Asueto Inmortal đź’€

(Escrito por Augusto Andra en el año 2021)

Durante los viernes por la noche, en la curva de una peligrosa carretera, un grupo de adolescentes esperan escondidos en la maleza a que se acerque el próximo auto. Un juego extremadamente sádico y sangriento los excita para participar. Arrojarse a la carretera para que los atropellen y apostar para ver si el conductor se queda o se va, parece que es algo divertido entre los inmortales. ¿Qué apostarán esta noche?

ĂŤNDICE

PARTE I

Los Ăşltimos vestigios de sol del crepĂşsculo rebotaban en el asfalto de la carretera. Se hacĂ­a muy tarde y el calor en el asfalto se convertĂ­a en un tenue frĂ­o que aumentaba, entre tanto la luz del cielo se ocultaba en el horizonte.

La ruta de Sanit Token no era muy transitada por los vehículos, ―aunque era una vía rápida―, solo de vez en cuando se escuchaba el rugido de un motor a toda velocidad, y un agudo frenazo de las llantas al pasar por la curva para desacelerar. Ergo, las noches en Sanit Token eran aún menos frecuentadas.

Sin embargo, al igual que todos los viernes por la noche, ellos se encontraban allĂ­, ocultos tras la maleza al borde de la carretera, tratando de ocultar la maliciosa risa traviesa, incluso antes de cometer sus fechorĂ­as de adolescentes.

―¿Quién será el primero de hoy? ―preguntó Roy.

Esa noche llevaba una chaqueta negra muy ajustada. Al igual que los demás, habían decidido vestirse de negro todos los viernes, una manera de camuflarse mejor en la noche. El detalle de Roy era que el inconfundible color rojizo en su cabellera llamaba demasiado la atención, y mucho más con ese peinado punk con una cresta en punta, cosa que se negaba rotundamente en ocultar.

―Las mujeres primero, ¿verdad? ―levantó la mano Naty con su particular risa pegajosa.

Ella vestía un suéter negro con las mangas demasiado largas y llevaba dos coletas negras hacía arriba, ajustando su cabellera rubia con algunos mechones tintados de rosa. A simple vista, Naty siempre llamaba más la atención que Roy, pero por el simple hecho de molestar al chico, todos lo fastidiaban con eso.

―Siempre nos jodes con eso de las mujeres primero, Naty ―sumó Rafa―. ¿Qué tal los mayores primero? Así siempre comienzo yo ―señalaba a Naty con su mano enguantada de negro.

Rafa era el mayor sin duda y por ende el más precavido, su vestimenta era la más oscura de todas. Incluso llevaba guantes, un pasamontaña, y se ensuciaba los cachetes gordos con arena.

―Eres el mayor y el más inmaduro de todos, Rafa ―agregó Ingrid, golpeándolo suavemente en el hombro―. Pero tienes razón, Naty siempre anda jodiendo con eso, ¿Por qué no soy la primera? También soy mujer ―presumió, escupiendo entre la maleza.

―No lo pareces, eres más hombre que Roy ―comentó Diego conteniendo su risa, pero no pudo evitarla cuando escuchó a Naty reír con fuerza.

―Te voy a golpear tan fuerte en la cara que tus ojos se te saldrán por el culo, bastardo ―amenazó a Diego, casi levantándose del suelo.

Ingrid y Diego eran hermanos, de esos que no se llevan muy bien, pero siempre andaban juntos protegiéndose, una combinación rara. Al igual que los demás, ambos llevaban prendas oscuras; Diego portaba su gorra favorita con el dibujo de un lobo arriba. A Ingrid siempre le lucían sus brazos musculosos y su pintalabios negro, llevaba una cola en trenzas con algunos mechones de cabello pintados de verde sobre negro.

―No levanten la voz, idiotas ―reclamaba Roy, tapándose la boca con el dedo índice―. Puedes ir primero, Ingrid. Da igual quien comience, lo importante es saber qué vamos a apostar hoy. ―El chico dio el inicio para el interés de todos.

PARTE II

Antes de que cada uno se moviera para acercarse a Roy, escucharon movimientos en la maleza algo torpes y quejumbrosos. Luego escucharon una voz familiar; la de un niño.

Ingrid sacó su navaja de bolsillo y se colocó en frente de los demás. Ya les había ocurrido eso antes, hubo un viernes que Naty fue atacada por un coyote que rondaba por ahí y Roy la tuvo que defender a palazos, mientras los demás se ocupaban del asunto en la carretera. Había sido todo un lio y dejaron de jugar dos viernes seguidos por eso, los maestros casi los habían descubierto.

―¿Estás loca? ―dijo Rafa en voz baja, tocando la mano donde Ingrid llevaba la navaja―. Es un niño, ¿no escuchaste la voz? ―Le preguntaba nervioso.

―No me quiero arries… ―Una cara se asomó y sin pensarlo dos veces Ingrid le clavó la hoja en la cara al niño.

El pequeño cayó al suelo con solamente la empuñadura de la navaja saliéndole de un ojo. Diego saltó y le tapó la boca al niño para que no gritara. Le susurraba lentamente al oído para calmarlo.

―Mierda, mira lo que haces, estúpida. ―Roy señalaba al niño―. Es el puto hijo del Maestro Baralt, maldición. ―Se tomaba de los pelos enojado.

―Tranquilos, tranquilos. ―Rafa levantaba las manos para tratar de calmar todo―. Él es igual que nosotros, no pasa nada, ¿verdad? ―preguntaba un poco nervioso.

―¿Ves cómo eres el más inmaduro, Rafa? ―mencionaba Naty con otra risita―. Claro que va a estar bien, pero nos va a delatar. ―Se acercó al niño para sobarle el cabello y secarle la frente.

―¡Shh! ―Diego los calló a todos―. ¿Cuál es su nombre? ―preguntó, aun presionando la boca del chico.

El niño estaba tirado en el suelo, amordazado por las manos de Diego con el peso encima de un adolescente fornido de 17 años.

―Aris, su nombre es Aris ―respondió Roy.

―¿Qué clase de nombre es ese? Tiene nombre de chica ―dijo Ingrid observándolo mejor, al niño se le salían las lágrimas mezcladas con sangre.

―Y hasta parece más niña que tú ―mencionó Rafa, un pensamiento que se le escapó y sorprendió a Ingrid.

―Vaya, cada día se te suelta más la lengua, Rafa. ―Lo alagó un poco golpeándolo de nuevo en el hombro―. Deja de juntarte tanto con mi hermano, idiota. ―Y le sacudió el pasamontaña para molestarlo.

―Quieren callarse, estoy tratando de calmarlo. ―Se enojó Diego―. Bien, Aris. Eres un tipo duro, ¿verdad? Vas a salir de esta. ―A Diego se le daba bien hablar con la gente―. Con mi otra mano libre voy a sacarte el cuchillo de un solo jalón. Va a dolerte, no te voy a mentir, pero en cierto punto te va a gustar… y mucho. ―Con suavidad, la mano de Diego sostuvo el mango de la navaja―. Puedes morder mi mano para aguantar el dolor. ―Le hundió varios dedos en la boca.

―Es el hijo del Maestro, seguro le han hecho cosas peores. Claro que va a aguantar ―insinuó Naty con otra risita y volvió a sobarle el cabello al niño rubio.

Diego apretó la mano con fuerza en el mango, un pequeño hilo de sangre brotó al moverlo y de un tirón retiró la hoja del ojo, chorreando la sangre del niño entre el suelo y su mano.

Después de un grito ahogado, el niño se tiró al suelo y comenzó a vomitar. Diego se arrastró hacia atrás alejándose de Aris.

―¿Te encuentras mejor? ―Le preguntaba Naty al niño, le sobaba la nuca ayudándolo a vomitar.

            ―Estoy mejor… ―habló por primera vez, su voz seguía quebrantada por el llanto.

―Fuiste muy valiente, mira cómo me dejaste la mano. ―Diego enseñaba su mano mordida.

Los demás no sabían si la sangre que seguía corriendo entre los dedos era la suya o la del niño.

―Estoy mejor, estoy mejor… ―repetía Aris, como si alguien le volviese a preguntar lo mismo.

El niño se incorporó limpiándose los restos del vomito con la manga de su suéter azul, la prenda estaba arruinada, ―tenía manchas de sangre, tropezones de vomito y bilis―, además de estar todo sudado y lleno de tierra. Aris era de esos niños con la cara demasiado angelical, demasiado tierna e inocente. El cabello castaño casi rubio acentuaba más su delicada presencia, su rostro parecía de porcelana y terciopelo, a excepción de ahora que tenía un agujero en la cara y el ojo izquierdo destrozado. Tenía once años, pero parecía un pequeño de ocho.

―Aris. ―Roy se acercó para hablarle―. Aris, niño, ¿Cuánto tiempo te lleva? ¿Cuál es tu récord? ―Le preguntaba cogiéndolo de los hombros.

―¿Cómo va a saber eso, Roy? Es un bebé, tiene como 8 años. ―Se quejaba Ingrid, buscando su navaja en el suelo.

―Primero tienes que disculparte, Ingrid. Te dije que no hicieras nada y mira lo que pasó. ―Rafa la tomó del brazo de nuevo, a pesar de ser un gordito no tan valiente, tenía una fuerza bastante considerable.

―Yo ya sabía mis tiempos a su edad y seguro que tú también, Ingrid ―aclaraba Roy, revisando el hoyo en el rostro del niño―. Así que ven y discúlpate con Aris antes de que esto se ponga peor. ―La miró con una cara tan aterradora como obstinante, la situación estaba rebasando sus límites de paciencia.

Ingrid escupió al suelo y guardó su navaja, caminó arrodillada hasta el pequeño, estuvo a punto de hablar cuando el niño respondió algo.

―Puedo hacerlo ―habló respirando con fuerza―. Diez minutos, es solo un ojo… es solo un ojo ―repitió otra vez.

―Está bien, niño. Te ofrezco mis disculpas, pero cúrate rápido y vete de aquí ―respondió Ingrid y todos la miraron con enojo.

Roy la haló de los hombros tumbándola al suelo, Ingrid se quejó, pero guardó silencio para no hacer otra escena.

―Vamos, Aris. Tú puedes, yo ya curé mi mano. ―Diego enseñó su mano, los dedos estaban intactos y perfectos.

El niño se limpiaba la sangre y la tierra de la cara, respiraba con agitación, pero poco a poco se calmaba. Seguía mirando al suelo y aunque estaba oscuro, ―apenas con la poca luz de la luna iluminando entre la maleza―, veía su sangre secarse lentamente entre la arena negra. De repente, subió la vista y sintió la mirada de todos sobre él.

―Diez minutos está bien, comienza. ―Le sugirió Roy alentándolo.

Aris se sentó cruzando las piernas y aguantó la respiración. Su cara se coloró y los cachetes se le inflaron. Los pliegues sueltos de la carne y restos del ojo que le guindaban se movieron como pequeños gusanitos, la sangre le comenzó a hervir brotando burbujas que explotaban constantemente como si fuera una sopa caliente. La carne comenzó a unirse, los tejidos se acoplaban entre sí, formando nuevamente la estructura molecular de un ojo que nuevamente tenía vida y visión. La esfera ocular estaba completada, era como una enorme canica llena de venas rojas, un hilo grueso de carne y venas, y una hermosa pupila con iris azul marino. El resto del rostro se acomodó cubriendo el ojo, y la cicatriz se tapó como si nunca hubiese ocurrido; inclusive el poco vello que había perdido en la ceja y pestañas había crecido como si nada.

―Un poco más de diez minutos, pero está bien. Los ojos son difíciles de reconstruir ―mencionó Rafa, acercándose al chico para examinarle el ojo.

PARTE III

Hubo un silencio eterno e incĂłmodo. Los chicos no sabĂ­an que hacer en esa particular situaciĂłn; habĂ­an lastimado gravemente al hijo menor del mismĂ­simo Maestro Oen Baralt, jefe de los clanes, escriba y lector del libro de los inmortales.

Diego se arrastró de rodillas quedando frente al niño, le regaló una sonrisa vacía e irreflexiva y se sentó con las piernas abiertas.

―Eres bueno, Aris. Yo me he roto la columna entera, las rodillas, se me han salido los intestinos, hasta una vez Naty me mordió aquí abajo y sangre un montón ―dijo señalándose la entrepierna riéndose un poco.

―¡Hey, tonto! Prometiste que no le dirías a nadi… ―Naty se tapó la boca con ambas manos sonrojada.

Los demás aguantaron las carcajadas e Ingrid silbó burlándose de su amiga.

―Fuu, así que eres de las que muerde, ¿Eh, Naty? Ni siquiera yo me atrevo a eso. ―Ingrid se mofaba mordiéndose el dedo índice para imitar a Naty.

―Los voy a matar… ―Naty frunció el ceño cruzando los brazos.

Aris seguĂ­a mudo, escuchando y analizando la conversaciĂłn de unos adolescentes.

―En fin. Eres bueno, reconstruir cosas pequeñas y detalladas no es fácil, no por nada eres el hijo del Maestro Baralt. ―Diego hizo un par de aplausos que no sonaron―. Crear un ojo me habría tomado más de diez minutos, a cualquiera de nosotros en realidad. Ellos solo están fanfarroneando ―aceptó mostrando esa sonrisa vacía de nuevo.

―Maldición, Diego, ¿Qué coño estás diciendo? ―Esta vez fue Roy quién se quejó, apretándole con fuerza el hombro a Diego.

Su compañero levantó la mano calmando a Roy y chistó para callarlo.

―¿Por qué viniste aquí, Aris? Sabemos que no es mera coincidencia. ―La mirada de Diego lo penetró incluso más fuerte y filoso que la navaja de Ingrid.

―Sí, ¿Qué es lo que sabes? ―agregó Rafa, señalándolo.

A Aris le temblaron los labios antes de hablar.

―Yo… yo no sé nada ―confesó, tragando saliva―. Quiero saber qué hacen, ¿A qué juegan? ―preguntó sonrojándose.

―¿A qué jugamos? ―se burló Ingrid, molesta―. Aquí no jugamos, niño. ―Y le mostró su cuchillo girándolo en su mano, la luz de la luna destelló con un brillo reflejado en la navaja.

―Son cosas de adultos, deberías marcharte ―contestó Roy, moviendo una de sus manos para espantar al chiquillo.

―¿Si te dejamos jugar prometes no decir nada? ―cuestionó Diego.

El niño asintió moviendo la cabeza lentamente y volvió a tragar un cúmulo de saliva. Diego sabía que si lo espantaban así de fácil hablaría con algún superior y los delataría, era una mejor idea dejar que jugara con ellos y que él mismo se asustara después.

―Sí, sí. Dejemos que él vaya primero. ―Naty se emocionó abrazando al niño.

―No me parece buena idea, muchachos. ―Rafa se preocupó interviniendo―. Esto no es reconstruir un ojo… es mucho más difícil. ―Los invitaba a reflexionar más.

―Eres imbécil, Rafa. El pequeño es el hijo del Maestro Baralt, seguro lo entrenan peor que a nosotros. Viste lo rápido que creció ese ojo ―aceptó Ingrid, admitiendo la habilidad del chico.

―¿Es cierto, niño? ―Le preguntó Roy―. Todos vamos a la academia, pero los hijos de los líderes no, ¿Qué clase de entrenamiento les dan? ―curioseó y todos enfocaron la mirada en Aris.

 Mirando al suelo esquivaba las miradas curiosas, pero muy en el fondo quería contarles, aunque estuviese parcialmente prohibido.

―Tenemos guillotinas en casa, papá nos corta las extremidades y las quema para cauterizarlas… Nos obliga a reconstruirnos rompiendo el tejido que ya cicatrizó ―resumió sin mirar a nadie a los ojos.

―Mierda… ―dijo Ingrid.

―Las quemaduras son lo más difícil de reconstruir ―agregó Rafa.

Hubo otro silencio incómodo y Roy saltó para animarlos colocándose en medio.

―Decidido, vas a jugar con nosotros ―estableció Roy, abrazando al niño con su brazo colocándolo por encima de su hombro.

―Roy, hay que explicarle las reglas. Deja que vaya Naty, ella quería ir primero ―habló Diego y recibió un beso corto en la mejilla por parte de Naty.

PARTE IV

Nary se acercĂł al borde de la maleza a pocos centĂ­metros de la carretera de Sanit Token.

―¿Qué vamos a apostar? ―preguntó Rafa antes de que Naty saliera.

―El viernes pasado fueron orejas ―recordó Roy―. ¿Qué tal lenguas? ―propuso asomando la suya.

―Yo quiero pezones ―expresó Rafa.

―Eres un gordo asqueroso, Rafa… No voy a darte mis pezones, pervertido. ―Ingrid levantó los labios repugnada.

―Rafa solo quiere ver tus piercings, hermana ―Diego se rió tocándose el pecho somo si tuviera senos.

―¿Todavía eres virgen, Rafa? ―Ingrid se burló levantando una ceja―. Si me das 50 euros te enseño mis tetas, pero hoy no me puse piercings. ―Se tocó un pezón para burlarse.

―¿Pueden dejar eso ya? ―Roy los calló irritado―. Serán lenguas, nada de pezones o partes íntimas, ya lo habíamos acordado antes ―dictaminó como si fuera el jefe―. ¿Está bien para ti, Naty? Eres la primera. ―Le preguntó.

―Yo también quería pezones ―dijo riéndose.

―Te puedo mostrar los míos cuando quieras, nena. Con todo y piercings, incluso el que tengo aquí abajo ―Ingrid también se rió señalando su entrepierna con el cuchillo.

―Uhh, eso lo quiero ver. Prometo no morderte. ―Le respondió con una pícara mirada.

―¿Podemos comenzar y dejar las tonterías? ―Roy comenzaba a irritarse de nuevo.

―Lenguas está bien ―aceptó Naty y sacó la lengua para humectarse los labios―. ¿Él también va a apostar? ―señaló a Aris.

―No, dejemos que vea la primera ronda y que decida si quiere jugar realmente o no ―planteó Diego.

Rafa se arrastró entre la maleza halando una mochila grande de dónde sacó un embace grueso de plástico pintado de negro.

―Muchachos, todas sus pertenencias aquí: teléfonos celulares, carteras e identificaciones ―ordenó Rafa y todos prosiguieron a guardar sus cosas dentro de la mochila.

Aris dudó un poco, pero siguiendo a los demás hizo lo mismo.

Rafa destapó el embace. Ingrid se levantó en cuclillas y giró el cuchillo en sus manos acercándose a Rafa.

―Te cortaré primero por pervertido ―dijo Ingrid, metiéndole los dedos en la boca a Rafa para sacarle la lengua.

Aris se puso nervioso y comenzó a sudar frío. Uno a uno, los chicos comenzaron a cortarse la lengua con el cuchillo para depositarlo en el embace de plástico.

Al cabo de unos minutos después de recuperarse, Roy se acercó a Aris para explicarle.

―Así es el juego, niño. Naty esperará a que un auto pase por la curva de Sanit Token, justo cuando llegue a este punto ―señaló la pista―. Naty se atravesará para que la atropellen. ―Se escuchó la risita de Naty en el fondo.

―Qué… ―Aris no tenía palabras.

―Apostaremos si el conductor se queda a ver el cuerpo de quién atropello o si se dará a la fuga, es sencillo. ―Roy terminaba de explicar.

―Los llamados: SV o SQ; «Se va» o «Se queda» ―agregó Diego.

―¿Por qué apuestan partes humanas? ―Fue lo único que se le ocurrió preguntar a Aris, su mente seguía perturbada con la información.

―¿Por qué no? Así es más divertido y más delicioso ―expresó Ingrid, tomando una de las lenguas del embace par lamerle la sangre.

―¡Hey, hey, hey! No toques la apuesta. ―Se quejó Roy.

―Es canibalismo, está prohibido. ―La cara de repulsión de Aris era todo un poema.

―La carne inmortal sabe muy deliciosa, ¿No lo sabías? Además, lo prohibido siempre es más excitante, Aris. ―Le respondió Diego.

―El incesto también es prohibido y yo me follo a Diego cada vez que me da la gana. ―Ingrid tomó a Diego de la cabeza y le mordió la oreja.

―¡Ah! Deja eso, hermana ―Diego se la quitó de encima.

―Qué asco… y dices que yo soy el pervertido ―mencionó Rafa, con una mueca grotesca.

―Es porque no los has visto hacerlo, es muy excitante ―agregó Naty, mordiéndose los labios.

―¿Es enserio? ¿Podemos comenzar de una vez? ―A Roy le molestaba cada vez que salían de un tema y desviaban la conversación.

Naty se apresuró caminando agachada al borde de la maleza junto a la vía. Diego se colocó detrás de Aris para terminar de explicarle los últimos detalles.

―Hacemos varias rondas, fíjate que el embace está divido en dos partes. ―Diego señaló la caja de plástico viendo las lenguas con sangre―. La derecha son los SQ y los de la izquierda los SV. Naty no apuesta porque ella será la víctima, ella tampoco sabe el contenido de cuantas lenguas hay en cada espacio, ¿Estás entendiendo? ―explicaba con rapidez.  

―Sí… ―aceptó tragando saliva.

―Naty se llevará las lenguas de quienes apostaron en su contra, osea, de lo que haga el conductor, si se va, o si se queda. Por ejemplo: si el conductor se va, Naty se lleva las lenguas del embace SQ. Si los demás acertamos lo que ocurre, osea, que el conductor se va, las lenguas simplemente se acumularán en el embace, en este caso en el de SV, ¿Comprendes? ―preguntaba para no abrumar al chico.

―¿Eso quiere decir que en cada ronda tenemos que arrancarnos otra lengua? ―Aris comenzó a sudar.

―¿Qué pasa, niño? ¿Ya tienes miedo? ―Ingrid se burló de él.

―Una lengua no es nada, Aris. Te la puedes arreglar. ―Diego le palmaba la espalda para calmarlo―. En fin, haremos varias rondas, al final quién tenga más aciertos se llevará la caja completa con toda la apuesta. Pero bueh, al final siempre terminamos compartiendo todo cuando cocinamos a la leña, esto es solo espíritu deportivo, ¿lo captas? ―preguntaba Diego, con esa sonrisa rara.

―Espíritu deportivo. ―Roy se burló de ese término―. Esto es todo menos un deporte, somos unos sádicos del dolor… ¡Shh! viene un auto ―levantó las manos para que todos se agacharan más entre la maleza.

PARTE V

Naty se encontraba alerta, había visto las luces del coche acercándose a la curva de Sanit Token.

―Bonito auto ―susurró Naty, justo antes de correr por la carretera.

Las luces amarillas iluminaron el cuerpo de la chica, haciendo un fuerte contraste dibujando la enorme sombra de Naty en el asfalto. El freno del coche no pudo anticipar el cuerpo frente al auto y sin siquiera darle una oportunidad al chofer para esquivar a la chica, la carrocerĂ­a impactĂł de lleno en Naty y la mandĂł volando por encima del capĂł, rodando por el techo del auto color plata y cayendo del otro lado, con un sonido pesado, muerto y aguado.

El auto se detuvo y carburĂł un poco.

―Yo aposté SQ, ¿Tú qué piensas? ―Le preguntó Roy a Aris.

―Tiene que revisar a Naty, es una chica… ―Aris trató de razonar.

―Naty es una rubia sexy, siempre bajan del auto para revisarla. Ella siempre tiene suerte con eso, también aposté SQ ―mencionó Ingrid, observando la escena.

Roy volviĂł a chistar para que guardaran silencio.

Naty estaba desplomada en el suelo, tenĂ­a las piernas destrozadas y las rodillas de forma invertida. HabĂ­a un rastro enorme de sangre desde el techo del auto, como si una brocha hubiese pintado el auto con una lĂ­nea roja mal hecha.

La puerta se abriĂł y se bajĂł un hombre mayor, un poco gordo y con muchas canas en lo poco que le quedaba de pelo en la cabeza y en la barba.

―Mierda, es un anciano… ―confirmó Roy.

―¿Qué tiene de malo? ―pregunto Aris.

―¿No te has preguntado que hacemos si alguien se queda a confirmar el cuerpo o si quieren llamar a una ambulancia? ―Diego le abrió esa incógnita.

―¿Los matan? ―Aris se horrorizó, llevándose una mano a la boca.

―¿Estás loco? No somos asesinos. ―Le respondió Rafa, asombrándose de la impresión que tenía el chico de ellos.

―Los asustamos, Aris. Les hacemos creer que somos fantasmas o algo así, lo que ellos quieran creer. ―Le explicó Diego, volviendo a calmarlo.

―Los ancianos son un problema grande, una vez hicimos que una señora se desmayara y tuvimos que llamar a una ambulancia. Fue un desastre ―relató Roy, preocupándose un poco por Naty.

El sujeto mayor se acercó al cuerpo de Naty, con la punta de su zapato le movió un hombro asegurándose que estuviese muerta.

―Es una jovencita… ―dijo el anciano en voz baja.

Comenzaron a temblarle las manos y a sudar a cántaros. De vuelta al coche trató de buscar su teléfono móvil.

―Vamos, Naty. No dejes que llame a nadie ―dijo Rafa en voz baja.

Aris escuchó atentamente, ―estaba nervioso―, cualquier detalle podría hacer que todo salieran mal, pero los chicos tenían experiencia en ese juego. Al mismo tiempo, tenía curiosidad, quería ver cómo Naty se zafaría de ese asunto.

Entre tanto el señor buscaba su teléfono en la guantera en medio de los asientos, escuchó una risita a sus espaldas. Asustado, giró asomándose entre los asientos a través de la ventana trasera, las luces de atrás no iluminaban nada en el asfalto, solo un charco de sangre.

El mismo susto hizo que el anciano cerrara la puerta del coche y su respiraciĂłn se agitĂł, ÂżDĂłnde estaba la chica?

El motor del carro seguía carburando y sonando. Aun así, prestando mucha atención y cuidado, el anciano escuchó unas pesadas pisadas muy lentas a su derecha. Una mano ensangrentada golpeó la ventana manchando el vidrio con una huella húmeda y roja. Naty se asomó con el rostro cubierto de sangre, ―cosa que improvisó, en la caída no se había golpeado tan fuerte la cabeza―. Pegó su lengua al vidrio desdibujando la mancha de su mano al lamerla, su cara demente le provocó un pánico tal al señor que inmediatamente se acomodó en el asiento de chofer.

―¡Llévame contigo! ―Le gritó Naty y el sujeto aceleró dejando la vía.

Los demás comenzaron a reírse. Roy y Diego ayudaron a Naty a caminar a la maleza para que recuperara sus piernas con más tranquilidad.

―¿Llévame contigo? Estás viendo demasiadas películas malas de terror. ―Ingrid se burló jocosamente y Naty se rió con ella.   

―Fue un SQ, ¿Cuántas lenguas gané? ―preguntó Naty.

―Solo te llevas una. Fui el único que apostó SV ―mencionó Rafa.

―Uhm, peor es nada ―dijo Naty, alzando los hombros.

―Con eso Naty acumula un punto para ganarse las lenguas que se acumularon por apostar SQ. ―Diego seguía explicándole a Aris.

Esperaron unos cuantos minutos a que Naty terminara de reconstruir sus piernas. Ingrid tuvo que ayudarla sosteniéndole las rodillas y enderezándole las piernas, se tardó unos veinte minutos.

―Yo seré el siguiente ―confirmó Roy―. Escuché una corneta a lo lejos, creo que es un camión. ―se emocionó.

―Uh, amigo. Eso te va a doler. ―Diego agitó las manos compadeciendo a Roy.

―¿Vas a apostar, niño? ―Le preguntó Ingrid a Aris, él solo negó moviendo la cabeza.

―Es su primera noche, no lo presiones, le gustará cuando llegue su turno. ―Diego le zarandeó la cabeza al niño.

Todos procedieron a cortarse nuevamente las lenguas y las depositaron en el embace.

Al doblar la esquina se asomó una potente luz blanca que iluminaba muchísimo. El enorme camión desaceleró para bajar por la curva y remontó para recuperar velocidad. Roy aprovechó ese instante para correr y atravesársele en medio de la vía.

El conductor ni siquiera se tomó la molestia en frenar o bajar la velocidad. Esta vez el cuerpo de Roy fue enterrado por las llantas mientras el camión le pasaba por encima. Roy se atascó un poco entre las ruedas y le desquebrajaron varios huesos. Cuando el vehículo terminó de pasar escupió el cadáver por la parte de atrás, el cuerpo cayó como si fuera un muñeco de trapo; destrozado por doquier y le faltaba la cabeza y un brazo.

―Eso fue demasiado… ―Aris se sorprendió tanto que retrocedió un poco.

―Qué fuerte. Eso le va a tomar mucho tiempo para recuperarse ―formuló Rafa.

El conductor parĂł de lleno, el motor seguĂ­a andando. El tipo no bajĂł del camiĂłn, se asomĂł por la ventana ajustando mejor su espejo retrovisor. Era un hombre fornido con una extensa barba roja y amarillenta que llevaba una gorra azul muy sucia y los brazos arremangados. Al no poder observar mejor el accidente, abriĂł la puerta y se guindĂł desde el marco para observar el cuerpo.

―Maldito imbécil… ―dijo en voz alta―. Su puta madre, le volé la cabeza ―agregó con una risa nerviosa.

De un portazo cerró la cabina y aceleró perdiéndose en el horizonte.

―Mierda, volví a perder ―suspiró Ingrid con enojo.

―Rafa, acompáñame. Roy no se va a reconstruir él solo. ―Diego haló a Rafa por su franela y salieron de la maleza.

Diego arrastrĂł el cuerpo liviano de Roy hasta la maleza y Rafa tardĂł unos minutos en encontrar la cabeza y el brazo.

Ingrid le sostuvo la cabeza a su compañero ajustándola al cuello y Rafa le acomodó el brazo para que comenzara la recuperación.

―No revelaremos las apuestas hasta que Roy vuelva a estar consciente, es una regla ―adicionó Diego, para aclararle las dudas a Aris.

Los tejidos musculares y la piel de Roy se fueron uniendo poco a poco, un sonido de crujido indicaba como sus huesos se iban reparando también. Al cabo de unos cuarenta minutos, Roy estaba completamente recuperado. Acostado en el suelo se estiró sonando sus huesos y vomitó un poco de sangre llena de coágulos gruesos.

―Mierda, eso fue intenso ―reaccionó Roy, riéndose de sí mismo―. ¿Cuál fue el resultado? ―preguntó.

―SV, el tipo de fue ―dijo Rafa.

―Excelente ―afirmó Roy con una sonrisa―. ¿Cuántas lenguas me gané? ―preguntó acercándose al plástico.

―Ingrid y yo apostados SQ, solo te llevas dos. Los SV de Rafa y Diego se acumulan ―explicó Naty, contando las lenguas del embace.

―Me parece bien, voy ganando con dos lenguas a mi favor. Eso quiere decir que tenemos cinco lenguas acumuladas en la caja. ―Roy aplaudió un poco llevándose la victoria por ahora.

Roy sacó una botella de agua mineral del bolso y se bebió todo el contenido, ―estaba sediento―, se veía que aquella reconstrucción lo había agotado mucho.

―Y bien… ¿Tú serás el siguiente? ―Roy señaló al niño, después de guardar la botella de plástico en su bolso.

PARTE VI

Aris se apretó los labios, era normal para un inmortal ver sangre en sus entrenamientos de reconstrucción de cuerpos, pero ciertamente esa era la primera vez que veía partes volando y verdaderos accidentes. El impacto visual no era el mismo y su corazón estaba acelerado. Pero, por otra parte, aquel instinto sádico y excitante de los inmortales sobre el dolor, lo atraía como si las manos esqueléticas de una entidad lo persuadieran y abrazaran para participar. Era normal que los inmortales disfrutaran el dolor, pero Aris nunca había llegado a sentir nada parecido a eso, él odiaba sus entrenamientos por lo estricto que era su padre, ¿Pero en un juego? Un juego en contra de la voluntad y reglas de su padre y los clanes, ¡Eso le llamaba la atención! Por más asustado que estuviese.

―Quiero hacerlo… quiero hacerlo ―dijo dos veces para convencerse a sí mismo.

―Repite las reglas. ―Ingrid le acercó el cuchillo al cuello.

―Elijo una de las dos opciones: SV o SQ ―tragó saliva al hablar―. Dejo que me atropellen, si la persona baja para ver como estoy y siento que va a llamar a alguien, lo asusto… ¿Eso es todo? ―El sudor se le acumulaba en la frente y la barbilla.

―Y no te preocupes si estás muy inconsciente como Roy. Nosotros nos encargamos de asustar a quién sea. ―Diego levantó el pulgar para darle más confianza.

Aris asintiĂł y se dio la vuelta para estar alerta del prĂłximo vehĂ­culo.

―Una cosa más ―quiso agregar Rafa―. Como no apostaste en las anteriores rondas, no sería justo que recibieras recompensa, será para la próxima vez ―intervino y los demás estuvieron de acuerdo.

El chico también aceptó y respiró profundamente esperando el siguiente coche.

Diego dibujo su característica sonrisa, su hermana Ingrid la captó con interés, sabía que su hermano estaba planeando algo. Y aunque fuese verdad, el plan de Diego no era una idea elaborada, sino más bien un detalle psicológico que había estado plantando en la mente de Aris desde el momento en el que había llegado. Diego lo envolvió en una tela de confianza tan cómoda y cándida para que se sintiera a gusto junto a ellos, tratándolo bien y explicándole el juego. Diego sabía que no había manera fácil de deshacerse de Aris y si lo hacían a golpes y de mal manera, era evidente que los delataría con su padre después de algún interrogatorio. El truco psicológico estaba en el “pero” de la situación; Aris quería participar, se sentía atraído por todo el contexto y el juego era demasiado peligroso y morboso incluso para un inmortal entrenado por los maestros como Baralt. Diego tenía la certeza que aquel choque que se avecinaba, traumaría de tal manera a Aris que no querría jugar más, ni saber de ellos en toda su vida y si por alguna razón tenía intenciones de delatarlo, ―cosa que veía muy poco probable―, simplemente todos lo delatarían a él diciendo que había participado muchísimas veces o hasta podrían decir que la idea había surgido de su cabeza debido a los extremos y crueles entrenamientos fuera de la academia. Era un plan perfecto, solo necesita el detonante para culminar y ese detonante se acerca doblando la esquina.

Nuevamente una luz dobló al bajar por la curva, el auto aceleró a toda velocidad. Aris cerró los ojos unos segundos, ―estaba sudando a cántaros y le temblaban las manos―, pero estaba decidido a participar, necesitaba saber qué se sentía transformar el dolor en placer.

Al salir de la maleza fue cegado por la intensa luz del automóvil, esa misma luz se volvió un destelló electrizante cuando todo se apagó en su cabeza al recibir un mortal golpe que lo envió volando al otro lado de la carreta y lo estrelló contra la ladera rocosa de la montaña. El auto derrapó dejando marcas en el asfalto y se detuvo a pocos metros del accidente. Olía a neumático desgastado y a sangre.

―Es la hora de la verdad ―mencionó Roy en voz baja.

―Que lástima, no se lesionó mucho… quería ver algún desprendimiento ―adicionó Naty, decepcionada.

―Shuu, veamos qué pasa ―dijo Diego.

Del auto salieron dos personas, un hombre alto de cabellera rubia muy larga que vestĂ­a con camiseta muy elegante. El otro tipo era un hombre de estatura promedio, calvo con una barba gris muy poblada, su contextura era fornida, era Ă©l quien iba al volante.

El del cabello largo caminó unos pasos hacia Aris, su caminar era elegante, posaba los brazos cruzándolos en su espalda.

―Parece que es un menor ―dijo el rubio, sin el más mínimo pudor.

El otro sujeto se agachó en la carretera y raspó la superficie tintándose los dedos con sangre.

―Esta curva es peligrosa, se ve que hay muchos accidentes aquí. Esta sangre no es de quien atropellé ―dijo observando su mano iluminada por las luces traseras de su auto, olisqueó un poco los dedos.

―¿Un animal? ―preguntó el rubio.

―Eso espero… ―El tipo sacó una pistola apuntando a la maleza y disparó varias veces.

Las balas traspasaron la vegetaciĂłn. Los chicos aguantaron la respiraciĂłn. Rafa estuvo a punto de gritar, pero Diego se abalanzĂł sobre Ă©l como lo hizo con Aris y le metiĂł los dedos en la boca para que no gritase, una de las balas le habĂ­a impactado en el estĂłmago y se estaba desangrando. Eso serĂ­a un problema, tendrĂ­an que abrirle el estĂłmago a Rafa para sacarle la bala.

―Estás exagerando, Tito. Todo salió bien esta noche, nadie nos persigue y mucho menos pienso que nos tendieran una trampa en medio de la nada ―razonaba el rubio.

―Tienes razón, Axel. Me aseguré que nadie saliera vivo de allí ―afirmó el otro tipo, guardando su arma.

―Hablando de vivos, revisa el cuerpo, ¿Es chico o chica? ―solicitó, acercándose un poco al cadáver de Aris.

El otro tipo corrió al auto y sacó una linterna para iluminar a Aris tendido al borde de la carretera del otro lado; era un pequeño espacio de tierra árida.

―Es un baroncito con cara de niña ―examinó el sujeto, tocándole las partes íntimas a Aris.

Los demás chicos observaban desde lejos, estaban preocupados, nunca habían liado con ese tipo de situación antes. Esos sujetos eran extraños y peligrosos.

―Se rompió las piernas y un par de costillas. Pero todavía está vivo, está caliente y tiene pulso ―aseguraba el tipo calvo, revisando la muñeca de Aris y tocando los orificios de la nariz para sentir la corta respiración.

―¿Qué hace un niño tan pequeño por aquí? ―se preguntó el rubio, mirando a su alrededor.

―Qué se yo. Seguro está huyendo de casa o algo así. Aunque con esta cara de niño malcriado no lo creo. ―Le apretó los cachetes para verle la cara―. Ah, también se rompió un poco la cabeza ―observó al ver la sangre en su nuca.

―No hay nadie por aquí. ―El rubio seguía observando la vía y los bordes de la carretera―. El chico es lindo y hace tiempo que no tengo un juguete tan bonito ―dijo repentinamente mirando a Aris―. Amárralo y mételo en la maletera del auto. Esta noche nos divertiremos con él, Tito. ―Y se rió de manera sádica.

Los chicos observaban anonadados, con la mente en blanco, no tenĂ­an ningĂşn protocolo para afrontar la situaciĂłn. Iban a llevarse al hijo del Maestro Baralt frente a sus ojos.

―Vas a tener que aplicarle algunas curas y suturas o se morirá como el chico anterior. ―Le recordaba el calvo amarrando a Aris, entretanto lo levantaba con suma facilidad―. ¿Cuándo fue la última vez que nos follamos a un chiquillo? ―preguntó rascándose la barba.

―Umm, Dani murió a mediados del año pasado ―trató de recordar.

―Murió. ―El calvo se echó a reír abriendo la maleta para meter a Aris―. Tú lo mataste al meterle esas sustancias raras por el culo. A ver si este nos dura más ―cerró la puerta con fuerza y ambos entraron al auto.

Unos segundos después el carro arrancó y se perdió de vista.

―¿Qué mierda fue eso? ―preguntó Roy, con el corazón acelerado.

―Maldición… ―dijo Ingrid, con las manos sudadas y soltó el cuchillo.

―¿Qué vamos a hacer? ―preguntó Naty, mirándolos a todos directamente a la cara.

―A mí me sacan la bala primero. Esta mierda duele mucho, no me gusta cómo se siente ―expresaba Rafa, sacándose los dedos de Diego de la boca.

―No me interesa tu puta bala, Rafa. Se llevaron al hijo del maes… ―Roy estaba hablando y fue interrumpido por Diego.

―¡No haremos nada! ―exclamó callándolos.

Hubo un silencio sepulcral, ni siquiera sus respiraciones sonaban.

―¿Estás loco? Nos meteremos en problemas ―expresó Naty, confundida.

―Estoy de acuerdo con Naty… No sé qué plan tenías en la cabeza, Diego. Pero nos meteremos en problemas si ese niño no aparece mañana ―aseguraba Ingrid, con el ceño fruncido.

―Nadie sabe que él vino aquí. Estoy seguro que sabía muy bien como escapar de casa, nadie en todos los clanes sabe que vino con nosotros. Y si de alguna manera alguien vio que huía, es imposible saber que vino a justamente a la curva de Sanit Token ―explicaba con cuidado.

―Tiene… sentido ―habló Roy, concordando con su compañero.

―Por lo que escuchamos, esos tipos no lo matarán. Van a usarlo como a una muñeca sexual y cuando se enteren de que Aris es un inmortal, le harán todo tipo de cosas para divertirse. Parecen cuidadosos, puedo asegurarles que ninguno de ellos dos revelará que tienen a un inmortal como juguete. Nadie sabrás más de ese niño. A partir de hoy Aris Baralt está muerto ―proclamó Diego, con la mirada muy seria.

―Vaya ―expresó Rafa aun con el dolor en su estómago―. Entonces sí hay maneras de morir para nosotros… ―Se miró las manos llenas de sangre y un escalofrío le recorrió la espalda.

Los demás sintieron la misma sensación fría y aterradora de Rafa.

―Diego tiene razón, el niño está muerto. No hay manera de rastrearlo, tenemos su identificación y su teléfono celular aquí. ―Roy señaló el morral con todas las cosas guardadas―. Bastará con romper el móvil y enterrar su carnet ―sacó las cosas colocándolas en el piso.

Ingrid de inmediato destrozó el teléfono con su cuchillo y las piezas se esparcieron por el suelo.

―No dejemos ninguna evidencia ―mencionó Diego―. Ingrid, sácale la bala a Rafa y termina de destrozar más el teléfono y el carnet de Aris, necesitamos pedazos muy pequeños ―explicaba Diego, reuniendo las piezas separadas del teléfono celular.

―¿No querrás que…? ―Naty se asqueó leyendo la idea de Diego.

―Nuestros estómagos son más fuertes y podemos digerir cualquier cosa. La idea de Diego es buena, nos comeremos toda la evidencia ―aceptó Roy, respirando con fuerza―. Creo que la noche terminará por hoy, chicos. Cómanos esto y nos quitaremos el mal sabor con las lenguas que quedan en el embace. ―Se peinó la cresta sobándose el entrecejo.

Al cabo de un rato, la bala estaba fuera del cuerpo de Rafa y él se recuperaba del destrozo que había hecho Ingrid tratando de extraer la bala. Ella se encontraba destrozando las partes del teléfono y el carnet, había hecho diminutas piezas y las acumulaba en una montañita.

―Supongo que no jugaremos en un buen tiempo. ―Naty suspiró juntando sus labios con una mueca infantil.

―Es lo más sensato, o por lo menos buscar otro sitio. Ya lo hablaremos después de comer ―reaccionó Roy.

―Yo solo quería que Aris se asustara tanto que no quisiera volver aquí o que no nos delatara. Pero el plan salió mucho mejor, esta es la mejor manera de deshacerse de un inmortal ―Diego se rió con una voz seca y su característica sonrisa sin expresión―. Esta va por ti, Aris. SV para Aris ―alzó un pedazo del teléfono en el aire y con los dedos lo metió hasta el fondo de su garganta para tragarlo.

―SV para Aris ―dijeron los demás tomando más pedazos del suelo para tragárselos.

FIN

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