Una Parte de M√≠ ūüß™

(Escrito por Augusto Andra en el a√Īo 2020)

El Dr. Oliver Siven tiene una dualidad en su mente. En su vida diaria es Oliver, un hombre solitario y de pocos amigos. Su contraparte es el Dr. Siven, un extraordinario cirujano de mucho prestigio. Ambas personalidades conviven en su mente de una manera retorcida y amorosa, hasta que llega el momento que un raro acontecimiento quiz√° les permita separarse.

√ćNDICE

PARTE I

La luz verde del pabell√≥n del hospital Santa B√°rbara indicaba la hora de trabajar del Dr. Oliver Siven. El mejor cirujano de la ciudad y probablemente de todo el estado ‚Äēincluso podr√≠a decirse que hasta del pa√≠s‚Äē. Sin embargo, la rutina m√©dica marcada por esas lucecitas en el tablero del quir√≥fano, ‚Äētodos los d√≠as, de rojo a verde y viceversa‚Äē, comenzaban a cansar al Dr. Siven. ¬†

Amaba su trabajo como m√©dico cirujano, su dedicada labor extremadamente cuidadosa, minuciosa y detallista en la sala de operaciones era lo que m√°s le encantaba; adoraba manejar los instrumentos quir√ļrgicos. La sangre, el olor de los cuerpos, el metal de los instrumentos y el aroma de las medicinas y l√≠quidos le encantaba. Cortar, perforar, romper, coser, suturar y quemar, era su paci√≥n.

Pero hablar con los pacientes previo o despu√©s de una operaci√≥n era algo que aborrec√≠a. Desde hac√≠a mucho antes de convertirse en el mejor cirujano de todos, Oliver no era una persona muy amena de hacer amigos o entablar conversiones, la t√≠pica persona la cual los ancianos, ‚Äēpor alguna raz√≥n extra√Īa‚Äē, se acercaban a preguntarle cosas en una fila y √©l por cortes√≠a respond√≠a sin muchos √°nimos para no hablar.

Siendo un m√©dico profesional no le quedaba m√°s remedio que hablar con sus pacientes. Explicar los m√©todos quir√ļrgicos e incluso calmar a las personas o subirles el √°nimo, era necesario en su trabajo.

Oliver era solitario y muy ordenado. ‚Äēdemasiado organizado‚Äē. Nunca hab√≠a tenido ni un solo amigo, ni siquiera en sus a√Īos de estudios de medicina en la universidad, ‚Äēpor ende‚Äē, tampoco alguna novia. Sus padres hab√≠an muerto muy j√≥venes y se cri√≥ pr√°cticamente solo al cuidado de un abuelo muy enfermo y un t√≠o lejano con muchos recursos, que solo le enviaba dinero para sobrevivir y pagar los estudios universitarios.

Raz√≥n por la cu√°l Oliver no gustaba de crear lazos con personas, simplemente porque no sab√≠a c√≥mo. Cuando se convert√≠a en el Dr. Siven, era una persona distinta, un papel que √©l mismo hab√≠a ideado para no perder su trabajo y realizarlo de la mejor manera posible. Un alter ego de su persona para poder trabajar y cuidar de sus pacientes, pero no era m√°s que eso: un papel, un personaje, una ficci√≥n, una mentira muy bien planteada. Inclusive hasta √©l mismo cre√≠a que el Dr. Siven exist√≠a paralelo a su realidad, pensando en algunas ocasiones qu√©, ‚Äēsi de verdad pudiese tener un amigo real‚Äē, sin duda ser√≠a el Dr. Siven.

A medida que pasaban los a√Īos, Oliver poco a poco germinaba esa idea en su cabeza, el Dr. Siven era su √ļnico amigo, la √ļnica persona en el mundo que pod√≠a entenderlo ‚Äēy c√≥mo no‚Äē, si compart√≠an gustos por todo. Hubo d√≠as que hablaba con √©l mismo en su mente al observar a las enfermeras paseando por el hospital, le gustaba un par de chicas y no era que no tuviese el coraje para hablarles o invitarlas a salir, ‚ÄēOliver no quer√≠a‚Äē, pero el Dr. Siven lo convenc√≠a algunas veces de hacerlo. De alguna manera, la compatibilidad de ambas personalidades creaba casi un tercer personaje, un Dr. Oliver Siven que era reservado, pero astuto y atrevido, que no solo gustaba de mujeres, sino de cualquier cosa que le produjera satisfacci√≥n sexual. Porque en su retorcida mente, pensaba que se hac√≠a el amor a √©l mismo.

A pesar que el Dr. Siven era más atrevido, cordial y amistoso, algunas veces tenía un fuerte temor en perder a Oliver.

En ocasiones su verdadera personalidad desaparec√≠a por d√≠as, enclaustrada en lo profundo de su mente. Hasta que en alg√ļn acto sexual o de √≠ntima procedencia, ‚Äēsentimental‚Äē, surgiera en su cabeza, entonces Oliver volv√≠a a aparecer. Trabajar como m√©dico preocupaba a este hombre, porque la personalidad del Dr. Siven, ‚Äēesa personalidad inventada‚Äē, estaba tomando el control de sus d√≠as, su vida se convert√≠a en mentira, viviendo una eterna mascarada, luchando en una dualidad en su cabeza que √©l mismo sab√≠a que ocasionar√≠a graves consecuencias.

PARTE II

El Dr. Siven rebosaba una emoci√≥n gustosa, hab√≠a convencido a Oliver de llevarse a una de las nuevas enfermeras a la cama, una hermosa chica pelirroja muy joven y atractiva. A sus 35 a√Īos, Oliver todav√≠a se ve√≠a como un chico bastante joven, ‚Äēpor lo cual‚Äē, debido a su atractivo f√≠sico y su extra√Īo cuidado higi√©nico y deportivo, era sumamente deseado por las mujeres.

Sin embargo, ‚Äēen su cabeza dual‚Äē, no giraba el hecho de que esa noche se acostar√≠a con la chica, sino que volver√≠an a estar juntos otra vez, Oliver y Siven en una sola funci√≥n sexual.

Después de una amena charla en una cena, El Dr. Oliver Siven llevó a la chica a su apartamento y sin más preámbulos ella se le echó encima. Ambas mentes se sincronizaron para complacer a la chica, simplemente ella era un medio por el cuál Oliver y Siven conseguirían satisfacerse.

De repente, el acto se complic√≥. Esa particular chica era demasiado agresiva para √©l, ‚Äēle gustaba el dolor‚Äē, le gustaba m√°s la rudeza y el Dr. Oliver Siven no estaba acostumbrado a ese extra√Īo sentimiento‚Ķ pero comenz√≥ a gustarle. Ella lo ara√Īaba con fuerza, dej√°ndole marcas en la espalda, tambi√©n lo mord√≠a encaj√°ndole los dientes con ah√≠nco. Durante sus besos, la pelirroja pronunciaba palabras raras, ‚Äēquiz√° en otro idioma‚Äē, que no pod√≠a entender. La chica pidi√≥ desesperadamente que la ahorcaran y en medio de las embestidas sexuales con el Dr. Oliver Siven estando encima de ella, √©l comenz√≥ a apretarle el cuello desvaneciendo su propia mente.

En su cabeza ambas personalidades compart√≠an ese nuevo sentimiento sadomasoquista, un dolor sexual abrupto y fascinante, hacer da√Īo y recibirlo era excitante. Tanto as√≠ que cuando ahorcaba a la chica, Oliver sent√≠a que ahorcaba a Siven y Siven sent√≠a que ahorcaba a Oliver. ¬†

Al volver en sí, sus manos apretaban demasiado el cuello femenino, la chica estaba cambiando de color. El Dr. Oliver Siven se percató que él mismo estaba sangrando, había recibido varios golpes en la cabeza por parte de la chica, pero no los había sentido al estar perdido y divagante en sus pensamientos.

Por alguna razón, las manos no aflojaban, pero la chica fue lo suficientemente astuta como para extender el brazo, coger la lámpara de la mesita de noche y estampársela en la cabeza al doctor.

El golpe le abrió una zanja en la sien y lo tumbó fuera de la cama. La chica tocía de rodillas en las sábanas, maldiciendo al médico.

El Dr. Oliver Siven jaló una almohada para colocársela en la cabeza y parar el sangrado. Por poco mata a la chica y esa sensación lo había excitado como nunca antes alguna sensación lo había hecho en su vida. Quería más, quería ser él quién le diera fin.

La chica seguía ahogándose y tocía tratando de aclarar su garganta. Por otro lado, el Dr. Siven se levantó saliendo de la habitación, a pocos minutos llegó con una venda en la cabeza y un bisturí en la mano.

Justo en el instante cuando el Dr. Siven quiso lastimar a la chica con el escalpelo, ella lo mir√≥ de reojo y detuvo el brazo del doctor con su mano. Oliver no acreditaba la fuerza que ten√≠a la chica, ‚Äēmucho mayor que la de √©l‚Äē, pero supuso que era causada por una incre√≠ble acumulaci√≥n de adrenalina. Lo cierto es que la chica pudo tumbar al Dr. Siven al suelo y le quit√≥ el bistur√≠ apu√Īal√°ndolo en el pecho varias veces, ‚ÄēOliver levant√≥ la mano‚Äē, pero sirvi√≥ de poca ayuda, la fuerza desquiciada de la chica le cort√≥ varios dedos, que rodaron por el suelo.

El Dr. Oliver Silven aprovech√≥ un peque√Īo agujero en el comportamiento de la chica cuando empez√≥ a toser nuevamente y se levant√≥ tumb√°ndola. La mano le dol√≠a con un intenso calor, le faltaba los dedos: me√Īique, anular y medio; del pecho le brotaban peque√Īos chorros de sangre que empapaban todo el suelo. Pero por alguna raz√≥n, no se sent√≠a mareado.

De una patada golpe√≥ a la chica por la costilla d√°ndole vuelta, el escalpelo rod√≥ por el suelo debajo de la cama. Con su mano buena tom√≥ a la chica por las gre√Īas y la pate√≥ varias veces en el est√≥mago para que se aplacase. Hubo un momento de silencio por parte de ambos, la chica agonizaba y el Dr. Oliver Siven no sab√≠a qu√© hacer, ‚Äēquer√≠a matarla‚Äē, pero no contaba con el tiempo suficiente, √©l tambi√©n necesitaba atenci√≥n m√©dica.

Sosteniéndole el cabello con fuerza, la arrastró hasta la ventana y la estampó contra el vidrio, la chica sabía lo que venía a continuación. No pudo hacer nada más que gritar cuando el Dr. Oliver Siven la defenestró.

PARTE III

Las autoridades llegaron a los pocos minutos de que el propio Dr. Oliver Siven los llamara. La polic√≠a recogi√≥ el cuerpo de la chica que afortunadamente no hab√≠a causado da√Īos a terceros al caer del quinto piso.

La coartada del doctor era evidentemente convincente, la chica se había vuelto loca y lo atacó sin previo aviso, el la ahorcó para defenderse, una cosa llevó a la otra y terminó empujándola fuera de la ventana.

Minutos despu√©s una oficial llam√≥ por radio a la central para buscar expedientes de la chica, que ocultaba algunos otros casos de agresi√≥n con exparejas, puntuando m√°s la defensa del doctor quedando pr√°cticamente libre de cargos, ‚Äēpor supuesto ten√≠a que declarar los hechos ante un jurado‚Äē, cosa que no le molestaba, √©l era un prestigioso m√©dico en la ciudad y ten√≠a el suficiente dinero para pagarse un buen abogado.

Todo este embrollo no era lo que rondaba por la cabeza del Dr. Oliver Siven, su decisi√≥n de asesinar lo segu√≠a excitando, quer√≠a hacerlo de nuevo. Y hab√≠a algo mucho m√°s l√ļgubre ante todo el asunto. Antes de que las autoridades llegaran, tuvo que hacerse los primeros auxilios y tapar con gasas los agujeros que el bistur√≠ le hab√≠a hecho en el pecho, tambi√©n apresuradamente vend√≥ sus dedos explic√°ndole a la polic√≠a que trajera una ambulancia con urgencia.

Lo m√°s extra√Īo era que no sent√≠a ni el m√°s m√≠nimo dolor, verse al espejo fue como ver a un paciente ensangrentado despu√©s de alg√ļn accidente, una escena ambigua y extra√Īa. Cuando fue a buscar los dedos en el suelo para meterlos en una bolsa de hielo, se le hel√≥ la sangre. Los dedos estaban en el suelo, ‚Äēpero no eran iguales‚Äē, algo los cambiaba, se mov√≠a por si solos, crec√≠an y se retorc√≠an como peque√Īos gusanos de seda gruesos y grotescos. Era algo inexplicable. ¬†

Los dedos parec√≠an hincharse y crecer, ¬Ņacaso era obra de lo que hab√≠a pronunciado aquella chica? Ella no era una enfermera cualquiera, ‚Äēocultaba algo m√°s‚Äē, algo m√°s macabro.

La mano del Dr. Oliver Siven lat√≠a con intensidad al aproximarse a los dedos. De repente, hab√≠a sentido una necesidad muy grande de tocarlos con su mano da√Īada. Desvend√≥ los dedos heridos y con la otra mano, tom√≥ el dedo medio del suelo y lo acerc√≥ a su mano cercenada. Unos hilos de carne como peque√Īos tent√°culos surgieron de las heridas y se acoplaron entre s√≠, como si de unas piezas de rompecabezas se tratasen. El dedo se movi√≥ ajust√°ndose y calando en su mano, ‚Äēcomo si nunca lo hubiesen cortado‚Äē, sin cicatriz, sin marcas, sin molestias, sin nada. Del mismo modo cogi√≥ el dedo anular del suelo y lo ajust√≥ a su mano fusion√°ndolo con su piel.

El Dr. Oliver Siven se qued√≥ viendo el dedo me√Īique tirando en el piso, cubierto de sangre y movi√©ndose espasm√≥dicamente. Una idea abstracta surc√≥ su cabeza, busc√≥ un frasco grande de mermelada que estaba casi vac√≠o en su refrigerador, lo limpi√≥ he introdujo el dedo adentro.

Hab√≠a notado algo muy particular, ‚Äēa pesar de que el dedo me√Īique es el m√°s peque√Īo de todos‚Äē, aquel dedo cortado se ve√≠a m√°s grande y largo, como si estuviese creciendo de alguna forma; se expand√≠a reconstruy√©ndose poco a poco. El Dr. Siven pens√≥ en guardar el frasco y traer despu√©s un poco de Celsior para preservar el dedo en mejores condiciones.

Luego de que las autoridades llegaran, Oliver inventó la escusa que la chica cortó su dedo con el bisturí justo cuando la arrojó por la venta y que probablemente el dedo se habría perdido en la caída.

Los policías se apenaron mucho al buscar minuciosamente el dedo por las calles sin encontrar nada.

PARTE IV

Las horas y los días transcurrían normalmente, al Dr.  Siven no le había afectado en su trabajo el hecho de haber perdido uno de sus dedos, seguía siendo el mejor cirujano de todos.

Por otro lado, el dedo en su casa seguía creciendo. Reposado dentro del frasco y resguardado por la solución líquida, aquel apéndice de su mano poco a poco lucía más como una persona.

Cada noche el Dr. Siven sacaba el frasco de su armario, lo posaba en una silla frente a su cama y le hablaba a la criaturita como si fuera Oliver.

Aquella cosa parec√≠a un embri√≥n, como si el dedo hubiese sido fecundando por alg√ļn esperma paranormal, creado por el hechizo de esa chica.

El Dr. Siven hab√≠a investigado un poco, ‚Äēadicional a las pruebas que la polic√≠a le hab√≠a dado‚Äē. Esa chica a pesar de ser una buena enfermera, ten√≠a hobbies muy extra√Īos y arraigados a las practicas de brujer√≠a y artes oscuras. Al principio el Dr. Siven no cre√≠a en ello, pero el hecho de curarse tan r√°pido y aquel fen√≥meno de crecimiento apresurado frente a sus ojos, no pod√≠a generarle alguna duda de que esa chica hab√≠a conjurado algo incomprensible para la ciencia y la medicina. Esa cosa era real y no era de este mundo, lo cierto era es que s√≠ era parte de √©l.

Todas las noches antes de dormir, destapaba el frasco y se hac√≠a una cortadura en el antebrazo para darle un poco de su sangre. Ten√≠a la teor√≠a que mientras m√°s ADN le suministrara, m√°s r√°pido crecer√≠a ese peque√Īo hom√ļnculo clonado de su ser.

 

Meses despu√©s, aquel clon crec√≠a desmesuradamente. El Dr. Siven hab√≠a comprado una pecera especial vertical para depositar al hom√ļnculo adentro. A esas alturas ya parec√≠a un beb√© reci√©n nacido de unos diez meses.

Cada noche se volv√≠a m√°s excitante para el Dr. Siven. Hab√≠a hablado tantas veces con Oliver a trav√©s de ese clon, que Oliver pr√°cticamente hab√≠a desaparecido en su cabeza. El Dr. Siven se hab√≠a apoderado del cuerpo original y presum√≠a, juraba y aseguraba que ahora Oliver estaba dentro del hom√ļnculo.

Las ansias por la espera lo desesperaban a escalas monumentales, necesitaba ver a Oliver madurado, listo para la vida, listo para estar con √©l de nuevo. Hubo noches que se lamentaba de no ser una sola persona, pero se recuperaba al comprender que pronto estando en cuerpos distintos, se amar√≠an como si fueran de nuevo un mismo y √ļnico ser.

A medida que pasaba el tiempo, el Dr. Siven perdía más fuerzas, su mente no estaba concentrada, el trabajo en el hospital se le dificultaba y perdía facultades. Le recomendaron tomar unas vacaciones y descansar.

El cuerpo de Oliver crec√≠a espl√©ndidamente, como si el mejor de los cultivadores hubiese puesto su empe√Īo en hacerlo madurar, ‚Äēen este caso el propio Dr. Siven don√°ndole su sangre‚Äē, pero en cierto punto hab√≠a sido demasiado.

El Dr. Siven estaba flaco, p√°lido y cansado. A diferencia del cuerpo de Oliver, fuerte, macizo y vigoroso.

Luego de tres meses, Oliver ya se ve√≠a como un adulto. El Dr. Siven extra√Īaba la voz de Oliver, hab√≠a dejado de escucharla el √ļltimo mes, necesitaba tocar ese cuerpo desesperadamente, ansiaba tener de vuelta a Oliver.

De improviso, aquel hombre en la pecera abri√≥ los ojos, no eran los comunes ojos verdes de Oliver, ten√≠an un color amarillo muy intenso, ojos parecidos a los de un reptil. El doctor se acerc√≥ a la pared de vidrio rozando con su mano la superficie h√ļmeda. Del otro lado, Oliver pos√≥ su mano frente a la de su contraparte y el vidrio estall√≥. El agua se desbord√≥ llenando toda la habitaci√≥n, el Dr. Siven estaba en el piso tosiendo, le hab√≠a entrado un poco de agua en la boca.

El doctor supo que algo no iba bien. Con una repentina agresividad, Oliver lo cogi√≥ del cabello y le dio unas patadas en el est√≥mago. Luego lo arrastr√≥ hasta la cama y lo arroj√≥ encima del colch√≥n. El reci√©n despertado se coloc√≥ encima del doctor y comenz√≥ a besarlo desenfrenadamente y le quit√≥ la ropa a tirones. El Dr. Siven no ten√≠a fuerzas, ni mucha voluntad para responder, ‚Äēestaba confundido‚Äē, no sab√≠a si dejarse llevar por la excitaci√≥n de estar de nuevo con Oliver, o preocuparse por la extra√Īa manera del comportamiento de su otra parte.

Las fuertes manos de Oliver se posaron en el cuello del doctor y comenzaron a apretarlo con extrema fuerza. El doctor trató de golpearlo, sus brazos no contaban con la suficiente fuerza como para derribar a un cuerpo bien dotado y recién nacido. Estaba muriendo, trató de buscar algo en la mesita de noche para golpearlo, pero no había nada… justo en ese instante recordó la vieja lámpara que la chica había usado meses atrás para golpearlo en la cabeza y se había roto.

Antes de su √ļltimo aliento, fue entonces cuando mirando directamente a los ojos de Oliver, entendi√≥ que esos ojos amarillos, furiosos y vengativos, no eran los de √©l, se ve√≠an iguales a los de aquella chica pelirroja que hab√≠a defenestrado.

FIN

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