Unala, el Libro del Cielo y la Montaña 📘⛰️

(Escrito por Augusto Andra en el año 2013)

En medio de una tormenta un gigantesco libro cae en la aldea de la pequeña isla de Unala. ¿Qué misterios habrá detrás de las páginas en blanco de este enorme libro? Nahir un joven de la aldea se dispone a investigar el misterioso objeto y decide subir a La Mangia, la montaña más grande de la isla y averiguar de dónde vino y quien creó ese libro caído del cielo.

ÍNDICE

PARTE I

Sopla el viento cual huracán desbocado, la tormenta se avecina anunciada por el canto de las centellas que iluminan el atardecer. Los habitantes de la isla Unala toman provisiones antes que la tormenta caiga en sus hogares: resguardan el ganado, cubren las cosechas secas, construyen conucos improvisados lo bastante fuertes para soportar un monzón.

La isla Unala tiene una particularidad, se ubica en medio del océano, ―cerca de la nada―, es completamente redonda y alberga una gigantesca montaña en forma de garra que los lugareños llaman: «La Mangia».

La Mangia es tan grande que dicen que roza el cielo y si llegas a su cima podrás tocar alguna de las dos lunas sin dificultad.

Las nubes se acumulan en el cielo de la isla, la Mangia toca los nubarrones tratando de espantarlas, pero los relámpagos retumban la tierra de la montaña haciéndola temblar junto a la pequeña isla en el mar. El proceso natural de la lluvia inicia, el agua cae como balas al suelo, primero pequeñas gotas al azar, luego aumentan su tamaño e intensidad.

¡La tempestad comienza! Y el peligro se desboca en la isla, una tormenta jamás vista.

El viento huracanado arremete contra las casas del pueblo de Unala. Repentinamente ocurre un suceso milagroso, un objeto gigante cae del cielo atravesando las salvajes nubes tormentosas; instantáneamente el objeto misterioso asesina a la tormenta de una puñalada. Al atravesar las nubes, estas se vuelven nada, desapareciendo la tempestad como por arte de magia, incluso el desbocado viento se marcha de Unala. 

Cayendo con velocidad y peso, el incomprensible objeto derrumba una casa, destrozándola por completo. La multitud sale de sus hogares para avistar el repentino milagro, además del estruendoso accidente.

Los unaleños se reúnen alrededor de la casa, por fortuna esta estructura se encontraba deshabitada y era utilizada como depósito, alojaba objetos innecesarios que pueden ser remplazados en cualquier momento. Las autoridades, jóvenes, ancianos, niños y demás lugareños abren sus bocas de asombro al detallar el gran objeto que todos vieron caer del cielo desde sus ventanas.

Un gigantesco libro negro se encontraba reposado encima de los restos de la casa unaleña. Parado y semiabierto, de color negro y de páginas blancas ensuciadas con tonos amarillos y marrones en los bordes. Todos se miran las caras preguntándose: ¿De dónde habrá salido tan inmenso libro? ¿Qué tendrá escrito? ¿Por qué es tan grande? ¿Lo habrán enviado los Dioses para salvarnos de la tormenta? Y millones de preguntas más.

Las autoridades del pueblo organizan una minuciosa investigación del libro del cielo. Es de unos diez metros de alto por unos ocho de largo, de cuero negro con textura muy áspera, hojas blancas sucias o más bien un poco quemadas en los bordes, dándole un aspecto arcaico; las hojas están cocidas entre sí, junto a la tapa de cuero con un hilo grueso como un mecate de color marrón oscuro muy parecido al cobre. Totalmente negro, no posee nombre, ni en la portada, ni en la contraportada, ni en el lomo. Goza todas las características de un libro normal, una pequeña solapa en la parte de adentro muy mal recortada, una hoja de guarda u hoja de respeto gruesa antes de las demás del mismo material; hojas totalmente en blanco y sin ninguna escritura o dibujos, incluso consta con una cinta de color negra que sirve como separador o marcapáginas.

PARTE II

Horas más tarde, los pueblerinos de Unala inician una celebración alrededor del libro del cielo, proclamado el salvador de la isla Unala al espantar la estruendosa tormenta.

Los mejores arquitectos diseñan y construyen una especie de altar alrededor del libro del cielo, anunciándolo como un regalo de los Dioses hacia el benévolo pueblo.

Comienza el festejo que adora el libro gigante. Las mujeres bailan sus danzas tradicionales unaleñas moviendo sus caderas y vientres al ritmo de los tambores y flautas, otros bailarines escupen fuego por sus bocas y hacen malabares con objetos peligrosos en llamas, músicos se adueñan de la fiesta demostrando sus más grandes habilidades musicales con instrumentos como guitarras, flautas, cuatros, timbales, charrascas, furrucos, y maracas.

Los cocineros preparan sus más exquisitos platos, desde carnes en salsa de fruta purpura con caramelos de ríos rayados, hasta el postre tradicional de Unala: pastel de cristales de azúcar provenientes de las cuevas de almíbar celeste; sopas de todos los sabores como susurros de chocolate blanco, piñas rojas con papas colibrí y yucas de palmeras con cocos dulces del desierto; combinaciones de jugos extraordinarios como tomates amarillos con mangos largos y escarcha carmesí, miel de arequipe con bananas gordas y el favorito del pueblo, uvas de ámbar con leche de flores vaca.

Artesanos crean máscaras coloridas con formas extravagantes que los pueblerinos se colocan para bailar y saltar, también idean figuras de papel que arrojan al cielo y al mar. 

La majestuosa celebración dura tres días completos sin descanso, hasta que de manera natural los unaleños vuelven a sus vidas cotidianas.

PARTE III

Un joven adolescente llamado Nahir se encuentra terriblemente atraído por una grandiosa curiosidad hacia el libro del cielo, tanto así que toma su propia iniciativa analizándolo con detalle, lamentablemente sin descubrir mucho de lo que ya sabía.

Nahir no se quedaría con los brazos cruzados y se le ocurrió una magnífica idea, haría una copia exacta del libro del cielo que pudiera llevar a todos lados. Innovando la copia quizá descubriría alguna cosa que las autoridades de Unala no hallaron.

Nahir comienza su búsqueda de materiales para efectuar la copia exacta del libro del cielo. El joven se introduce en el pantano para capturar un cocodrilo negro Guadula, junto a su amigo Mahar.

Nahir encuentra al poderoso cocodrilo, juntos los amigos construyen una trampa, trocos amarrados a los arboles con mecanismos sencillos de cuerdas para capturarlo. Nahir sirve de carnada y el cocodrilo se apresura a perseguirlo, Mahar corta la cuerda que sostiene los troncos y estos aplastan al cocodrilo negro Guadula. Mahar con su corpulento cuerpo se encarga de llevarlo al pueblo de Unala y Nahir con suma gratitud le ofrece un cupón para comida gratis en el restaurante de su tío, una recompensa aun mejor que el dinero.

En la carnicería más cercana Nahir pidió ayuda al carnicero para quitarle la piel al cocodrilo y poder preparar el cuero negro para crear las cubiertas de la copia. Le lleva dos días preparar la piel y limpiarla por completo para recortarla de tal manera que pudiera cubrir las futuras hojas del libro. Mientras recortaba una de las partes del cuero, una abeja azul que zumbaba por los alrededores arremetió contra Nahir y pico su mano causando que recortara muy mal la solapa interior del cuero, afortunadamente resultando igual a la solapa original.

PARTE IV

A la mañana siguiente Nahir corta un pequeño árbol de zanahorias purpuras y lo lleva a la papelería de Unala para efectuar la creación del papel que formará parte de la copia.

 El dueño de la papelería al que todos llaman: «El Papelero Blanco», ―comúnmente conocido como Mudáh―, ayuda a Nahir a la preparación del papel que necesita. Cortan el árbol, pulen la superficie, vuelven a cortarlo en pedazos finos como filetes, colocan las tablas de madera cortadas en una piscina de leche de dragón búfalo y luego arrojan las babosas para que coman las tablas de madera remojadas en leche.

 Mudáh y Nahir se toman un descanso esperando que las babosas consuman todo y defequen la sustancia pastosa con la que harán el papel. Horas más tarde la sustancia pastosa está completa, la colocan en recipientes en forma de rectángulos y las introducen en un horno para poder cocinar, pasmar la pasta y así crear un buen papel blanco.

Transcurren algunas horas para la preparación del papel, pero Nahir no contó con que Mudáh se embriagase con un alcohol muy fuerte de cuerno de zorro blanco. Nahir despierta con urgencia a Mudáh, rápidamente saca el papel del horno, sufriendo algunas quemaduras en los bordes quedando un poco tostadas. El papel pudo sobrevivir y afortunadamente sus hojas quedan idénticas a las del libro del cielo.

PARTE V

Un niño del pueblo llamado Gudinah y su hermana Misikah se encargan de contar las hojas del libro, ―por supuesto pagados por Nahir―, prometiéndoles una suma de 20 Krokos a cada uno.

Gudinah y Misikah son conocidos como los niños más tremendos del pueblo de Unala, ambos compiten en: «¿Quién puede contar más rápido las hojas del libro del cielo?». Un juego que velozmente idearon, uno en la parte derecha y el otro en la izquierda; con suma velocidad los hermanos cuentas cada una de las hojas del gigantesco libro, rosando con sus dedos los bordes quemados de las hojas, se toman menos de un minuto en contarlas todas.

Nahir llega con la suma de dinero prometida para los niños, ambos hermanos repiten al mismo tiempo el número de hojas: ¡351 páginas!

Nahir acomoda la cantidad de hojas que necesita para realizar la copia exacta del libro del cielo, y cuenta una por una las hojas necesarias. El joven estudia la composición del libro original llegando a la conclusión del porqué de las páginas: el libro consta con una serie de hojas con los siguientes trabajos como: páginas preliminares, presentación, un índice, quizá un prólogo, una dedicatoria y agradecimientos, o eso pensó Nahir.

PARTE VI

Al día siguiente Nahir se dirige a las praderas de Unala. Toca la puerta de una granja y paga 300 Krokos para poder comprar una oveja de tres cabezas. Junto con el hijo del dueño de la granja que lleva por nombre Dunáh, eligen una de las mejores ovejas para afeitarla por completo.

Nahir solo necesita un poco de lana para crear el hilo que coserá a la copia del libro y otro pequeño pedazo de lana para desarrollar la pequeña cuerda que sirve de marcapáginas, pero desgraciadamente tuvo que comprar la oveja completa. Así que Nahir decide aprovechar la ocasión y mandar a hacer con el costurero un suéter de gran estilo.

Horas después Dunáh y Nahir terminan de afeitar a la oveja y de darle descanso eterno, Nahir lleva la lana al costurero y la carne a la carnicería más cercana del pueblo para venderla. Al día siguiente Nahir ya tiene el hilo y la cinta para su libro, el costurero le menciona que se tomará un día más para proporcionarle el suéter que Nahir tanto quiere.

PARTE VII

Cerca del rio de Unala se encontraba un pequeño desierto. Nahir emprende un pequeño viaje hacia al desierto para encontrar puercoespines de todos los colores.

Las agujas del puercoespín poseen tinta del mismo color del animal, Nahir solo necesita dos puercoespines, uno color marrón casi del color cobre para tintar el hilo que unirá las hojas del libro, y otro de color negro para tintar la cinta de marca hojas. 

Poder apresar a un puercoespín de todos los colores es muy difícil, se necesita utilizar un águila plateada de garras doradas para poder capturarlo. Nahir tiene que contratar a un entrenador de águilas para usar sus habilidades y obtener la tinta de los puercoespines.

Nigoh el entrenador llega a tiempo, este posee un bolso donde saca de adentro una serie de cintas largas de colores. Le pregunta a Nahir que color desea y rápidamente comienza la caza.

Nigoh amarra una cinta marrón en la pata de Sudanah la hermosa águila, ella emprende su vuelo cayendo en picada a toda velocidad, con sus afiladas garras doradas pudo capturar fácilmente a un puercoespín marrón. Sudanah lo lleva hacia su dueño colocándolo boca abajo clavándolo en el suelo para que no se mueva. Nahir con una botellita de vidrio retira algunas agujas del puercoespín y las exprime dentro de la botella sacando toda la tinta.

 La misma hazaña de Sudanah vuelve a repetirse de igual y audaz forma con un puercoespín negro, y Nahir se lleva a su casa sus dos botellas de tinta negra y marrón.

PARTE VIII

Con el cuero negro del cocodrilo Guadula se armaron las cubiertas, con la madera del árbol de zanahorias purpuras se elaboraron las hojas, con la lana de la oveja de tres cabezas se edificaron el hilo grueso y la cinta, y con la tinta de los puercoespines se entintaron el hilo y la cinta. En pocas horas Nahir completa a la perfección una copia totalmente exacta al libro del cielo.

Nahir se enorgullece tanto de su elaboración que les muestra su pequeño libro a todos en el pueblo de Unala.

Aunque un poco decepcionado de no descubrir nada, Nahir se encuentra sumamente feliz al edificar una copia tan perfecta.

Tapiroh el alcalde del pueblo se muestra interesado por el buen trabajo de Nahir y lo invita a su casa a una cena para así poder hablar del tema más conversado en Unala.

Esa misma noche en la cena, Tapiroh y Nahir tienen una interesante conversación sobre el libro del cielo, formulando preguntas que no se habían hecho: ¿El libro tiene alguna función es específico? ¿A quién pertenece el libro? ¿Quién lo creó? ¿Por qué está en blanco? ¿Qué se supone que escribirían en él? ¿Proviene en verdad del cielo? ¿Es de los Dioses?

Ninguno de los dos poseía las respuestas correctas a las incógnitas que se asomaban a la compleja conversación. Pero Tapiroh siendo un viejo muy sabio, postuló una teoría: quizá el libro del cielo provenía de lo más alto de la montaña, de: «La Mangia».

Nahir siendo el joven más audaz, valiente y aventurero del pueblo de Unala se interesó en la teoría. Tapiroh le propuso una nueva aventura, adentrarse a las misteriosas profundidades de La Mangia y descubrir si el libro del cielo provenía de tal misterioso lugar.

PARTE IX

Nahir toma una semana en preparar todo lo necesario para su viaje de mochilero a través de La Mangia.

El pueblo se reúne para despedir a Nahir con mucha felicidad y orgullo. El joven camina por el sendero hacia La Mangia con el corazón vibrando de emoción, Nahir representa al pueblo de Unala en la crónica que vivirá en los siguientes días.

El chico unaleño camina por el sendero principal de La Mangia, soportando el peso de su gran mochila. Nahir llega hasta el final del camino de piedra construido por sus antepasados y observa la inmensidad del misterioso camino inexplorado de la empinada cúspide de su aventura. 

Siente como le hierve la sangre de emoción y corre por el bosque de La Mangia esperando lo inesperado.

El bosque le presenta a Nahir una serie de sonidos sospechosos, hojas cayendo, ramas rompiéndose, un viento que canta con el rose de la vegetación, animales que hablan su propio idioma, vegetaciones inconcebibles, como una mezcla entre bosque y selva.

Nahir está nervioso, pero siendo un hombre de aventura toma su miedo como un reto a superar y trata de alejarse de los sonidos, corre colina arriba. Un pequeño monzón inicia, el bosque se ve más lúgubre, chambuqueado y húmedo, Nahir corre emocionado evadiendo sus miedos, la sonrisa cruza su cara mientras las gotas de lluvia recorren su camino, la emoción es tanta que lo ciega. Nahir se tropieza con un cumulo de fango en el suelo, su cuerpo da un giro y se golpea en la nuca con una roca nublando su vista en negro, dejándolo inconsciente.

PARTE X

La noche cae y Nahir logra despertarse, su visión sigue nublada y escucha una voz femenina que le habla, pero no la entiende, tampoco puede moverse, su cuerpo está pegado a una serie de hilos que inutilizan sus movimientos, solo sus dedos y cabeza pueden moverse, su ropa está pegada y no logra zafarse.

Todo es totalmente oscuro, la visibilidad es casi nula, solo pueden verse algunas luciérnagas, las hojas de los arboles tapan la poca luz que llega de las lunas.

La voz femenina sigue en el aire tornándose más entendible, Nahir se preocupa de nuevo, impulsa todas sus fuerzas para poder liberarse y con un grito de poder logra rasgar su ropa y liberarse un poco, pero la voz femenina lo detiene. 

―¡No te Muevas!

Nahir se detiene al instante, su corazón siente una mezcla de sensaciones, alivio y miedo. Desde la oscuridad comienza a distinguirse el torso de una increíblemente hermosa mujer; solo el torso es del tamaño del joven, la mujer tapa los labios de Nahir con su dedo índice señalándole que no hable.

La mujer retrocede y revisa la mochila de Nahir minuciosamente sin entender las curiosas cosas que el joven lleva consigo. El unaleño comenzó su análisis: ¿Por qué esta enorme mujer está en La Mangia? ¿Sera una tentación? ¿Por qué estoy atrapado?

Nahir llega a sus conclusiones, la mujer es una ermitaña, quizá una bruja que lo ha hipnotizado causándole una visión hermosa de su apariencia. La mujer arroja todo fuera de la mochila, los utensilios, la comida, la ropa, incluso el pequeño libro negro.

―No tienes comida aquí ―dijo la mujer.

Lo curioso es que ella no prestó ni la más mínima atención a las provisiones de comida de Nahir.

Es cuando el joven unaleño logra ver lo que realmente es la mujer. El cuerpo de la hermosa presencia se muestra completamente ante la poca visión del jovencito. Debajo de su torso, la mujer posee un cuerpo insectoide,  muy parecido al de una araña, con otro torso gordo rodeado de muchas patas gruesas y brillantes a la luz, patas largas a los costados, patas cortas con pinzas al frente, patas pequeñas en la espalda y por último un bulto grueso y regordete como un gáster, al igual que una araña u hormiga. La mujer le sonríe a Nahir diciéndole:

―¡Voy a comerte!

El joven comprende que está atrapado en una especie de telaraña.

Nahir astutamente comienza una conversación con la misteriosa mujer insecto, trata de convencerla de no comerlo.

La mujer se identifica como Magara, conocida en La Mangia como: «La dueña de la Noche».

Magara necesitaba comer, los insectos, aves y pequeños mamíferos que come no satisfacen su insaciable hambre, y que mejor que un joven hombre para satisfacer su gula. Nahir le indica que observe las cosas de su mochila, mostrándole una caja de huevos, el joven se ofrece a prepararle una deliciosa cena a cambio de su libertad, en el caso que Magara no le gustase la comida, podría hacer lo que quisiera con él.

Nahir saca sus utensilios de cocina, el joven recuerda las clases de cocina de su tío y audazmente le enseña a cocinar a Magara. Cómo encender una fogata y darles sabor a sus comidas; capturan una ratapato, la despellejan, la envaran, y la asan al fuego, agregándole especias. Pican una roca colocándola encima del fuego para freír unos huevos, cortan unos cocos de tierra y beben su dulce agua.

Magara se fascina con tal banquete, le agradece a Nahir con un beso y le ofrece dormir en su regazo para pasar la noche, y que otros animales peligrosos no lo atacaran. 

Nahir gustosamente acepta la invitación y pasa la noche con Magara.

PARTE XI

Al día siguiente, Nahir se marcha despidiéndose de la hermosa Magara. A varios metros de distancia Magara le advierte sobre algo, pero solo una palabra llega a los oídos del joven: «Vainilla».

La caminata sigue, a varias horas de su viaje Nahir se encuentra exhausto, se detiene a descansar y preparar comida.

Mientras cocina, escucha ruidos en el bosque y Nahir sostiene un cuchillo con su mano mostrándose alerta, escucha una risa de voz ronca que lo perturba un poco, así que come su desayuno rápido y se marcha a toda prisa.

De nuevo corre con velocidad, pero los pasos son lentos, el empinamiento de la montaña aumenta,  las pisadas se hacen más pesadas, el aire es más denso y cuesta respirar.

De repente el sonido en La Mangia desaparece, el viento se esfuma. Nahir solo escucha sus dos pisadas al caminar en el infinito e incomodo silencio, camina y camina, el sonido se torna más fuerte y crudo, las botas que choca con el suelo: ¡Crash, crash! Pie derecho y pie izquierdo.

Nahir no puede evitar contar los pasos que da, repentinamente escucha una tercera pisada, un tercer «Crash». Nahir duda de su oído, cree haber contado mal sus pisadas y comienza de nuevo, del mismo modo escucha la tercera pisada, ahora desde otro lado.

Nahir se detiene y observa a su alrededor, los mismos arboles inclinados en todos lados, algo nuevo, una clara neblina que baja de la montaña y una piedra grande en forma de pico, nada más.

Nahir retoma su caminata, el sonido vuelve a aparecer, esta vez no solo una tercera pisada si no una cuarta también, algo en dos patas lo está siguiendo, algo invisible, algo que solo está jugando con él. Antes saltaba ahora solo camina a su lado, Nahir se enfurece y corre con todas sus fuerzas, pero «Eso» es tan rápido como él o incluso más.

El esfuerzo en la caminata se vuelve intenso y difícil, a Nahir le falta el aire y su corazón late más fuerte, el joven unaleño disminuye sus pasos. Nahir gira sus ojos observando con detalle el ambiente, los mismos árboles, la misma tierra, incluso la misma roca en forma de pico, «¿Estoy caminando en círculos?» Pensó Nahir mientras ahora camina con cuidado fijándose en todo con más detalle.

PARTE XII

En el aire del ambiente logra escucharse una risa burlona, se distinguen unas palabras que detienen a Nahir al instante:

―El camino más largo, es el que siempre se repite, no podrás avanzar. ―Junto a una risa entre cortada.

La advertencia llega a oídos de Nahir como susurrado a su oído, el joven voltea su rostro y queda cara a cara con «Eso».

Un pequeño hombrecito cabezón, de piel roja y cuernos hacia atrás mira a Nahir fijamente con sus ojos saltones. El joven queda paralizado y la criatura desaparece como el humo, reapareciendo encima de la roca en forma de pico.

Vestido con un traje negro muy formal, la criatura se presenta a sí mismo como: «El Dendoh», el espíritu burlón de La Mangia.

Nahir había escuchado historias sobre un espíritu semejante que, en las noches de doble luna llena, aparecía en el pueblo de Unala para hacer travesuras.

―Desde esta roca hasta el tercer árbol de 32 hojas hacia debajo: es mi territorio. Una vez dentro no podrás salir a menos que… ―El Dendoh deja de hablar, sugiriendo una posible conversación con Nahir, pero el joven es astuto y no se dejó caer en la trampa.

Nahir se sienta en el suelo y revisa su libro del cielo sin prestarle atención a la presencia burlona. Como el viento rápido e inesperado, el Dendoh aparece al lado de Nahir susurrándole al oído con un tono de confusión.

―¿No quieres saber cómo escapar del territorio del Dendoh? ―Nahir se voltea al sentido contrario y le contesta que se quedará así hasta que amanezca, porque los malos espíritus no aparecen a la luz del día.

El Dendoh se sorprende, nunca se había topado con alguien que lo ignorara, así que tomó la iniciativa de contestar su propia pregunta.

―Para poder salir de aquí, tendrás que engañarme, y nadie en toda La Mangia, puede hacerlo. ―Nahir sonríe con una mueca de superioridad. El espíritu burlón había caído en su trampa, y si se trataba de solo engañarlo él tenía la capacidad de habla justa para engañar incluso a un espíritu travieso.

Así que Nahir quedó frente al Dendoh y le formula un acertijo: «Si un hombre tarda una hora en cavar un agujero, ¿Cuánto puede tardar el mismo hombre en cavar medio agujero?».

El Dendoh se retuerce de la risa burlándose de Nahir, lo señala con el dedo y se revuelca en el suelo riendo a carcajadas. Nahir se preocupa un poco, cree que tal vez el Dendoh sepa la respuesta de su acertijo.

―Eres tonto, humano. La respuesta es sencilla, si el hombre tarda una hora en hacer un agujero, para hacer solo la mitad, el hombre debe tardarse la mitad del tiempo. Por lo tanto, le toma media hora en cavar medio agujero, ¡A mí no me puedes engañar! ―explica riéndose.

Esta vez el que ríe es Nahir, mientras que el Dendoh sonríe confundido. Con sus manos Nahir cava un pequeño agujero y le pregunta a la criatura: «¿Cómo puedes cavar medio agujero?».

El Dendoh cava un agujero rápidamente, al terminar se asombra y queda en un pensamiento vago.

―Me engañaste… No puedo hacer un medio agujero, porque no existen, un agujero siempre será un agujero ―deduce.

Nahir se levanta y reclama su premio, el Dendoh aparece sentado en su hombro y le señala el camino correcto. Pero antes de que Nahir se marchara, el Dendoh realiza su última travesura y coloca una rama de vainilla en el bolsillo del pantalón de Nahir. El joven se marcha de la zona del Dendoh.

PARTE XIII

Mientras la noche cae, el joven sigue explorando en lo profundo del bosque. Decide tomar un descanso, montar su campamento y acostarse a dormir esperando la mañana.

A la medianoche, la calma de la brisa es interrumpida por unos ruidos, secos y cortantes. Nahir despierta de un salto descubriendo el peligro a su alrededor, el joven es rodeado por un grupo de grandes criaturas del tamaño de dos hombres, con corazas negras, brillantes y gruesas, una mezcla de hombres y escarabajos.

A Nahir le viene a la memoria a su amiga Magara, pero estas criaturas tienen un aire de peligro inminente, se paran en dos patas como los hombres y lucen igual que escarabajos gigantes con dos cuernos sobresaliendo de sus cabezas, ojos grandes amarillos y saltones.

Cautelosamente Nahir se mueve con cuidado sin ser visto por los gigantes escarabajos. Los hombres insectos no prestan atención a la insignificante existencia de Nahir, surcándole pensamientos curiosos en su mente. Tres de los hombres registran su mochila destrozándola y desbaratando todas sus cosas a excepción de la copia del libro.

Las criaturas siguen con su registro exhaustivo arrojando los objetos personales de Nahir por todo el bosque, el libro llega a sus pies, mientras que uno de los hombres se levanta erguido en sus dos patas y de un solo golpe tumba un árbol gritando:

―¡No está la rama dulce! ―Y levanta los brazos.  

―Pero podemos olerla ―dijo otro, observando a Nahir extrañado.

El joven revisa sus bolsillos buscando su cuchillo, pero su mano siente algo más dentro de sus pantalones. Atónito, Nahir saca una varita de vainilla, las criaturas levantan la cabeza, estimuladas por el olor de la vainilla, algunos cavan agujeros tratando de buscar el sabor que llenará ese vacío hambriento de dulce. Nahir nota la realidad, los hombres grandes son ciegos y se guían por su olfato, los del mejor olfato caminan hacia el unuleño identificándolo como un «Humano de Abajo». El peligro se huele en el aire y de una manera que lastimaría la nariz, produciendo estornudar posibles formas de morir.

―Tiene solo una rama dulce, no alcanza para todos ―habla uno de ellos decepcionándose.

Unos siguen el mensaje enojándose y comienzan a pelear entre ellos, otros hacen caso omiso y se concentran en obtener el sabor supremo que llegará a sus bocas.

Las manos de Nahir tiemblan de angustia justo después de escuchar las palabras de uno de los insectos.

―¿Por qué no lo abrimos en dos? Seguramente tiene más ramas dulces por dentro. ―Nahir utiliza su don del habla para conversar, se concentra en las palabras perfectas para colocarlas en su boca, y se dirige al más grande de los insectos.

Nahir conoce la inocente ignorancia de las criaturas de La Mangia, y les explica a los insectos como poder obtener más ramas dulces de vainilla para el resto de sus vidas. Todos voltean escuchando atentos las magnificas instrucciones de Nahir, que recuerda rápidamente su conversación con Magara enseñándole a cocinar. La última palabra que ella osó pronunciar fue para advertirle de estos hombres. 

Aquí aparece el otro don que posee Nahir, el poder de la enseñanza. Convencimiento y valentía se juntan, obteniendo una formula médica de sí mismo, que salvará su vida una vez más. Nahir coloca la rama de vainilla en la mano del insecto más grande, ahora el joven los conoce, son el pueblo de «Los Escandibajos».

El más grande se pregunta qué deberá hacer, Nahir les enseña a cultivar la vainilla y como cuidarla: «Al cabo de un mes obtendrán toda la que quieran», les dijo el joven unaleño, sin pensar que en el mismo instante en que siembran la semilla en el suelo, esta crecería como empujadas por el tiempo.

Los Escandibajos cortan más ramas y siembras más semillas en el bosque que crecen como jaladas desde hilos provenientes del cielo.

El pueblo de los Escandibajos agradece a Nahir y lo ayudan a subir por La Mangia en su más alta y empinada cúspide. Finalmente llegando a su culminación, una gigantesca pared de colores, hecha de miles de cilindros pegados unos encimas de otros.

Como escalando en una pared, Nahir se sostiene del caparazón de un escandibajo, el hombre se levanta en sus patas traseras sosteniendo a Nahir por su ropa y lo arroja con todas sus fuerzas por encima de la pared de colores. Nahir grita del susto, pues teme caer al principio del camino. Girando en el aire cruza la gran pared de colores observando una luz blanca que nubla todo el lugar con una calidez eterna. Nahir se hunde en la luz blanca, y toca el suelo de césped con suavidad colocado por una brisa tranquila.

PARTE XIV

Ahí mismo se encontraba la punta de La Mangia, esa que ni podía verse desde el pueblo de Unala. Su altura era tanta que se ocultaba en las nubes. La luz todavía se apodera del lugar, ―es difícil observar―, pero Nahir distingue una persona a lo lejos en la cúspide de la montaña y corre hacia allá.

Un ser translucido de color blanco vestido de toga flotaba en el aire meditando y Nahir muy educado lo saluda. Sentado de la misma forma, el misterioso ser, flota volteándose para ver al joven y su cara plana toma un gesto de enojo hacia el unaleño. Nahir identifica al sujeto, recuerda dibujos muy parecidos a ese ser, en los libros de historia de la isla de Unala. Es Pidroh el Dios del todo.

Carente de cabello, piel blanca y translucida, ojos totalmente amarillos y un temperamento enfurecido. El Dios de la montaña observa a Nahir con ira, y le comunica sus sentimientos al joven a través de su mente.

―Los humanos tienen prohibido pisar las tierras de los Dioses, el pecado humano ha corrompido la isla Unala y Pidroh piensa hacer algo al respecto ―dijo el Dios.

En un pestañar Pidroh reaparece frente a Nahir despojándolo de sus cosas. Un torbellino desenfrenado rodea la punta de La Mangia y los objetos personales de Nahir giran a su alrededor golpeándolo algunas veces.

Pidroh no habla directamente con Nahir, pero los pensamientos del Dios fluyen por todo su ser informándole de la ira de Dios y lo que hará a continuación.

Pidroh levitaba alrededor de Nahir corrompiendo los estados materiales de su ser, destruye su tiempo y espacio, convierte a Nahir en un pequeño niño y lo eleva en el aire. Nahir entiende el indescriptible poder de un Dios de Unala, el error que ha cometido al pisar las tierras sagradas ha desenfrenado una catástrofe inminente sobre la isla.

Pidroh es el comienzo de la vida, el final de los tiempos y viceversa, él es todo lo que se sabe y lo que se sabrá, él crea los hilos del tiempo y teje el destino con ellos. El creó el amor, los miedos, la vida, la muerte, la memoria, los sueños, las pesadillas y toda la historia. Conoce como distorsionar la realidad, la perspectiva, los sentidos, los modos, la gravedad, la química, la duración y su flujo, las formas, los elementos, la existencia y sus orígenes.

El todo poderoso mira directamente a los ojos del pequeño Nahir infundiéndole un miedo indescriptible. Los objetos siguen en el torbellino, en un intento de escapar Nahir logra atrapar la copia del libro del cielo.

Pidroh empuja con su mente a Nahir hacia el suelo, el golpe contra la roca transforma a Nahir en un anciano casi invalido, que se sostiene de la punta de la montaña para no caerse mientras está acostado encima de ella.

El Dios flota encima de La Mangia de nuevo creando poco a poco una devastadora tormenta. Los truenos y relámpagos se materializan encima del pueblo de Unala y Nahir comprende lo que ocurrirá.

Pidroh esta ofendió y pretende destruir la historia de Unala y volver a escribirla desde sus inicios. Nahir desde las alturas observa sollozando a su lugar de origen, desde su punto de vista, el pueblo de Unala se ve pequeño e insignificante, incluso podría agarrarlo con la mano. Si algo cayese desde La Mangia previsto de sus sentidos de perspectiva y tamaño, por lo menos destruiría una casa.

El anciano Nahir percibe y entiende lo que ve: los lugareños de Unala se preparan para la tormenta, toman provisiones antes que la tormenta caiga en sus hogares, resguardan el ganado, cubren las cosechas secas, construyen conucos improvisados lo bastante fuertes para soportar un monzón. Nahir ya había vivido eso antes, la historia se repite de una manera explícita y verdadera. Nahir sabe lo que tiene que hacer.

En lo más profundo de su memoria, Nahir recuerda una de las historias más populares del Dios Pidroh, el ser tan poderoso que ni el mismo sistema solar y el astro padre el Sol pueden debatir un duelo contra él, sin salir gravemente heridos. Pero solo una cosa puede pararlo, el poder de la buena justificación del amor. Solo el verdadero amor puede suspender su incontrolable poder e ira desbocada.

PARTE XV

Nahir había amado a muchas chicas, pero ninguna tanto para ser un amor tan verdadero como para erradicar el poder de Pidroh. El Dios presiona sus poderes en el cuerpo de Nahir distorsionando su perspectiva y su tiempo, su cuerpo cambia de anciano, a joven y de joven a niño en segundos consecutivamente.

Nahir sostiene con fuerza la copia del libro del cielo y fluye el sentimiento del verdadero amor, un amor formado de muchos sentimientos continuos a través de la verdad sobre la verdad.

El amor del conocimiento, el amor a la vida, el amor al saber, a la astucia, a la aventura. El amor que se siente al poder ayudar y divertirse como lo hizo en el pueblo de Unala al socorrer antes de la tormenta, al crear la copia del libro. El amor que sintió con sus nuevos conocidos, Magara, El Dendoh y los Escandibajos. Y por último, el amor hacia su pueblo y el que ellos sentían por él, ya que lo consideraban el hombre más valiente de la isla de Unala.

Pidroh sigue flotando en el espacio infinito del cielo, acumulando la energía eólica y eléctrica para la tormenta. Nahir junta su última voluntad en el esfuerzo de levantarse y con todas sus fuerzas arroja el libro del cielo a Pidroh.

El objeto choca con el imponente Dios del todo, iluminando el cielo con un resplandor victorioso y Nahir esboza su último deseo de amor. El amor que le tiene a tal preciada creación, su libro del cielo.

Pidroh desaparece del lugar en un destello resplandeciente que crea una gigantesca onda expansiva que empuja al libro hacia el pueblo de Unala.

El libro va atravesando las salvajes nubes tormentosas, instantáneamente el objeto misterioso asesina a la tormenta de una puñalada. Al atravesar las nubes, estas se vuelven nada, desapareciendo la tempestad como por arte de magia, incluso el desbocado viento se marcha de Unala. 

La distorsión de la perspectiva y forma que aplicó Pidroh en la montaña afectaron progresivamente al libro, justo como había dicho Nahir: si un objeto sin condición de perspectiva cayera desde La Mangia podría destruir una casa del pueblo. Y así fue, desde lo alto, el gigantesco libro va cayendo hacia el nuevo flujo del tiempo que Pidroh modificó desde las raíces, y desde arriba puede verse al curioso Nahir en una ventada en su casa, observando como el libro del cielo que el mismo creará, cae desde lo alto y destruye una casa en la isla de Unala.

FIN

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