saltó a la mesa para recoger su tarjeta que reposaba sobre la pequeña plataforma de carga. Era una chica muy hiperactiva y alegre, el alma divertida y excéntrica del estudio. Tenía un particular atractivo, de estatura baja con una piel canela muy bella, no tenía muchos senos, pero su cuerpo atlético le formaba unas poderosas piernas y unas redondas caderas que acentuaban su trasero; lo que más llamaba la atención de Lereth era su cabello, de un marrón muy oscuro y rapado a los lados adornado con una cresta rubia muy llamativa en medio. Los chicos del estudio se morían por ella, pero Lereth solo tenía ojos para Patty.

―Lo siento, Patty. He estado esperando todo el día por este mensaje ―dijo abriendo la tarjeta táctil sincronizándola instantáneamente con su red neuronal―. Me han enviado una muestra de sabores de chocolate, hay un montón de sabores raros: de mango, banana, chocolate picante, ¿chocolate con queso suizo? Este sí que es raro, ¿Quieres probar uno? ―mencionaba, mostrándole a Patty las imágenes en su tarjeta.

―Umm, ¿Por qué no? ―volteó la mirada, Lereth se había sentado encima de su cómoda―. ¿Vienen con sabor y textura? ―preguntó sacando su tarjeta digital.

―Es la última actualización de alimentos en SendSense, querida. Viene con todo: sabor, aroma, textura, viscosidad, hasta puedo enviarte la imagen del envoltorio si quieres. ―Se echó a reír, deslizando su dedo en el dispositivo, mostrándole todos los distintos tipos de chocolates.

―Envíame el de mango ―solicitó.

Al contrario de Lereth, Patty era una chica muy delicada y hermosa, parecía una muñeca de porcelana, disciplinada, petulante y vanidosa, su padre la consentía mucho. De cabellera muy rubia casi blanquecina y una piel muy pálida y cristalina. Sus modales eran los de una princesa, pero cuando transmitía en vivo y entraba en personaje, se notaba a leguas que copiaba la actitud y personalidad de su novia Lereth.

―Mango, ¿Eh? La fruta de la pasión. ―Le giño un ojo, enviándole la muestra de chocolate por el dispositivo.

El chico que acomodaba las luces del set se rió chistando un poco. Leo era un chico regordete y narizón, siempre llevaba un pasamontaña en la cabeza que casi le cubría lo ojos y hacía ver su nariz más redonda y gruesa.

―El mango no es la fruta de la pasión. ―Leo se rio más corrigiendo a Lereth.

―Ah, ¿no? ―Lereth levantó los labios confundida.

―Créeme, yo sé de pasión y esa no es la fruta. ―Leo volvió a reírse, acomodando unos cables fuera de los ángulos de las cámaras.

―Leo tiene razón, mira. ―Patty le envió una imagen a Lereth directamente a la cabeza.

En su red neuronal, justo delante de su retícula digital aparecieron varias imágenes de la fruta y de una flor.

―Oh, sí, es esa fruta rara que tiene una flor ―comprobaba Lereth, moviendo la mano frente a ella para pasar las imágenes una a una en su mente.

―Se llama maracuyá ―acotó Patty.

―También le dicen parcha o parchita ―agregó Leo.

―Uy sí, el sabelotodo de la pasión. No tienes argumentos para decir eso, Leo. ―Se burló Lereth, moviendo las manos―. ¿Cuándo te vas a conseguir una novia de verdad? Usas mucho el SendSense, ¿sabes? ―volvió a levantar el labio arqueando una ceja.

Leo era de los pocos chicos del set que acostumbraba a llevar una amistad con Lereth y Patty más allá del trabajo. Se reunían de vez en cuando para ir al cine, salir a beber en alguna disco o simplemente a comer. Lereth a veces se hartaba de los hombres insistentes, la última vez que un chico le instó a Patty para pedirle su contacto digital, Lereth le rompió la nariz de un puñetazo. Es por eso que ambas apreciaban mucho la amistad de Leo, era un jovial chico que las entendía y simplemente disfrutaban de su compañía como un verdadero amigo.

Lo cierto era que Leo algunas veces abusaba de las sensaciones que podía conseguir con el SendSense y mucho más con la última actualización. Desde que se conocieron en el set, nunca le habían conocido una novia a Leo, siempre eran sensaciones en red, citas online y quién sabe qué más.

―¿Para qué quiero una novia si puedo tener todo lo que quiero en mi tarjeta? No me interesan las relaciones, son muy complicadas, ya lo intenté ―soltó los cables amarrándolos con un tyrap―. Además, puedo tener todos los orgasmos que quiero con la nueva actualización ―agitó orgulloso su tarjeta.

―¿Es enserio, Leo? ―Lereth se llevó las manos a la cintura y arqueó nuevamente su ceja―. Te estás perdiendo del sexo real, lo mejor es a la antigua, ¿Verdad, Patty? ―indicó, chocando su palma con sus nalgas mostrándole su trasero a Patty.

―Lereth es muy vulgar, pero tiene razón. ―Patty había terminado de maquillarse y giró su cuerpo sentada en el taburete―. El SendSense facilita la vida y nos ayuda compartiendo muchas sensaciones sin tener que esforzarnos demasiado, podría decirse que es un milagro de la tecnología. ―La voz de Patty era muy hermosa y sensitiva―. Pero no podemos permitir que nos quite lo que verdaderamente nos hace humanos: sentir, probar y tocar. Eso es la vida real, no tener relaciones en la web con orgasmos falsos. Tienes que probar de verdad y sentirlo. ―Su mirada fue fulminante, pero con un aire consolador.

―¿Igual que esos chocolates que prueban en forma digital? ―Leo respondió con ironía.

―Esos chocolates no los venden en cualquier sitio, Leo. ―Patty desvió la mirada con un puchero―. Además, prefiero probarlos en mi mente que ensuciarme los dientes antes de salir en vivo. ―Se escusó, levantándose del taburete―. Esas son las ventajas del SendSense, es un comodín, no una droga ―refutó regañándolo.

Lereth aguantĂł la risa para no burlase de ellos. A Patty siempre le gustaba tener la razĂłn, aun cuando no la tuviese. Lereth habĂ­a aprendido a callarse la boca para no discutir, aunque la mayorĂ­a de las discusiones las apaciguaba con una risa contagiosa.

―Vamos, Leo. Lo decimos por tu bien, no queremos verte en esos centros médicos para adictos al SendSense, solo úsalo como ventaja, no dependas del programa. ―Lereth se alzaba de hombros tratando de convencerlo.

Patty se acercĂł con el micrĂłfono bala para que Lereth lo colocara en su blusa azul.

―Sigue el ejemplo de Lereth. A ella le encanta entrenar a diario y no puede romper su dieta ―presumía a su novia.

―Uff, viejo. Y como me encanta comer. Con el SendSense puedo satisfacer mi paladar comiendo de todo, y mira cómo me encantan las pizzas y los chocolates ―decía colocándole el micrófono a Patty.

―No veo ninguna diferencia a lo que hago yo. Tú comes de una manera, yo como de otra, así de sencillo. Todos somos felices. ―Leo también se alzó de hombros y giró los ojos―. He visto todas las cosas raras que comes con el SendSense y nadie te dice nada, yo entro a una página porno y se alarman. ¿Saben cuántas personas hace lo mismo que yo? Mucha más gente de la que se conecta al streaming de Patty, pero yo soy el raro porque no me da pena admitirlo ―cruzó los brazos.

Leo terminĂł de ajustar los cables y fue a mover un foco de luz. Las luces ya estaban en posiciĂłn.

―Odio admitir que tengas razón ―aceptó Patty.

―Pero te equivocas en algo, mi amigo ―agregó Lereth, riéndose de nuevo y caminó poco a poco hacia Leo―. La gente puede enviarse olores, sabores, sensaciones, orgasmos y todo lo que les dé la gana, pero a diferencia de ti. Ellos sí tienen sexo en la vida real, ¿Por qué no lo haces, Leo? ¿Acaso eres virgen? ―Se acercó tanto que quedó a pocos centímetros de su cara, casi se rozaron las narices.

―Ya lo estás molestando mucho, Lereth. ―Le interrumpió Patty.

Algunas veces Lereth se sobrepasaba un poco, Patty era quién la aterrizaba al suelo, por eso hacían buena pareja, un equilibrio que complementaba y ayudaba a la otra.

Leo no dijo nada, su mirada curvó inclinándose al suelo mirando la suela de sus zapatos.

―No le prestes atención, Leo. ―Patty trató de animarlo apretándole una mejilla―. ¿Qué tal si te presentamos una amiga este fin de semana? ―Le propuso.

El chico se sonrojó y se quitó el pasamontaña para peinarse el cabello rojizo.

―Uhh, ¿Eso te interesa? Es mejor que esos sitios web ilegales en los que entras, tonto. Tenemos amigas muy sexys que te pueden comer la… ―Patty interrumpió a su novia tapándole la boca.

―Compórtate, Lereth. Ya están llegando los demás ―exigió Patty, arrastrándola consigo.

Leo acomodó el pasamontaña en su cabeza y pasó a ayudar al resto del equipo a preparar el set de grabación.

―¡Ah! ―gritó Lereth desde lejos―. Otra cosa que te equivocas, Leo. Nadie tienes más visitas que el streaming de mi chica. ―Y se colocó en puntillas para darle un beso a Patty.

Todos en el set se rieron y Patty se enojó, su lápiz labial caramelo se había corrido un poco.

PARTE II

El equipo terminaba de colocar todo en su lugar. Leo acomodó todos los cables y probó las luces con el otro asistente. Otra chica ayudaba a Lereth dándole los toques finales al maquillaje y vestuario de Patty. La directora estaba en posición controlado cada detalle, había tres técnicos detrás de una consola de cristal táctil y otros tres camarógrafos apuntando en tres direcciones distintas al escenario de Patty.

La directora era una mujer mayor, de rostro grueso y firme y con brazos fuertes, siempre vestía con jeans apretados. Su nombre era Soledad, pero todos le decían Sole, tenía experiencia trabajando en muchos medios tradicionales, pero también trayectoria como directora de varios canales online en la web, entre ellos el de su propia hija: Patty.

Desde su reciente divorcio, Sole había tenido inconvenientes con su entorno laboral, no estaba concentrada. Sole no podía creer que su exesposo la había suplantado con una chica de la misma edad que Patty, le parecía enfermizo. Pero ese punto de quiebre fue el que le había dado el empujón correcto para fijarse en Patty, de alguna manera el empeño de su hija por surgir en el medio audiovisual la había salvado a ella de una depresión y por eso lo daba todo por convertir el programa de Patty en el streaming más exitoso en la web.

Y lo logró, justo ese día sería la cumbre y la cúspide máxima de la popularidad de su hija. Probablemente todo el mundo estaría compartiéndose cualquier cosa por el SendSense, pero nadie iba a perderse el anuncio que daría Patty esa noche.

Sole comenzĂł a aplaudir con fuerza llamando la atenciĂłn de todo el equipo. Detuvieron sus quehaceres y prestaron atenciĂłn a la directora parada justo en medio del set.

―¡Ojos aquí! ―gritó callando cualquier sonido, la voz de Sole era gruesa y rasposa por culpa del cigarrillo―. Bien, señoritas. Sabemos porque estamos aquí, hacemos esto tres veces por semana, hoy es diferente y eso también lo sabemos. No solo es la noche más importante de Patty, somos un equipo y es importante para todos; mi hija es la cara bonita que sale en la pantalla, pero nosotros somos el motor de este programa y si ella se llena los bolsillos, yo espero que a partir de esta noche nuestras cuentas bancarias exploten llenas de dígitos grandes, ¿Entendido? ―proclamaba Sole.

Su autoridad también servía de estímulo.

―Uff, me encanta tu madre, Patty. Prométeme que serás así de genial cuando tengas su edad. ―El cumplido de Lereth pasó desapercibido―. ¿Te encuentras bien? ―Le preguntó a Patty.

Estaba nerviosa, se jalaba una hebra de cabello como solĂ­a hacer siempre que estaba al borde de una crisis, lo cual era inusual, normalmente la nerviosa era Lereth que resolvĂ­a todo con golpes.

―Todo va a salir bien, linda ―Lereth trató de tranquilizarla sobándole las mejillas.

―Lo sé, lo sé… Es que, escucha a mamá, está tan calmada como siempre, como si fuera una transmisión normal como todas las semanas y es la primera vez que tenemos un patrocinante tan grande… ―suspiró un poco―. Le acabo de decir a Leo que no confíe tanto en SendSense y… bueno ya sabes, no me gusta contradecirme. ―Su propia necedad la ponía nerviosa.

Con el borde de sus manos Lereth le limpiĂł el rabillo del ojo a su novia.

―¿De qué te preocupas? Eres la mejor en esto, solo tienes que actuar como yo igual que haces siempre. Sabes lo mucho que amo que me uses de referencia. ―Lereth la tomó por la nuca acercándose a ella, sus frentes se rosaron adhiriéndose―. ¿Sabes? Podemos usar la nueva actualización de SendSense y nos sincronizamos como ahora. Puedo transmitirte mi confianza, tú me envías tu preocupación y nada saldrá mal. Como le dijiste a Leo, es un comodín, ¿cierto? ―La animaba rosándose las narices como esquimales.

―Cierto. ―Le respondió de vuelta.

Ambas usaron sus tarjetas activando el programa de sincronización avanzada. Una sensación corpórea las invadió por dentro, el programa conectaba sus mentes a un nivel neuronal y extrasensorial más allá de simplemente oler o probar un chocolate.

Lereth sentĂ­a el sabor y la textura del pintalabios de Patty en sus labios, incluso se tocĂł para cerciorarse de que no tenĂ­a nada en la boca.

―¿Lo ves? Así somos más fuertes, Patty. ―Una risita alegre se transmitió directo a Patty.

Fue una sensaciĂłn muy amplia, vio a Lereth sonriendo y riendo, pero al mismo tiempo, sentĂ­a como si la alegrĂ­a y risa de su novia saliera de su propia boca. Era extraordinario.

―Me siento muy feliz ―comentó Patty, sobando la majilla de Lereth.

Patty quiso besarla, pero la detuvo.

―Eh, eh. Ya tienes pintalabios, ¿quién es la que no se contradice? ―bromeó con ella.

―Tonta ―siguió la broma con otra risa―. Gracias, Lereth ―observó su tarjeta por unos segundos en silencio―. Llamaré a papá para que no se pierda la transmisión ―comentó sonriente.

―Bien, saluda al viejo de mi parte. Dile que se conecte con nosotras. Le enviaste la actualización también, ¿verdad? ―preguntó Lereth, caminando un poco.

Sole seguía inspirando y regañando al equipo. Como había afirmado Patty, esa noche tenían al patrocinante quizá más importante e influyente del mundo y la había considerado a ella como parte de su estrategia de marketing para el nuevo lanzamiento de su última actualización.

Aunque Patty amaba a su madre, su padre Giorgio era una parte importante de su carrera e inspiraciĂłn, Ă©l habĂ­a sido locutor de radio. Y aunque sus padres habĂ­an tenido una dura ruptura, Patty no dejaba de querer a Giorgio, era el pilar de su estabilidad emocional junto a Lereth.

La tarjeta de Patty comunicaba la llamada con Giorgio, en pocos segundos su padre contestĂł con alegrĂ­a.

―Hola, princesa. ―Se alegró de la llamada―. Antes de que hables, no lo olvidé. Tengo todas las pantallas de mi apartamento sincronizadas para tu transmisión de hoy. ―Se escuchaba un poco de interferencia en el audio.

―Gracias, papá. ―La voz alegre de su padre la reconfortaba―. No estás en tu apartamento, ¿verdad? ―preguntó con ironía.

SabĂ­a que le estaba mintiendo, escuchaba el viento de la ventana abierta del auto, a Giorgio le encantaba conducir con los vidrios abajo.

―Llegaré en un momento, voy a buscar a Chrystal. Sabes que ella te adora, es tu fan número uno ―mencionó, refiriéndose a su amante.

Patty suspirĂł aceptando la excusa, sabĂ­a que no lo hacĂ­a a propĂłsito y en el fondo Chrystal era una buena chica, a pesar de ser la culpable de la separaciĂłn de sus padres. Patty entendĂ­a que esa chica no tenĂ­a la culpa, solo fue el empujĂłn correcto de una ruptura que tarde o temprano serĂ­a inevitable para ellos.

―Descuida, princesa. Chrystal vive solo a diez minutos de mi apartamento. También tengo sincronizada la pantalla del auto ―indicó en voz baja como si fuera un secreto.

Padre e hija siguieron la conversaciĂłn el resto del camino.

PARTE III

Con prisa los asistentes preparaban todo el escenario del set. Estaba todo capacitado y la transmisión empezaría en pocos minutos. Patty seguía hablando con Giorgio relajándose y modulando su voz, ya estaba en el centro de las cámaras y la iluminación resaltaba su precioso rostro como el de una muñeca.

Lereth seguĂ­a observando a su novia con una gracia encantadora. No podĂ­a escuchar la conversaciĂłn de Patty y Giorgio, pero esa quietud que producĂ­a su novia al hablar con su padre, se filtraba de una manera muy amena dentro de ella y la hacĂ­a sentir bien. Lereth aseguraba completamente que Patty harĂ­a su mejor transmisiĂłn esa noche.

―¡Bien, señoritas! ―gritó Sole agitando al equipo―. Última advertencia, ya estamos en cuenta regresiva. ¿Cómo está todo? ―preguntó con seguridad.

El personal respondía enumerando sus tareas. Leo había ocultado todos los cables de la escena y se encargaba de las luces. Patty estaba en escena preparada, seguía hablando con Giorgio, pero a Sole no le importaba que saliera su hija unos segundos con su tarjeta de cristal óptico en la mano actuando con naturalidad, ella era la estrella. El chico del sonido estaba atento a cualquier interferencia. Los controladores en las consolas estaban pendientes si se presentaba alguna eventualidad o si tenían que colocar material de apoyo en la pantalla, todo estaba listo. Inclusive la sincronización automática de subtítulos en más de 153 idiomas.

En la pantalla del escenario apareciĂł el conteo regresivo, faltaban veinte segundos para el streaming mundial.

―Listo. Con esto ya estamos sincronizados, esta actualización es brutal, te enviaré mis mejores vibras ―confesó Giorgio tecleando su tarjeta.

―¡Éxitos, Patty! Eres la mejor, te amo ―gritó Lereth haciendo reír a todos.

―Solo unos segundos, papá. Ya tengo que colgar, no te desconectes del SendSense ―dijo Patty despidiéndose.

―Buena suerte, prince… ¡Oh, mierda! ¡No! ―Del otro lado de la línea se escuchó un estruendoso golpe.

El sonido de las ruedas rapando el asfalto y luego el golpe con un estallido culminĂł la llamada de ipso facto.

―¿Papá…? ―Patty se puso más pálida de lo normal.

La cuenta regresiva llegaba casi al final. Patty no escuchaba a su alrededor, su mente se habĂ­a ido a otro sitio. Su padre ya no estaba literalmente. La sincronizaciĂłn que habĂ­an activado ella y Giorgio era tan perfecta y compatible por ser padre e hija, que todo lo que Giorgio estaba sintiendo del otro lado, ahora Patty lo sentĂ­a en su mente.

Comenzaron a temblarle las manos y la quijada, tenía unas ganas de llorar tan enormes que no supo por qué se aguantó. Giorgio estaba muriendo del otro lado y ella moría con él en ese instante.

Leo se percatĂł de algo inusual en la mirada de Patty, estaba ida y chasqueaba los dientes. Cuando Leo volteĂł para dirigirse a Lereth, ella estaba en el suelo desmayada y le temblaba todo el cuerpo, sufrĂ­a una convulsiĂłn.

―Mierda, justo ahora ―dijo Sole, preocupada―. ¡Leo, ayuda a Lereth, llévala a la enfermería, rápido! ―ordenó, señalando a su yerna en el suelo.

Sin pensarlo dos veces, Leo corrió sosteniendo a Lereth en sus brazos, era más pesada de lo que pensaba.

Patty no sabía qué hacer. Estaba paralizada, enmudecida y desamparada. El SendSense no debería ser tan exacto para actuar de esa manera, se sentía sumergida en un enorme estanque oscuro en el que iba hundiéndose poco a poco, no había luz, no había sonido… solo una presión inconmensurable y agonizante. Estaba sintiendo la muerte de su padre de una manera tan viva y surreal en su cabeza, que durante unos segundos pensaba que realmente moriría también.

Patty dejĂł de sentir a Lereth, su sincronizaciĂłn se habĂ­a acabado, mirĂł a su alrededor buscando a su novia, pero no la veĂ­a. Comenzaba a percibir como sus otros sentidos se apagaban al mismo tiempo que los sentidos de su padre.

No podĂ­a respirar bien, su cuerpo se acalambraba de pies a cabeza, se le secaba la lengua y comenzaba a ver borroso.

PARTE IV

La cuenta regresiva culminĂł y los asistentes en las consolas colocaron la caracterĂ­stica intro del streaming de Patty.

Las luces se apagaron para darle una entrada de suspenso a Patty, apenas su tarjeta iluminaba el set con una tenue luz celeste.

La intro culminó y comenzó el show. La música se atenuó para darle más proyección a la voz de Patty, pero por alguna razón ella no se movía, no hablaba, no hacía nada, estaba estática e inmóvil como una estatua, mirando su tarjeta.

―¿Patty? ―preguntó su madre por medio del auricular oculto en sus orejas―. ¿Qué demonios estás haciendo, cariño? Ya estás en vivo, habla ―cuestionó.

Su hija no reaccionaba. Sole veĂ­a en vivo como si alguien hubiese pausado la transmisiĂłn en directo justo en frente de sus ojos.

―Hoy… ―Patty habló en voz baja―. Esta noche tenemos un anuncio importante ―hablaba un poco entrecortado y no estaba en personaje―. Hoy seremos parte de una misma sincronía… ―comenzaba a hablar.

Los técnicos en las consolas revisaban los datos de la transmisión.

―Señora Sole, ¿Patty hará la publicidad en el primer segmento? ―preguntó uno de los chicos de los controles.

―Sí, sí… coloca el logo de SendSense en la pantalla ―ordenó.

El identificador apareciĂł en la transmisiĂłn al lado de Patty.

―¿Por qué está haciendo esto? ―Se preguntaba Sole.

Estaba segura que tenía que ver con el desmayo de Lereth. Iba a matar a esa chica, estaba arruinando la noche más importante en sus vidas.

―Es un comodín, todos lo usamos. ―Patty seguía hablando, pero su voz estaba en otro sitio, no hablaba con nadie―. SendSense facili… ¿Quieren ver qué hace la nueva actualización? ―cambió repentinamente, acercándose a la cámara, enseñando su tarjeta.

 Sole estaba furiosa, Patty ni siquiera seguía el libreto que le habían preparado.

―Hay que cortar la transmisión, los directivos de SendSense van a matarnos si Patty sigue hablando así… ―Sole se dejó caer en una silla.

―Señora Sole, es imposible. Estamos sobrepasando los números, Patty nunca había llegado a esta cantidad de visualizaciones… ―El chico de las consolas mostraba dígitos enormes en la pantalla.

―Acabo de recibir un mensaje de la plataforma de streaming, van a desconectar a las otras transmisiones para darnos más cobertura en el servidor. ―El otro chico se reía con la cantidad tan abrupta de número de personas viendo el show.

La directora abrió los ojos mirando a su hija y se ajustó lo auriculares, levantándose de la silla.

―¿Quién hubiese imaginado que podíamos llegar a compartir cosas de esta manera? ―Patty se reía con sarcasmo―. ¿Recuerdan cuando solo usábamos los celulares para enviarnos videos, imágenes y sonidos? A estas alturas nadie podría vivir sin enviar un aroma dulce, un sabor… ―La legua de Patty rozó sus labios, pero seguía seca―. Hay gente que usa el SendSense para tener sexo. ―Su discurso no seguía una concordancia.

―Está arruinando todo… ―Sole se llevó la palma a la frente, Patty estaba fuera de control.

―Cada día recibo miles de mensajes de ustedes, ojalá pudiese leerlos todos. Sienten curiosidad de mí, quieren saber cómo soy yo detrás de la pantalla, quieren saber cómo… me siento. ―Patty se acercó más a la segunda cámara a su derecha.

La chica enseñó su tarjeta en la pantalla, el logo de SendSense brillaba con un bonito color anaranjado.

―Ahora podrán hacerlo, con esta nueva actualización sabrán qué siento. ―Sus ojos le temblaban, se notaba que estaba a punto de llorar y la cámara lo captaba.

Los chicos de las consolas también tenían sincronizados los ritmos cardíacos de Patty y desplegaron una imagen de datos. Por órdenes de la directora, revisaban las condiciones mentales y médicas a través de la sincronización extrasensorial de Patty con SendSense. Algo iba mal, sus signos vitales parecían apagados, apenas y una pequeña lucecita roja parpadeaba en su corazón dentro de la silueta de su cuerpo en la pantalla.

―¿Qué te ocurre, hija? ―Sole se llevó las manos a la boca.

―La nueva sincronización es como magia real, podremos compartir sentimientos, cualidades, dolor, frustraciones, pensamientos… verdaderas sensaciones. ―Las lágrimas cayeron como cascadas―. ¿Quieren saber lo qué siento ahora? ―preguntó sonriendo―. Acabo de desbloquear la actualización en línea. Mi perfil… mi perfil está predeterminado ahí, necesito su ayuda, por favor. ―Patty arrugó los labios y se tragó el llanto―. Les compartiré a todos lo que siento ahora… ―intentó limpiar sus lágrimas.

En ese instante Leo irrumpiĂł en el set y corriĂł hacia la directora gritando.

―¡Paren la transmisión! ―Leo zarandeó a la directora―. Lereth está muerta, Lereth murió. ―Le apretaba los brazos a Sole.

PARTE V

La directora intentĂł hablar, pero no saliĂł nada de su boca.

―Patty y Lereth estaban sincronizadas con la actualización. Señora Sole, ¿Qué demonios tiene Patty en su tarjeta? ―preguntaba Leo agitado.

―Siento mucho frío, estoy muy triste… Me duele. ―Patty se llevó las manos al pecho―. Ayúdenme, por favor. Necesito de su calor, necesito su alegría… Sincronicémonos todos ―retornó su mirada a la cámara.

Sole miró a Leo, giró la mirada rápidamente a la pantalla viendo el pequeño punto rojo brillando en el estatus médico de su hija, se iba apagando.

―Les compartiré lo que siento… ―El sonido de su tarjeta sonaba como una ametralladora de mensajes de notificaciones.

―¡Desconecten todo ya! ―gritó Sole.

En una de las pantallas había un conteo no solo de las visualizaciones, sino de toda la gente descargando la actualización y sincronizándose con Patty. El número de personas era inimaginable, Sole sabía que su hija era una de las mayores influencers más grandes del mundo… pero jamás había llegado tan lejos como ahora.

―Señora Sole, esto se está volviendo viral… Actualizan SensSense desde todas partes del mundo ―comentó con la boca abierta uno de los chicos de control.

Algo cayó al suelo, la chica de vestuario que estaba parada en una esquina, ahora estaba en el suelo convulsionando y agitándose, igual que Lereth.

Una campanita de mensaje sonó en las tarjetas. Sole miró la suya, el mensaje decía: «Únete a Patty. Actualiza SendSense».

Sole observó un mapamundi en una de las pantallas que iba indicando la cantidad de gente por zona geográfica que se encontraban conectados con Patty.

Uno de los chicos de la consola, le dio al botĂłn de descargar y se sincronizĂł con la influencer.

―¡Idiota! ¿Qué has hecho? ―Le gritó Sole, quitándole la tarjeta de la mano.

El chico se puso pálido y comenzó una serie de temblores espasmódicos. Se cubrió con los brazos gritando de dolor, sus ojos se curvaron hacia arriba con una expresión aterradora y comenzó a sangrar por la nariz.

Sole vio la pantalla en la tarjeta del chico. Estaba abierto el perfil de Patty bajo una sincronización extrasensorial perfecta. Pero la foto del perfil de su hija estaba en blanco y negro, su estatus aparecía como: «Difunta».

Los ojos de Sole hicieron un corto y rápido recorrido: vio a Leo mirando su tarjeta, se dirigió a las pantallas de la consola; el mapamundi estaba repleto con destellos de todas las personas conectadas a su hija. Luego vio el perfil médico de Patty, estaba completamente apagado y sin signos vitales.

Justo cuando miró más allá de las pantallas, visualizando a su hija en medio del set. La vio de pie, estática, con la nariz, los ojos, la boca y las orejas cubiertas de sangre.

Sole intentó correr hacía ella, pero un apagón desconectó la electricidad cubriéndolo todo en negro, la falla comenzaba a interferir con los demás sistemas. La directora se tropezó con unos cables y cayó al suelo.

Su propia tarjeta se deslizó debajo de una máquina.

―¡Patty! ―gritó Sole, arrastrándose para coger su tarjeta y poder iluminarse.

Los pequeños brillos de las tarjetas de los presentes irradiaban de a poco. Los camarógrafos cayeron igualmente al suelo, exactamente igual a la chica del vestuario y el chico de la consola.

―¿Qué has hecho, Patty? ―La frustración le humedeció los ojos.

―¡Señora Sole! ―gritó Leo desde el otro lado―. Ya es muy tarde, no se puede detener… está en todas partes ―declaró el chico, su tarjeta se deslizó de sus manos cayendo al suelo.

Sole se arrastró metiendo la mano debajo de la máquina para coger su tarjeta. Necesitaba saber qué estaba pasando, iba a llamar a los directivos de SendSense.

Pero cuando tuvo su tarjeta en las manos, se dio cuenta que había presionado sin querer el botón de actualizar. Estaba sincronizándose con su hija.

―Patty, no… ―Fue lo último que pudo decir antes de formar parte de la red viral.

FIN

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